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MILAGROS DE LA VIRGEN DESATANUDOS - INCREIBLES TESTIMONIOS DE GRACIAS RECIBIDAS

INTRODUCCIÓN

En la ciudad de Augsburgo, al sur de Alemania, una antigua iglesia apunta su cúpula al cielo. La portentonsa mole ornamentada es visible a kilómetros de distancia y parece imponer respeto a la moderna edificación urbana que la rodea, como si hiciese valer los derechos de su antigüedad y nobleza.

El visitante que traspasa los gigantescos pórticos de madera añeja de la entrada se siente invadido por el mareo espacial que provocan las sucesivas arcadas del techo, pobladas de ángeles etéreos y personajes bíblicos.

No es difícil percibir que la iglesia St. Peter am Perlach es un vestigio de otros tiempos, ella misma una incursión en la compleja y misteriosa Edad Media, pues su construcción data del año 1067. A la izquierda del altar mayor, rodeado de velas y sobre un altar de mármol rosado, un inmenso cuadro de la Virgen llama invariablemente la atención del peregrino, que percibe al instante la paz y la belleza que transmite la imagen.

Pero no se trata de una pintura cualquiera de la Virgen, es el cuadro original de Nuestra Señora de Knotenlöserin o la Virgen que Desata los Nudos, creado por un pintor de exquisita sensibilidad cuyo nombre Dios o la historia no han querido revelarnos.

La imagen muestra a María rodeada de ángeles el de su izquierda le alcanza una cinta enredada, plagada de nudos, que al pasar por sus manos se van desenredando. La cinta cae grácilmente a su derecha, siendo recibida por otro ángel intercesor. Sobre maría se el Espíritu Santo, que desciende sobre ella, y debajo puede verse a la antigua serpiente, vencida bajo sus pies. Por último, en la parte inferior de la pintura está representado el arcángel Rafael, acompañando a un hombre, libre ya del pecado original, para que llegue sin cargas al matrimonio.

Pero Nuestra Señora de los Desatanudos no nació de la fervorosa imaginación de un artista, sino de los relatos de San Ireneo, un cristiano que en siglo II la llamó de esta manera en sus escritos. Este hombre, al que la devoción popular convirtió en santo, se dirigía a la Virgen llamándola "María, la Virgen desatadora de todos los nudos". Y sabía muy bien a qué se refería. Él se encargó de divulgar la fe enla Santísima Virgen, porque sabía que Ella era la mejor intercesora para deshacer las ataduras que inmovilizan la vida de la humanidad. A Ella le pidió, a Ella honró, y sus súplicas le fueron recompensadas con creces, no sólo a él sino a todos por quienes Ireneo oraba.

Muchos años más tarde un pintor alemán decidió dar imagen a aquellas palabras, compenetrado con el sentimiento del escritor cristiano. Hacia el 1700 la pintura estuvo terminada, y desde entonces ocupa un ala de la iglesia de St. Peter am Perlach, despertando una fervorosa devoción mariana en miles de creyentes europeos, que encontraron en la imagen la fortaleza que necesitaban para superar sus dolores y problemas.

Poco a poco la fama de la obra anónima se fue extendiendo por el resto de Europa y finalmente llegó a nuestro continente.

La historia se repitió. Pareciera que la voluntad de la Virgen fuera que sus difusores queden en el anonimato. Un sacerdote trajo de Alemania a la Argentina varias estampas con la imagen del cuadro, y en su reverso una oración en su idioma original. Sin embargo, nadie recuerda hoy quién fue el sacerdote que distribuyó las estampas en distintos lugares de la Argentina, y quizás así deba ser.

La Virgen en la Argentina

Un día, tres feligreses que poseían estampas de la Virgen Desatanudos quisieron que la bella imagen estuviese a disposición de todos. Habían conversado sobre sus mutuos problemas y la enorme ayuda que habían recibido de la Virgen al orarle a la imagen de la estampa, ya impresa en sus mentes y corazones.

Los tres eran vecinos del barrio de Agronomía y, agradecidos y entusiasmados como estaban, fueron a hablar con el cura de la parroquia a la que asistían. El sacerdote era Rodolfo Arroyo y la parroquia la de San José del Talar, ubicada en la calle Navarro 1460.

Al principio, el padre Arroyo dudó, el proyecto era costoso. ¿Cómo afrontarían los gastos que significaban un altar nuevo y la reproducción de un cuadro de esa complejidad? Pero el sacerdote, contagiado por el fervor de los tres vecinos, les prometió que haría lo posible para recaudar los fondos y contactar a la gente necesaria.

La artista plastica argentina Ana Betta Verti fue la encargada de la difícil tarea de reproducir la antigua pintura. Luego, el arquitecto Greco y el ingeniero Di Tulio aportaron sus conocimientos para diseñar el altar.

Así, el 8 de diciembre de 1996, el día de la virgen, se habilitó la imagen del templo, y sus tres cultores originarios vieron realizado su sueño.

El padre Arroyo veía cómo los feligreses se postraban ante el cuadro, cautivados por su belleza, capaz de profundizar en cada uno de los fieles la fe mariana.

A medida que pasaban los meses, los fieles asifuos de la parroquia crecieron paulatinamente hasta colmar la capacidad de la parroquia y superarla. Un año después de colocado el cuadro de la Virgen, el número de feligreses llegó a ocho mil el 8 de diciembre y en 1998 esos ocho mil se convirtieron en setenta mil. Actualmente, todos los 8 de cada mes, miles de devotos forman filas desde la madrugada para llegar hasta la imagen de María.

El Cuadro de los Milagros

Los entendidos que estudiaron el cuadro coincidieron en señalar la abundancia de ideas que condensa el cuadro y su originalidad, pues no se trata de la típica pintura de "Madonna" o de la Madra con su Hijo.

El cuadro representa a María, la Inmaculada Concepción, quien está entre el cielo y la tierra como el nuevo comienzo, el gran signo de salvación. Desde la luminosidad de Dios baja el Espíritu Santo sobre Ella y la circunda de luz: "Tú eres la llena de gracia", es el mensaje. Por eso su cabeza está adornada con doce estrellas, dones de Dios. El Espíritu Santo es el Espíritu de la obediencia amorosa, que le enseña a Ella a implorar: "¡Padre, Abba! Hágase tu voluntad, yo soy la servidora del Señor"-

Su manto se mueve en medio de la plenitud del que da la vida: es la Esposa del espíritu Santo. Ella, que no ha sido tocada por la culpa original, se mantuvo también libre de la culpa personal. Entonces, con actitud segura pone el pie sobre la cabeza de la "serpiente antigua", que culebrea alrededor de la luna, como signo del odio humano. Ella vence al espíritu de la desobediencia, de rebelión, de tinieblas, el cual lanza gritos de furor.

Esta interpretación fue tomada de la obra "contra las doctrinas heréticas", de San Ireneo, obispo de Lyon y mártir muerto en el año 202 después de Cristo. Estas ideas fueron las que el anómimo pintor barroco quiso plasmar con el pincel, y si bien el cuadro aún no tiene trescientos años, ese pensamiento y la idea de contemplar así a María animó a los cristianos de todas las épocas, ideas que siempre llevaron a reflexionar sobre la cooperación de Nuestra Señora en la obra de redención llevada a cabo por su Hijo.

María, la rendentora de Eva

El Concilio Vaticano II, en su Constitucióbn sobre la Iglesia, revaloró el cuadro entronizado en St. Peter am Perlach. En el Concilio se estableció que "el Padre de la Misericordia quería que, antes de la Encarnación de su Hijo, la Mdre predestinada dijera su Sí acogedor, para que, así como una mujer contribuyó a la muerte, también fuese una mujer la que contribuyera a la vida (...) El nudo de la desobediencia de Eva está desatado por medio de la obediencia de María. La virgen Eva, llevada por su incredulidad, ató el nudo del pecado, y a este nudo lo desató María por medio de su fe".

Esto significa que, por nuestras acciones falsas, Dios aceptó como modo de reparación, compensación y satisfacción la obediencia de su Hijo, la de nuestra Madre María y también la obediencia de todos sus hijos. Nuestro Señor, en la plenitud del tiempo, "ha celebrado" el cruento sacrificio de la cruz, como el gran Desatador de nudos de la humanidad. María quedó junto a Jesús como Diaconisa de la salvación, como Desatadora de los nudos del pecado y la desgracia. Se trata del mismo "servicio". Ella lo cumplió ante todo durante el sacrificio de la cruz; nosotros lo llevamos a cabo durante cada celebración del sacrificio eucarístico, como María, a través de nuestra fe, esperanza y amor.

También contemplamos a María como Mediadora de todas las gracias.

Ella distribuye ahora los biens que una vez adquirió: por eso es Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores, Consoladora de los afligidos, Auxiliadora de los cristianos, Madre del buen consejo, Desatadora de todos los nudos.

Uno de los ángeles le alcanza una cinta con nudos grandes y pequeños, separados y amontonados. Esto es el pecado original con todas sus consecuencias, y que tan anudado está en nuestra vida: nudos en la vida personal, en la vida familiar, la vida del trabajo, la comunitaria y también la de los pueblos.

Estos nudos aumentan nuestra fragilidad humana y nos traicionan. A ellos sumamos nuevos nudos con nuestros pecados y malas obras. Debido a la resistencia que le oponemos, la gracia no puede fluir libremente a través de la cinta de nuestra vida. Pero la Servidora del Señor nos anima a la obediencia y la rectitud: con sus manos bondadosas va deshaciendo uno a uno nuestros nudos, para acercarnos a nuestra propia liberación y bienestar.

"¡Mira lo que Ella puede hacer en tu vida!"

Y así la cinta resbala -reflejando la luz de la misericordia y de la sanación- hacia el otro ángel de nuestro destino, el cual expresivamente la muestra a quien reza con amor y se siente escuchado, como diciendo: "¡Mira lo que Ella, a través de su intercesión, puede hacer en tu vida!". Los ángeles buenos nos conducen a la Reina del Cielo, nuestra Reina.

El desligue de un nudo determinado se muestra en la escena de abajo. En la semioscuridad va un pequeño grupo de viajeros en camino hacia una iglesia ubicada sobre una cima: se trata de un ángel, un hombre y un perro.

Aquí debemos atenernos a la interpretación del artista: el Arcángel Rafael conduce al joven Tobías hacia su futura esposa, Sara (Tob. 6:13). Este motivo, para muchos de los que rezan frente a la imagen, tien suma importancia: el alcance del amor. O bien, como lo dijo el poeta austríaco R.M. Rilke: "que un ser humano llegue a amar a otro: esa es quizá la más difícil de nuestras tareas; la prueba última, el trabajo para el cual todo otro trabajo es sólo una preparación".

Por la intercesión de María pueden encontrarse los futuros esposos, y reencontrarse en paz conyugal los que ya llevan tiempo de casados. ¡Cuántos nudos deberemos desatar hasta que sea regalada la concordia a nuestros corazones!.

El cuadro puede relacionarse también con el acontecer del año litúrgico de la Iglesia: "la gran fiesta de la Inmaculada concepción de la Virgen María, Madre de Dios", el principio de su vida llena de gracia. "El Día de la Dolorosa" en recuerdo de su nueva decisión de fe, que la lleva a estar junto a la Cruz de su Hijo. "La Fiesta de Asunción de María a los cielos", y su coronación como Reina y Patrona de los hombres. Así, cada fiesta mariana nos la muestra con una luz nueva. También, en este profundo y complejo cuadro, pueden descubrirse los quince Misterios del Rosario.

Son muchos los habitantes de Augsburgo que peregrinan hasta Ella, y le hacen una visita silenciosa para agradecerle y pedirle su intercesión.

Es válido citar aquí lo que un guía musulmán dijo, en Efeso, en el verano de 1965, mientras mostraba a los turistas la casa donde murió la Madre de Dios: "Cuando ustedes tienen alguna preocupación, entonces prenden una vela delante de la imagen de Santa María... y Ella los ayuda, hace que la luz de la vela se vuelva y los ilumine a ustedes".

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