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Los Tuatha de Danann y la Eterna Juventud
Los "Tuatha de Danann" son "las gentes de la a Dana", un mítico pueblo que está en el mismísimo origen del nacimiento de los celtas. En la saga irlandesa conocida como "El Ciclo de las Invasiones" se fecuentran diversos relatos acerca de los primitivos habitantes de las islas y la proveniencia de los mismos. Una de las versiones acerca de los orígenes de este pueblo cuenta que en épocas muy antiguas hubo una guerra entre los formoré y los nemeds, dos tribus que dominaban las Islas Británicas. Finalmente, en una feroz batalla en la isla de Tory vencieron los Übrmoré y mataron a todos los nemeds, menos a treinta que lograron abandonar Irlanda. Estos sobrevivientes se separaron en tres grupos. Uno de ellos, al mando, jefe Britan, se estableció en lo que más tarde se denominaría Gran Bretaña por el nombre de aquel jefe. El segundo grupo regresó a Irlanda y se instaló allí; se los conoce como los firbolg. Tiempo después, invadió Irlanda un grupo que se hacía llamar "gente de la diosa Dana".
Este grupo de los Tuatha de Danann tiene dos orígenes posibles. Según algunas versiones, se trataba del tercero de los grupos en que se habían dividido los sobrevivientes de los nemeds. Según otra versión, el origen de los Tuatha de Danann era divino: se cuenta que fueron depositados por una nube mágica al norte de la isla, más o menos en la región que hoy ocupa el condado de Connacht.
La Primera Batalla de Mag Tuiredh
En principio, los Tuatha de Danann propusieron a los firbolg dividirse el territorio irlandés. Éstos se negaron, y la primera batalla que enfrentó a ambos clanes tuvo lugar al noroeste de la isla, en lo que hoy es County Mayo, más precisamente en la llanura llamada Mag Tuiredh (Llanura de los Menhires).
En esta batalla, el rey de los Thuata, Nuada, perdió la mano izquierda en combate (por esta razón se lo conocería posteriormente como "Mano de Plata"). Pero esto no significa que las huestes firbolg, comandadas por su rey McErc, triunfaran. Por el contrario, las armas mágicas de los Tuatha de Danann (como por ejemplo el Caldero de la Resurrección de Dagda) decidieron rápidamente el combate a su favor. McErc murió en combate, y finalmente ambos bandos acordaron que los firbolg quedarían confinados a la región de Connacht, mientras los Tuatha de Danann se repartían el resto de Irlanda.
A pesar de haber sido quien los condujera a la victoria, Nuada Mano de Plata no pudo seguir reinando entre su gente, puesto que según las costumbres un hombre físicamente disminuido no podía ser rey. Por lo tanto, debió dejar la corona de Irlanda en manos de Bres el Hermoso, que era su hijo adoptivo. Los verdaderos padres de Bres habían sido Eliatha el Sabio, un ex rey del clan Formoré, y una mujer thuata llamada Eriu (de este nombre thuata proviene "EiZn, el nombre celta de Irlanda; más abajo se relata la génesis mítica del nombre).
La Idiotez de Bres el Hermoso
Bres fue un rey bastante torpe, y aprovechando eso su padre biológico, Eliatha, dio grandes poderes a los miembros de su clan Formoré. Las cosas llegaron a un punto tal que Nuada, finalmente, tuvo que hacerse con el poder y con el reino; ya no era un hombre disminuído, porque el médico mago (o dios, según otras versiones) Diancetch le había provisto de una mano de plata para reemplazar a la que le faltaba. Los formoré ya habían alcanzado gran poder e influencia, por lo que Nuada debió enfrentarse a un enemigo muy peligroso, y quizá no hubiera logrado a nada de no ser por la intervención de uno de los más famosos héroes míticos de Irlanda: Lugh "Samildá nach" (el que es maestro de todas las artes, de la guerra).
Lugh se preparó durante siete años para la guerra final contra los formoré. Durante ese tiempo se dedicó a conseguir todos los elementos mágicos que necesitó para su triunfo, los cuales le habían sido enviados por una druidesa llamada Biróg mucho tiempo antes. Estos elementos eran los siguientes: un asador mágico custodiado por las ninfas marinas de Tilichory, la isla sumergida, en el cual se podían asar sin necesidad de fuego animales inexistentes; siete cerdos pertenecientes a Asal, rey de la región de los Pilares de Oro, que podían ser matados y comidos cada noche y eran encontrados vivos a la mañana siguiente; una piel de marrano mágica que estaba en poder del rey de Persia, y que tenía la propiedad de curar cualquier herida por feroz o profunda que ésta fuera, con sólo extenderla sobre la piel; y tres manzanas del Jardín del Sol, que estaba custodiado por un grupo de malignos demonios del Averno. Mientras tanto, Nuada también procuró para los suyos otros elementos mágicos, que le fueron dados gracias a las artes de Diancecht y de otro mago llamado Goibnyu. Entre éstos estaba una fuente mágica cuyas aguas curaban las heridas y revivían a los muertos, pero espías enemigos la descubrieron y la llenaron de piedras maldecidas, inutilizándola.
La Segunda Batalla de Mag Tuiredh
Por fin llegó el momento de la gran batalla final, que se realizó también en Mag Tuiredh. Fue ésta la más cruenta y terrible batalla de que tenga memoria el alma celta. En ella murió el rey Nuada, pero el héroe Lugh con su honda mágica logra matar a Balor, el campeón enemigo. Después de grandes lances de crueldad, valentía y magia, por fin los formoré huyen derrotados, así como los gigantes cíclopes que estaban de su lado. Lugh es coronado rey de Irlanda, y comienza un tiempo de gloria para los Tuatha de Danann. Pero el tiempo de gloria de este clan llegaría a su fin unas generaciones después. Como se verá a continuación.
El Fin de los Thuata de Danann
Al morir el rey Thuata Neit, sus tres hijos comenzaron a disputarse el trono de Irlanda. Éstos se llamaban McCuill, casado con Banba, McCecht, casado con Fohla, y McGrené, esposo de Eriu. Las tres mujeres, para ayudar a sus respectivos esposos a acceder al trono, pidieron al druida Amergyn que diera a la isla el nombre de una de ellas. Después de muchas cavilaciones, finalmente el druida concedió tal honor a Eriu (y de ahí el nombre "Eire" para Irlanda). Al mismo tiempo, un guerrero llamado Ith, que había visto desde las torres de su castillo en el Golfo de Viscaya (España) las verdes costas de Irlanda y decidió ir a explorar aquella isla, llegó allí y se Btfesentó en medio de la disputa por el trono. En principio los tres aspirantes lo trataron bien, pero pronto las intrigas entre los tres les hicieron pensar a cada uno que Ith favorecería al otro, hasta que el visitante de las tierras de España murió asesinado por orden de uno de los hermanos.
Miled, nieto de Ith, al enterarse del crimen decidió vengar a su abuelo y se embarcó desde España hacia la tierra de los Tuatha de Danann. Desembarcó en los estuarios del Boyne, y desató una guerra sin cuartel en la que finalmente murieron los tres thuata aspirantes al trono y también sus tres esposas, además todos los guerreros y la mayoría de los Tuatha de Mftnann. Miled tomó posesión de la isla, y en ella reinó y también sus hijos y los hijos de sus hijos. Pero los últimos Tuatha de Danann no desaparecieron, sino que gracias a sus artes mágicas se mudaron al mundo de lo invisible al cual los humanos no pueden acceder. Desde aquellos días, Irlanda quedó separada en dos niveles: el terrenal, regido por los descendientes de Miled, y el espiritual, dominado por los Tuatha de Danann.
La Tierra de la Eterna Juventud y otros Reinos Invisibles
¿Pero dónde están exactamente los Tuatha de Danann? La mayoría de ellos se refugiaron en Tir na n'Óg", la Tierra de la Eterna Juventud. En este lugar, ubicado vagamente por sobre el océano Atlántico, no existe el tiempo, la gente es eternamente joven y bella, despreocupada, sana, y felíz. Sus habitantes pasan la eternidad divirtiéndose con grandes banquetes, tremendos combates guerreros simulados para goce de los guerreros, e interminables sesiones de amor carnal y placeres varios. Hay, por cierto, algunos Tuatha de Danann que no fueron a Tir na n'Óg. Eligieron como su morada para la eternidad unos palacios magníficos, ubicados en lugares aéreos o marinos inaccesibles a los seres humanos, los cuales apenas pueden, a veces, percibirlos como sepulcros ancestrales. Por habitar en estos palacios celestiales a estos thuata se los llama "Aedh Sidhe", definición que se aplica también en general al mundo invisible de las hadas y los seres mágicos.
Baila en el Círculo de la Amistad
Para recorrer ese círculo que te alejará en busca de lo que Finalmente descubrirás que ya estaba en lo profundo de tí, es bueno reconciliarse con la idea de "círculo". Hemos hablado acerca de que uno de los más grandes conflictos de la vida contemporánea es ese hastío de vivir una existencia repetitiva, sin saber ver la novedad de cada momento. Una vida repetitiva da la idea de estar presos de un círculo. De hecho, cuando uno repite actitudes que ya han fracasado anteriormente se habla de estar en un "círculo vicioso". Pues bien, para salir de los círculos viciosos hay que entrar en los círculos vitales, aquellos en dónde, justamente, "circula" y fluye la armónica relación entre los grandes amigos eternos: humano-divino, interior-exterior, etcétera.
Los celtas sentían especial predilección por la idea del círculo. Porque un círculo es algo que se cierra, sí, pero también algo que se recicla, que no tiene fin ni principio, que simplemente fluye de manera eterna. No en vano el círculo es un símbolo antiguo y muy poderoso para tantísimas culturas. Además, las cosas más trascendentales del universo son círculos: la Tierra, el Sol, el tiempo mismo con su rueda de días y noches. Y también la vida de la persona. Baila en el círculo de las amistades profundas y esenciales del universo, y en ese fluir estarás entrando en armonía con tu alma. Para ser su mejor amigo. Para ser tu mejor amigo.
Practica la Amistad Contigo Mismo
Hay cosas elementales en las cuales, sin embargo, no solemos pensar. Hay también ideas que al ser expresadas suenan en principio como livianas, incluso como tonterías, pero en cuanto reparamos un momento en ellas descubrimos que eso tan elemental y casi tonto es un problema de la mayor profundidad. De todos los rostros que una persona conoce y con los cuales convive día a día, ¿cuál es el que ve menos a menudo? Sí, la obvia respuesta es: el propio. Así es, tu propio rostro es el que menos oportunidades tienes de contemplar. De hecho, tus encuentros "cara a cara" contigo se reducen al momento de lavarte los dientes, peinarte o lavarte la cara y alguna otra circunstancia casual. "Está bien", dirás, "¿y qué tiene eso de tan importante? ¿Acaso debo ser un narcicista redomado y estar todo el santo día con un espejo delante de mi cara?" No, ésa no es la idea, claro que no. Pero volvamos a esas ideas que suenan casi tontas: ¿cuál es la manera mejor de conocer a una persona? Puedes hablar con alguien de cosas íntimas y profundas en largas conversaciones nocturnas, o discutir a lo largo de los años con alguien acerca de las diferentes visiones de la vida... pero si eres un buen lector, también te bastará verle la cara para saber a qué atenerte.
El Rostro es la Autobiografía del Alma
En el rostro de una persona puedes aprenderlo todo acerca de ella. Tienes allí la mirada, el gesto de la comisura de los labios, el mapa de arrugas que las vivencias trazaron allí, la forma de desplegarse la sonrisa o el rictus de la angustia... Lo tienes todo, y a la vista. Ahora bien, ¿qué hay con tu propio rostro? También se lo pasa dando información a los demás acerca de ti... ventaja que no aprovechas para ti mismo. ¿Cuántas veces alguien te dijo ante determinada circunstancia "¡Pero mira la cara que tienes!" o "¡No me pongas esa cara!"? Todas esas expresiones que tanto dicen de los sentimientos y las alternativas de tu alma, tú te las pierdes. Y es cierto que no se puede andar con un espejo adelante todo el tiempo. Pero eso no significa que uno no deba tratar de sacar algún provecho de ese libro abierto al alma que es el rostro. Propónete un ejercicio. Diario. Un ejercicio simple pero profundo, ya que la simpleza es una secreta complejidad. Mírate.
Sí, en eso consiste todo el ejercicio. ¿Alguna vez te quedaste mirando tu propio rostro durante más de 5 minutos? Seguramente no. Sin embargo, si lo haces comenzarás a descubrir cosas asombrosas. Por empezar, te familiarizarás con algo que refleja tu esencia más íntima y sin embargo no conoces, o al menos lo conoces mucho menos que cualquier persona que viva contigo. Sólo cinco minutos. En silencio absoluto, en la mayor intimidad que puedas procurarte. Si es posible, en un ambiente más bien oscuro. Y mejor aún: iluminado por una vela. Las velas han sido siempre parte fundamental de los ritos religiosos desde la antigüedad, y no sólo por la obvia razón de que los antiguos no conocían la electricidad. Si sólo se tratara de iluminación, a partir de la electricidad habrían desaparecido las velas de todo culto. Y no fue así, para nada. Lo que sucede es que la luz de las velas invita a una actitud respetuosa e íntima para acercarse a los mundos interiores. La luz de una vela no arrasa con todos los matices de la oscuridad como sucede con la luz eléctrica, sino que permite la danza de las penumbras y los colores fluctuando de lo visible a lo invisible. Tómate esos cinco minutos. Mira tu rostro. Penetra en él, penetra en tí mismo. Como en cualquier práctica de cualquier clase, las primeras veces no olvida de un pueblo de magos y poetas
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