Vivimos un tiempo de alta vibración, vivimos un tiempo en el que se ha abierto un camino para la ascensión. El conocimiento de uno mismo nos abre puertas para el cambio y la transformación de nuestras realidades. Es gratificante como terapeuta y vidente, sacar a las personas de sus infiernos particulares. La enfermedad, el egoísmo humano y este materialismo de exigencia extrema, donde todo tiene un valor económico. Donde las personas son cosas. Es como un dragón que se devora así mismo. Ya lo dijo Marx. Poetas como León Felipe nos hablan de esta rueda karmática. Que pena si este camino fuera de muchísimas leguas y siempre se repitieran los mismos pueblos, las mismas ventas; los mismos tiranos, las mismas cadenas. Regresar al pasado para aprender y no repetir lo mismo una y otra vez. Regresar para sanar por medio de técnicas visuales y herramientas útiles, para aumentar la percepción y obtener el conocimiento guardado en los registros ancestrales de nuestro hemisferio derecho.
Comprender nuestro presente y poder transformarlo. Dirigiendo los pasos de la vida en dirección al ser, la autorrealización. Nuestra alma viajera lleva muchas encarnaciones buscando la liberación. Y al fin y al cabo. El Dios de amor pulsante en nuestras vidas tiene un fiel empeño en la felicidad, no en el sufrimiento.
El egoísmo es una sombra en nuestra psique que se disuelve solo con amor. Coger las riendas de este potro y dominarlo, no es tan difícil. Los videntes son seres muy especiales que han alcanzado y desarrollado un don y la mayoría lo trae de otras vidas, algunos también lo han desarrollado en esta. Cuando digo especiales no es que sean diferentes al resto de las personas, todos tenemos esas capacidades, dormidas o despiertas en los recovecos desconocidos del cerebro humano.Pero despertar significa conocer. Conocerse es conocer a Dios. El creador de todo. Por que hijos somos del amor y la luz.

L Y S