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ADVERTENCIA PRELIMINAR
Los talismanes existen desde siempre. Su forma es lo único que ha venido evolucionando más o menos con el correr de los siglos, y aún esto ha ocurrido en escasas proporciones. La Ciencia Talismánica ha sido extraída de la más antigua TRADICIÓN ESOTÉRICA, que solo algunos «iniciados» se transmiten de generación en generación, a fin de conservar celosamente el secreto. Pero, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XIX, asistimos a una renovación del interés del público por esta ciencia, que permaneció tanto tiempo, e intencionadamente, en la sombra. Antiguos manuscritos han sido exhumados; viejas ediciones esotéricas que habían llegado a ser imposibles de conseguir están siendo reeditadas ahora y se ofrecen al gran público; algunos iniciados levantan parsimoniosamente una esquina del veto que cubre los secretos de su mundo; asistimos, incluso desde hace poco, al nacimiento de una prensa especializada en este campo.
Se investiga;
Se estudia;
Se interna comprender;.
Se quiere /SABER!
Por desgracia, el investigador consciente se halla en general desamparado y confuso frente a esta enorme masa de documentos que deberá clasificar, escoger y resumir, a fin de poder obtener una síntesis. Por esta razón, no he querido emprender el estudio profundo y sistemático de todas las fuentes a que me he visto obligado a acudir, para poder extraer la teoría que ahora me permito ofrecer. La amplitud de un estudio tal hubiera desanimado al lector, y no es esta la meta propuesta para la presente obra, que pretende ser útil a la gran mayoría. Sin embargo, quienes deseen profundizar en algunos de los elementos que han servido para la elaboración de este libro, podrán encontrar al final del mismo una bibliografía detallada que les permitirá ir mas lejos en su búsqueda. Mi único fin es llegar a demostrar que esa felicidad a la que tanto aspirdis es accesible a cada uno de vosotros. Tendré, pues, éxito? Estaré al menos contribuyendo a ello? Así lo espero. YVES GAEL
INTRODUCCIÓN
Aquellos que se contentan con habitar el valle, no reciben nada de la montaña. E. KRAMER (Caminos hacia el Poder.) Desde siempre, el hombre ha sido sensible a diversas creencias; algunas han evolucionado más o menos con el tiempo; otras han logrado permanecer intactas, a pesar de la evolución material, científica y espiritual de la raza humana. Pero sí los orígenes de dichas creencias son por lo general mal conocidos, se conocen en cambio muy bien sus motivaciones. El hombre ha sido siempre consciente de su pequeñez frente a la magnitud del Universo que le rodea, le aventaja y le anula. El hombre, ese minúsculo grano de arena, consciente de la fragilidad de su existencia siempre estremecida por los elementos y la naturaleza, ha experimentado sin cesar la necesidad de una protección. Al comienzo, la busco en el fuego, que, durante la noche, ahuyentaba las bestias salvajes; luego, en el uso inteligente de los mismos obstáculos naturales (corrientes de agua, grutas, rocas...), en seguida en los muros, armas, y finalmente por los progresos científicos que ponen ahora a su servicio, dentro de cierta medida, parte de las fuerzas de la naturaleza.
El hombre ha desconfiado siempre de ciertas coincidencias fortuitas, de las conjunciones de distintas circunstancias a las cuales atribuye al mismo tiempo una mayor o menor importancia psicológica y alguna idea de relación con su destino personal. Hoy en día, todos esos elementos constituyen aún una amalgama de supersticiones a la que el hombre moderno atribuye todavía cierta importancia. En nuestros días, cuantas personas pasan sin inquietarse por debajo de una escalera, o ven un gato negro atravesarse en su camino, sin turbar su pensamiento, o colocan deliberadamente su pan boca abajo, o abren un paraguas en el interior de su casa, o rompen un espejo sin pensar de inmediato en «siete años de mala suerte», etc. Todas estas antiguas creencias populares, que aún tienen vigencia en nuestra época, se han originado en hechos vividos, y en repetidas verificaciones y constataciones de toda índole.
Quién no ha oído hablar, hoy por hoy, de las «virtudes protectoras» que confiere una herradura de caballo, una pata de conejo o un trébol de cuatro hojas? Quién no ha visto, al leer ciertas publicaciones, los innumerables anuncios sobre talismanes y amuletos de buena suerte (sortijas, joyas, piedras milagrosas, estatuillas, etc.), de formas, precios y «virtudes» tan variados, que se hace difícil seleccionar aquel que se adapte mejor a su propio caso? Todos estos «objetos-milagro», acompañados por decenas de cartas de referencia de clientes satisfechos, se venden en cantidad (sin que los fabricantes cambien de actividad), y prueban, por el hecho mismo de su existencia, el inmenso interés que aún presta el hombre del siglo XX a la búsqueda de protección bajo cualquiera de sus formas. Quién puede acaso, en nuestros días, probar en forma concreta que todas esas creencias (antiguas y modernas), que todas las esperanzas confiadas en diversos objetos, no son más que vanas e inútiles ilusiones desprovistas de todo fundamento, o ver en ello la prueba de una cierta «debilidad de espíritu», como afirman ciertos espíritus que a sí mismos se llaman «fuertes»?
En todo tiempo y lugar, el hombre, en lucha constante por la supervivencia, ha experimentado la necesidad de remontarse hacia lo «sobrenatural», de poner su esperanza en algo que le desborda y que nunca ha logrado aprehender en forma tangible; en una palabra, ha necesitado CREER. Le ha faltado siempre un ala protectora bajo la cual poder refugiarse. La presente obra, basada en muchos trabajos ya publicados acerca del estudio de diversas tradiciones, en testimonios dignos de confianza y en la propia experiencia del autor, interna explicar como y por que un talismán puede ser una solución efectiva a todos nuestros problemas, y bajo que enfoque es preciso encarar la idea de lo «sobrenatural» que se encuentra contenida en todo amuleto, y, finalmente, la manera de confeccionar por sí mismo el propio talismán benéfico.
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