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Una Visión Poética de la Vida
Es curioso que mirando hacia atrás en la historia de la humanidad sea fácil comprobar que para saber de dónde viene la sociedad humana podríamos perfectamente prescindir de los historiadores pero jamás de los poetas. Imaginemos un hecho totalmente mágico: algún ser poderoso hace que, mediante un encantamiento, todo lo que haya sido escrito por los historiadores desde Herodoto hasta la actualidad desaparezca, tanto del mundo físico (no queda ni una copia de una sola línea de nadie) como de la memoria de todos los hombres vivos. ¿Qué habríamos perdido? Una suma de datos prácticos y medianamente ordenados acerca de determinadas costumbres y hechos históricos, medio perdidos entre infinidad de párrafos en los cuales se expresaban las infinitas opiniones políticas personales de todos esos historiadores que a lo largo de los siglos no han logrado ponerse, de acuerdo nunca, convirtiendo a la historia en una ciencia que consiste casi solamente en refutar lo que sostuvo el que vino antes que uno.
Perderíamos una información bastante práctica, por cierto. No vamos a negarlo. Pero, ¿sería una pérdida irreparable? De ninguna manera. Porque desde los comienzos de la cultura humana la mejor y más fiel fuente de información que tuvieron los hombres fue el trabajo de los poetas: desde los anónimos autores de los poemas sumerios, como Gilgamesh, pasando por la Biblia y llegando a los poetas y escritores contemporáneos. Lo que han hecho los historiadores no ha sido más que reescribir los hechos a partir de esa primera visión poética, la mayoría de las veces haciendo perder la frescura de un testimonio de primera mano dictado por la emoción. Cuando algo trascendental para la evolución del hombre sucede, generalmente ni los mismos protagonistas lo saben en un primer momento. Por eso es que nunca el historiador escribirá de primera mano.
Pero si lo hace el poeta, que gracias a conocer la maravilla del momento presente y estar siempre retratándolo se convierte a la vez, en el primer redactor de la historia humana. El relato de la evolución del alma humana no es tarea de historiadores, filósofos ni técnicos de ninguna clase. La historia del hombre es un asunto de poetas. Un científico puede intentar llegar lo más cerca posible de saber cuál fue la exacta y verdadera Fecha del nacimiento de Jesucristo, pero con ese dato nunca llegará mas profundo en términos espirituales de lo que llega el emocionado relato anónimo que se encuentra en cualquiera de los Evangelios. Existen una verdad científica y una verdad poética, que en la mayoría de los casos coinciden por que la primera salió del análisis y la recreación de la segunda. Pero cuando haya alguna discrepancia, no hay dudas de cuál es la verdad a elegir: la poesía es la que mejor nos informará acerca de todos los aspectos de la realidad humana, material y espiritual. La poesía es el verdadero mapa del hombre.
Los Ojos del Poeta
Todos somos poetas en algún aspecto, aunque, desgraciadamente, pocos tengan la capacidad de poder trasmitir su experiencia poética a un texto. ¿Qué es lo que hace poeta a alguien? ¿En qué consiste la sensibilidad de captar en forma poética los diferentes momentos de la vida? Pueden aventurarse muchas teorías, pero hay algo en lo que seguramente se puede coincidir: para el poeta, todo lo que sucede es nuevo. No hay nada que sea repetido, trillado, reiterativo, porque aún estas cosas son motivo de poesia. Cada vez que un poeta acaricia a una mujer, es la primera vez y asi escribirá sobre ese hecho. Cada vez que abandona o es abandonado por una mujer es la primera, y enseguida transformará el hecho en una canción. Si no viera las cosas de ese modo, no podría escribir sobre nada. Si no siguiera asombrándose una y otra vez de manera distinta con las mismas cosas a lo largo del tiempo, la poesía carecería de sentido. Los poetas son quienes descubren la maravilla irrepetible de cada momento del día, de cada uno de los infinitos días de la humanidad. Como dijo el poeta Ralph Waldo Emerson: Los días son dioses, pero nadie lo sospecha. Decíamos que todos somos poetas en algún aspecto, y es en el siguiente: quizá no todos podamos transcribir en palabras la maravilla de cada momento, pero todos podemos adiestrar nuestra mirada para que se convierta en una mirada poética, para ver cada instante como algo nuevo.
Contra el Hastío
Decíamos en un capítulo precedente que el hombre del tercer milenio es esencialmente un prisionero, y de ahí la necesidad de libertad para su alma y su espíritu. Una de las prisiones que nos agobian hoy en día es, sin lugar a dudas, el hastío. Dejando de lado las excepciones, la vida de la mayoría de las personas no se caracteriza por ser una permanente aventura. En todo caso se parece más a una serie interminable de repeticiones que van apagando el espíritu inexorablemente. Por ejemplo, la situación de todo lo que tiene que ver con el trabajo para ganarse la vida suele ser motivo de angustia para la mayoría de las personas. Son relativamente pocos los que tienen un trabajo que los llena espiritualmente. De hecho, la idea de trabajo se relaciona exclusivamente con una obligación de obtener el sustento y no con el placer. Así como sucede con el trabajo, pasa con muchos otros aspectos de la vida del común de las personas, y el resultado es que la mayoria, con el paso de los años, adquiere una visión de la vida más bien opaca, en la cual los momentos de sorpresa y maravilla son los menos.
Esto parte, por supuesto, de un determinado tipo de organización social y política. Pero no quiere decir que la única respuesta sea social o política. Como ya vimos, esa clase de utopías ha fracasado invariablemente. Porque en realidad hay una razón más profunda para que la forma en que nos organizamos como sociedad no nos satisfaga. La sociedad no es un ente autónomo que se impone sobre nuestra voluntad, sino que son los hombres quienes la han construido. Lo que significa que en gran medida es reflejo de la actitud de los hombres ante la vida. Cambiando esa actitud, cambiará en principio la relación personal de cada uno con su propia vida, y quizá con el paso del tiempo (esto es también una utopía) llegue a cambiar lo colectivo. Pero lo importante es lo individual. Si es tu alma la que padece el hastío de tu forma de vida, eres tú mismo quien puede solucionarlo. Para eso podemos aprender de aquella raza magnífica que fueron los celtas, quiénes, como ya dijimos, antes que filósofos, sacerdotes o guerreros fueron, fundamentalmente, poetas.
Hacia Una Visión Poética
No es tan difícil ver la vida con los ojos de un poeta, es decir, ver cada instante como algo nue vo. Y no es tan difícil porque, en realidad y sin darnos cuenta de ello, la mayoría de nosotros lo hacemos en muchas ocasiones. Empecemos a reparar en eso, y veremos que el camino ya está comenzado. Si bien por lo general estamos sumergidos en una vida gris, hay infinidad de situaciones en las que actuamos como verdaderos poetas. Digamos por ejemplo: hay pocas experiencias más maravillosas y nuevas que cuando dos personas hacen el amor por primera vez. Y por segunda y tercera, quizás hasta por vigesima vez. Es maravilloso, es el reino del descubrimiento permanente de lo más íntimo del otro. Ahora bien: si uno es, por ejemplo, una persona que tiene una vida sexual variada y cambia habitualmente de compañeros sexuales, ¿cuánta diferencia real hay entre cada una de esas experiencias? Las personas somos cultural, mental y físicamente bastante parecidas, ¿no es cierto? El resto consiste en empezar a trasladar esa visión poética a cada uno de los instantes de nuestra vida.
Un Saludable Capricho
Uno podría preguntarse qué significa en términos prácticos eso de plantearse ver todo como si fuera permanentemente nuevo. ¿Es algo así como un capricho? ¿De qué otra forma puedo ver como nuevo y sorprendente un hecho como, por ejemplo, lavar los platos después de comer? ¿Y qué beneficio puede traerme que me encapriche en decir "qué sorprendente, es como la primera vez que lavo los platos"? Usamos un ejemplo algo irónico a propósito, porque si habláramos del amor sería más facil coincidir en esto de mirarlo siempre con ojos nuevos, pero la visión poética de la vida debe realmente incluirlo todo, desde lavar los platos hasta alcanzar el amor de tu vida. Volviendo a las preguntas que nos planteamos. Ver de esa forma los hechos cotidianos de nuestra vida debe ser una decisión. En algún punto hasta caprichosa, sí: me empeño en ver todo de esa manera. No es una decisión en el sentido de "fruto del análisis", sino que, por el contrario, se trata de una decisión previa a los hechos de mi vida. Primero tomo la decisión de tener esa actitud, y a partir de allí la aplico a todo lo que me sucede. Esto está muy asociado a la actitud de los celtas, que tiene mucho más que ver con la acción que con el análisis previo. Es la diferencia entre el poeta y el historiador: uno actúa en caliente, y se mueve en el reino de la emoción; el otro, sentado en un aburrido cuarto de trabajo, analiza y clasifica los hechos que vivieron otros. ¿Cuál de estas dos actitudes te suena más interesante, cuál preferirías adoptar para tu propia vida?
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