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CAPÍTULO I
El Maleficio consciente y el Maleficio inconsciente
El maleficio, embrujamiento o hechizo es el envenenamiento o tentativa de envenenamiento- del astral de un ser por el odio o rencor de otro. Hablar mal de un ausente, tratar de perjudicarle sin saberlo él, son maleficios verbales. Pensar que le ocurra alguna desgracia a un ser al que se cree ser demasiado feliz, es un maleficio mental. A todo esto se le puede denominar el maleficio inconsciente. Junto a éste existe el maleficio consciente, practicado por ignorantes o seres miserables que esperan sacar dinero del odio, que no saben la terrible responsabilidad en la que incurren y el mal que hacia ellos mismos se atraen. Viene a ser algo asi como el desgraciado que ama con locura a una mujer y la mata por celos, para evitar que pertenezca a otro, privándose él mismo del objeto de su amor y haciéndose condenar a largos meses de cárcel.Tal es la característica del maleficio: Tratar de sembrar alrededor de seres felices, la desgracia terrestre por medio del pensamiento o por la acción.
Siempre hemos pretendido que era muy difícil realizar en la tierra un verdadero maleficio sobre seres que viven más o menos normalmente su vida, puesto que en la tierra somos todos nosotros débiles y pecadores. He dicho ya que si el maleficio existiese hasta el punto en que se lo imaginan aquellos que obran en el mal, no habría en todo París un solo alguacil con vida. El ser humano, incluso cumpliendo funciones repelentes como las de verdugo, pocero de pozos muertos o alguacil, representa cierto papel que debe ser desempeñado por alguien, y este papel tiene sus guardianes invisibles, así como a la vez cada uno de los seres humanos tiene también sus guardianes que impiden las acciones nocivas ocultas. Aquel que practica el máximo bien, que sólo tiene, diariamente, los doce o catorce accesos de egoísmo compatibles con la vida humana normal, aquél que tiene confianza en el invisible y en su constante ayuda, no tiene nada que temer de los hechiceros ni del maleficio. Existen, sin embargo, muchos cerebros débiles, pecadores ciegos, reencarnados desventurados,
muchos individuos que han pensado más de una vez en querer mal a sus vecinos, si pudieran llevarlo a cabo, y que no lo han hecho solamente por la ignorancia que de los medios adecuados tienen. Todos ellos han abierto la puerta al fluido de odio, y pueden ser el objeto de acciones nocivas ocultas. Como sea que la justicia regular, iluminada por los médicos guardianes de la ciencia oficial, considera todo esto como perteneciente al campo de la alienación mental, y que ocho veces de cada diez la mujer sujeto o la mujer médium que percibe influencias ocultas está considerada como loca, los practicantes del maleficio están en excelentes condiciones y pueden ejercer su miserable industria con la parsimonia de un malhechor que posee un seguro refugio donde jamás los gendarmes podrán pillarle. Nos ha parecido pues muy útil estudiar en detalle, no ya los medios para llevar a cabo el maleficio, lo cual sería como sembrar sombras en la luz, sino el medio de defenderse contra el mismo. Este medio conlleva, para el ser humano, tres etapas:
Ia La puesta del mental en estado de limpieza o pureza;
2a El aumento de las fuerzas espirituales;
3a La dinamización de las fuerzas astrales que rodean a todo ser humano.
CAPÍTULO II
Higiene del mental
El nombré irradia a su alrededor ciertas fuerzas físicas tales como el calor, la electricidad; irradia además ciertas fuerzas psíquicas tales como las ondas vitales, generalmente conocidas bajo el nombre de "Magnetismo". Este hecho había sido enseñado tres mil años antes de Jesucristo, en Egipto, donde se ve figurar, la práctica del manejo de las fuerzas magnéticas, conocida bajo el nombre de "Sa" . El hombre, antes de irradiar a su alrededor cierta cantidad de fuerzas, las absorbe, -no hablamos ahora del lado fisiológico de la cuestión, muy conocido por los médicos, sino del lado o aspecto psíquico que estos últimos no conocen -todavía-. Así como un paisaje contemplado en estado de alegría o en estado de dolor y desespero, impresiona de modo muy diferente al espíritu, asimismo la irradiación de las fuerzas psíquicas y su absorción son diferentes, a tenor del estado mental del operador. Ocurre, por ejemplo, lo que en dos vasos uno de los cuales contiene veneno y el otro agua potable. Cualquier líquido añadido al veneno quedará envenenado, y todo líquido añadido al agua sana será potable.
Un individuo rencoroso, envidioso, apegado a las cosas terrenales y ahito de odio, es un generador de veneno psíquico; las fuerzas nocivas que cultiva están tanto en él como en las mismas fuerzas; y si se le quiere despojar de acciones psíquicas o de ideas de odio lanzadas contra él, será preciso ante todo limpiar o purificar el invisible de dicho ser, al igual que habría sido necesario limpiar el vaso conteniendo veneno, antes de poder servirse útilmente del mismo. Los pitagóricos practicaban la purificación mental mediante el silencio, acompañada de un régimen físico del que estaba cuidadosamente excluido el astral de los animales. En nuestros tiempos, hay que pedir a la persona que desea desembarazarse de malas ideas, o de malas influencias psíquicas, -sí dicha persona no fuera un enfermo cerebral- hay que pedirle que se abstenga cuidadosamente, por lo menos durante doce días, de hablar mal de los ausentes, de pensar en ideas de envidia, y de vigilar atentamente el extenso campo de sus pensamientos, del mismo modo que se vigila la leche puesta a hervir en el fuego. Ahí reside una higiene del mental que exigiría un estudio completamente especial, que solamente podemos indicar breve y rápidamente en estas páginas bastante elementales .
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