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Cómo Eligió Finn a su Esposa
Este gran jefe tuvo en su tiempo más de una dueña de su corazón; pero como no parece haber existido poligamia en tiempos de los celtas, cabe suponer que no se casó con alguna de ellas en vida de otra. En los primeros tiempos de su fama, Finn fue objeto de la censura general por permitirse las libertades propias de la vida del célibe. De modo que la opinión lo obligó a cambiar de estado civil. Pero aquí surgió una dificultad. Sólo podía emparentarse con la familia de un rey o de un jefe; por lo tanto, se ganaría la mala voluntad de muchos otros. Pero Finn se mostraba a la altura de las circunstancias. Hizo saber que, ya que su objeto al elegir esposa era la mayor gloria de los fianna, pues deseaba ser padre de valientes y vigorosos héroes, se ubicaría determinado día en una alta colina del Munster.
Invitaba respetuosamente a todas las damas que deseaban ser madres de héroes a situarse al pie de la mencionada colina y a emprender, ante una señal dada, la carrera hacia la cumbre, donde él estaría pronto a recibir, con los brazos y el corazón abiertos, a la bella competidora de robusta constitución y veloces miembros que fuese la primera en bendecirlo con su presencia. La invitación no fue desdeñada. Muchas hermosas y dinámicas damas se lanzaron impetuosamente por entre rocas, hierbas y brezos, al ver la señal, y, de acuerdo con las crónicas sobre lo ocurrido. Grainne, hija del rey Cormac, aventajó a sus rivales. Como las nupcias de Finn y de Grainne son narradas en forma distinta en uno de los mejores romances ossiánicos, nos inclinamos a creer que la predecesora de Grainne, la rubia y veloz Maghneiss, fue quien obtuvo la victoria ese día. Sea como fuere, la colina se llamó desde entonces Silabh na Bhan Fionn (La colina de las mujeres hermosas). Lady Maghneiss murió a su debido tiempo, y Finn obtuvo la mano de la hija del rey Cormac. Esta boda fue infortunada por ambas partes. El día de las nupcias, Grainne comprometió a Diarmuid por geasa a raptarla, y la fuga y la persecución forman el tema del tercer tomo de las "Memorias ossiánicas".
La Persecución de Diarmuid y Grainne
Diarmuid, desgraciadamente, estaba dotado de un "ball seirce" (lunar) en el hombro y Grainne, al verlo mientras estaba sentada junto a la ventana de su solario y él jugaba al coman (hockey), se enamoró de Diarmuid sin poder remediarlo, como le sucediera a la desventurada Fedra con su hijastro Hipólito. Al comprometerlo Grainne al raptarla, Diarmuid la obedeció con gran dolor. Aquello significaba agraviar profundamente a su jefe, pero no se podía pensar el negarse al mandato de una dama. La persecución, en la que les pisaron los talones, y la forma milagrosa en que se salvaron muchas veces de ser atrapados, fueron tales como cabía esperarlo; pero los guerreros hermanos de Diarmuid, Osín, Oscur, Caeilte el veloz, MacLuacha, Fergus el poeta, y los demás, llevaron a la práctica las vengativas intentonas de Finn en una forma muy desagradable para su airado jefe. Les dieron a los fugitivos todas las oportunidades posibles de huir, porque sabían perfectamente cuan reacio se había mostrado Diarmuid a aquel rapto al principio.
Los campesinos señalan aún los sitios en que se detuvieron Diarmuid y Grainne para descansar, marcados con piedras verticales y que se llaman aún "Lechos de Diarmuid y Grainne". En cuanto a la fortuna cómo acogió el héroe a los ayudantes de Finn, he aquí una muestra tomada de las "Memorias ossiánicas". "Se acercó a los guerreros y comenzó a matarlos heroicamente y con ágil valor. Pasó por debajo de ellos, por sobre ellos, como un halcón por entre pájaros pequeños, o un lobo por entre una majada de débiles ovejas. Diarmuid atravesó de parte a parte la centellante y muy hermosa malla de los hombres de Lochlann, de modo que no se fue de allí un solo hombre para dar noticias de lo ocurrido, ya que afligió a todos la crueldad de la muerte." Finn se vio obligado finalmente a hacer la paz; y, en cierta oportunidad, él y Diarmuid fueron de caza a Ben Gulban de Sligo en compañía de otros. Un joven muerto años antes por Donn, el padre de Diarmuid, había sido transformado en el momento de morir en jabalí druídico y señalado para matar algún día futuro al hijo de su matador, pero, al propio tiempo, Diarmuid había sido puesto en guardia a fin de que no diera caza al mágico animal. Cuando él y Finn estaban conversando, el jabalí predestinado embistió como un rayo colina arriba.
Diarmuid sólo disponía en ese momento de una espada de inferior calidad, pero con ella le asestó a la bestia un poderoso golpe que partió en dos el mal templado bronce: y al resbalar Diarmuid, la bestia le desgarró el costado con su colmillo. Cuando el encantado animal volvió a la carga precipitándose colina abajo, Diarmuid le destrozó el cráneo con un fuerte golpe de la empuñadura de su traidora espada. A todo esto, la vida comenzaba a escapársele a Diarmuid a borbotones, pero Finn podía salvarlo trayéndole, de un manantial cercano, un trago de agua en cerrado en el hueco de sus palmas juntas. Oscur, Osín, Caeilte, Fergus y MacLuacha habían acudido presurosamente a aquel paraje e incitaron con empeño a Finn a que se diera prisa, pero él cumplió la tarea con tanta lentitud y desgano, que cuando el agua tocó los labios de Diarmuid, éste había muerto ya. Tres gritos de indignación brotaron de la boca de Oscur y los demás, y de no haber sido por sus compulsivos juramentos de fidelidad, habrían matado a su jefe de inmediato. En memoria del trágico suceso, a aquel sitio se lo llamó desde entonces el "Túmulo de la Empuñadura de la Espada". Los arqueólogos hallan semejanza entre esto y la leyenda de Venus, Adonis y el jabalí.
Finn, Víctima de la Magia
Finn, el hijo de Cumhaill, se había quedado cierto día solo mientras sus caballeros estaban entregados a la caza, y paseando llegó a una ancha y hermosa planicie que se extendía a lo largo de la playa. Allí vio a los doce hijos de Bawr Sculloge que jugaban al coman, y los golpes que le asestaban a la pelota eran maravillosos y corrían detrás de ella con mayor rapidez que el viento. Al acercarse Finn, los jugadores interrumpieron su juego y adelantándose lo aclamaron todos ellos como protector de los agraviados y defensor de la isla frente a los extranjeros blancos. Si quieres divertirte, Finn, hijo de Cumhailldijo el jefe del grupo, toma mi coman y doblega la vanidad de mis adversarios. No haré gran honor a vuestro partido con este juguete dijo Finn, tomando el coman entre el índice y el pulgar. No te preocupes por eso dijo el jefe de los jugadores. Y sacó del bolsillo un neanthog (ortiga), y murmurando sobre ella un hechizo y pasándola tres veces de una mano a otra, la ortiga se convirtió en una arma digna de la mano del hijo de Cumhaill.
Valía un año de vida el ver los golpes asestados por el jefe, como también el oír el tremendo ruido causado cuando el coman se encontraba con la pelota y la arrojaba hasta que se perdía de vista. Y allí estaba Cosh Lúa (pies ligeros) para perseguir al globo volador y traerlo de regreso. He aquí mi mano dijo el mayor de ellos, admirado. Es la primera vez que veo jugar hockey. El bando de Finn ganó el primer partido, y cuando estaban descansando para emprender el segundo, se acercó a la playa una barca, y un hombre saltó a tierra y se aproximó a ellos. ¡Salud, noble y valeroso jefe! dijo dirigiéndose a Finn. La reina de Sciana Breaca ("la joya jaspeada") te impone la "geasa" de venir a visitar la a su isla inmediatamente. Es perseguida por la poderosa hechicera Chluas Haistig ("oreja chata") y le han aconsejado que te pida ayuda. Quizás en vano dijo Finn. Gracias al don del salmón de la sabiduría, puedo ver lo que sucede en todos los sitios de la isla, pero no estoy provisto de talismanes contra la brujería. Que esto no sea un obstáculo para ti dijo Gruñe, el mayor de los Bawr Sculloge. Mis dos hermanos, Bechunach ("ladrón") y Cluas Guillin, y yo mismo, iremos contigo. No hemos nacido ayer.
Tomó dos ramas de avellano en la mano. Y cuando el grupo hubo llegado a la orilla, una de las ramas se convirtió en una barca y la otra en mástil. Gruñe se puso al timón. Uno de sus hermanos manejó el velamen, otro se encargó de achicar el agua, y así llegaron al puerto de la isla y allí el timonel amarró la barca a un poste. Visitaron a la reina y fueron tratados hospitalariamente, y después de un agasajo con las mejores viandas y licores, ella explicó sus apuros: Yo tenía dos hermosos niños, y cuando ambos contaban un año de edad se enfermaron y en la tercera noche se los llevó la perversa bruja Chluas Haistig. Mi hijo menor, que ahora cuenta con un año de edad, ha pasado ya dos noches enfermo. Esta noche, seguramente, la hechicera se lo llevará, a menos que tú y tus amigos lo impidan. Al llegar las tinieblas, Finn y los tres hermanos se instalaron en el aposento del niño enfermo. Gruñe y Bechunach jugaron ajedrez, Cluas Guillin vigiló y Finn se quedó tendido sobre una yacija. Sobre la mesa había vasijas llenas de vino español, hidromiel y cerveza danesa. Los dos jugadores estaban atentos a su juego, el centinela tenía los sentidos tensos con el esfuerzo, y un sueño druídico se apoderó del hijo de Cumhaill. En tres ocasiones hizo poderosos esfuerzos por mantenerse despierto; y las tres veces se sintió dominado por un gran cansancio. Los hermanos sonrieron ante esa derrota, pero lo dejaron reposar.
Pronto el niño comenzó a gemir. Los tres jóvenes hermanos se sintieron poseídos por una sensación de horror, y se vio descender por una abertura del techo, situada sobre la lumbre, un brazo largo, flaco y velludo. Aunque a Cluas Guillin le castañeteaban los dientes de terror, saltó hacia adelante, aferró la mano y la retuvo con firmeza. La poderosa bruja, que estaba tendida sobre el techo, realizó grandes esfuerzos por liberarse pero no pudo. Otro y otro más, y finalmente el brazo atravesó el cuerpo de Cluas. Se apoderó de éste un mortal desfallecimiento; los otros dos acudieron en su ayuda, y al volver Cluas en sí ya no vieron al niño ni al brazo. Los tres se miraron consternados, pero entonces Cluas exclamó: Gruñe, toma tus flechas; Bechunach, toma tu cuerda. Persigamos a esa maldita druidesa. A los pocos minutos, los tres estaban junto al poste de amarre y se alejaban en la barca con la velocidad de un viento huracanado, hasta que avistaron la torre encantada de la hechicera. Ésta parecía construida en fuertes barras de hierro verticales, cuyos espacios intermedios estaban revestidos de placas de hierro.
Una pálida llama azul se elevaba en torno de la torre, que giraba sin cesar. Apenas se hubo acercado la barca, Cluas empezó a musitar hechizos en verso y a levantar y bajar las manos con las palmas invertidas. Solicitó de los dioses que le enviaran un pesado sueño a la perversa moradora del lugar y detuvieran el movimiento de la torre. Los hechizos surtieron su efecto, y Bechunach tomó una escalera de cuerda y la arrojó con preciso y poderoso movimiento, enganchándola en la puntiaguda cúspide del empinado tejado circular, y luego subió por ella más rápido que el gato montés de los bosques. Al mirar por la abertura, Bechunach vio a la terrible mujer tendida en el suelo y abatida por el sueño mágico, y en el suelo la mancha de sangre que fluía aún de su hombro desgarrado, y los tres pequeños niños que lloraban, procurando que la sangre no tocara sus pies. Bajando al aposento, Bechunach los calmó y los bajó uno por uno hasta la barca por la escalera de cuerda.
Apenas la barca hubo emprendido veloz el camino de regreso, el poder de los hechizos comenzó a disiparse, la torre a girar de nuevo y sobre las olas se oyó el alarido de la bruja. Éste era tan terrible que si Cluas no hubiese cubierto las cabezas de los niños con una gruesa manta, sus almas hubieran abandonado sus cuerpos por el terror. Pudo verse que bajaba del edificio una oscura forma y no tardó en oírse el rumor de un remo de la barca en que la bruja los perseguía. Tiende la cuerda de tu arco, Gruñe dijo Cluas, y pon a salvo tu reputación. Agitó las manos y dijo sus encantamientos, y la luz que brotó de las yemas de sus dedos iluminó las tempestuosas olas oscuras y coronadas de espumas. La infernal mujer, con su barca, se estaba acercando con la rapidez del pensamiento, pero apenas la luz se hubo posado sobre su espantosa figura se oyó el vibrante sonido del arco de Gruñe y el rumor sordo de la flecha que se clavaba en su pecho. Barca y bruja se hundieron en las aguas: la mágica luz que brotaba de los dedos de Cluas se esfumó, pero una llamarada púrpura seguía aleteando aún sobre el sitio en que se hundiera la hechicera. Cuando se acercaron a puerto, el embarcadero y sus alrededores estaban iluminados por numerosas antorchas sostenidas por manos de gentes ansiosas, y al ver la multitud a los tres niños y a sus salvadores, retembló el cielo de vítores y gritos de júbilo.
A la entrada del fuerte se encontraron con la reina y su séquito, y la alegría que les proporcionó el ver a los niños recobrados no puede describirse. Finn había despertado en el momento en que la hechicera murió, y estaba recorriendo el puerto a grandes pasos, furioso contra sí mismo. Su saber druídico le había permitido adivinar que los niños volvían sanos y salvos, dándole así a la reina la buena nueva; por eso el pueblo estaba agolpado en el embarcadero esperando. Finn y los tres jóvenes se quedaron tres meses en el palacio de la reina de Sciana Breaca.
Apenas la barca hubo emprendido veloz el camino de regreso, el poder de los hechizos comenzó a disiparse, la torre a girar de nuevo y sobre las olas se oyó el alarido de la bruja. Éste era tan terrible que si Cluas no hubiese cubierto las cabezas de los niños con una gruesa manta, sus almas hubieran abandonado sus cuerpos por el terror. Pudo verse que bajaba del edificio una oscura forma y no tardó en oírse el rumor de un remo de la barca en que la bruja los perseguía. Tiende la cuerda de tu arco, Gruñe dijo Cluas, y pon a salvo tu reputación. Agitó las manos y dijo sus encantamientos, y la luz que brotó de las yemas de sus dedos iluminó las tempestuosas olas oscuras y coronadas de espumas. La infernal mujer, con su barca, se estaba acercando con la rapidez del pensamiento, pero apenas la luz se hubo posado sobre su espantosa figura se oyó el vibrante sonido del arco de Gruñe y el rumor sordo de la flecha que se clavaba en su pecho. Barca y bruja se hundieron en las aguas: la mágica luz que brotaba de los dedos de Cluas se esfumó, pero una llamarada púrpura seguía aleteando aún sobre el sitio en que se hundiera la hechicera.
Cuando se acercaron a puerto, el embarcadero y sus alrededores estaban iluminados por numerosas antorchas sostenidas por manos de gentes ansiosas, y al ver la multitud a los tres niños y a sus salvadores, retembló el cielo de vítores y gritos de júbilo. A la entrada del fuerte se encontraron con la reina y su séquito, y la alegría que les proporcionó el ver a los niños recobrados no puede describirse. Finn había despertado en el momento en que la hechicera murió, y estaba recorriendo el puerto a grandes pasos, furioso contra sí mismo. Su saber druídico le había permitido adivinar que los niños volvían sanos y salvos, dándole así a la reina la buena nueva; por eso el pueblo estaba agolpado en el embarcadero esperando. Finn y los tres jóvenes se quedaron tres meses en el palacio de la reina de Sciana Breaca; y, en adelante, cada año los hijos de Bawr Sculloge recibieron una barca cargada de oro y plata y piedras preciosas y bien cincelados yelmos, escudos y lorigas y mesas de ajedrez y ricas capas, en el mismo sitio don de el emisario de la reina impusiera la geasa al famoso hijo de Cumhaill.
Celebración del Misterio
Quizá la mayor enseñanza que podamos extraer de la sabiduría celta es ésta: el verdadero sentido de la vida está en el misterio. Si puedes prever todo lo que pasa con tu vida, en realidad estás casi muerto. Sólo en la muerte no hay sorpresa. Si puedes, en cambio, regocijarte sabiendo que el instante siguiente es un puro misterio y cualquier cosa puede pasar, y cualquier cosa que pase será algo que te enriquecerá porque has aprendido a convivir en amistad con las cosas del mundo, entonces estás en estado de gracia, y tu espíritu goza de la libertad que sólo esta armonía con el universo puede otorgarte gran fascinación por una parte pero también inquietud, zozobra, exasperación en algunos casos. Esto es así porque aunque las cuestiones trascendentales de la vida son misterios nos enseñan que todo debe ser "claro" y tener una "explicación racional". El resultado de esta contradicción es que vivimos en conflicto con lo trascendental y hasta enfretados a cosas que en realidad son lo mejor que puede pasarnos.
El primero de estos misterios es el nacimiento. Aunque suene casi tonto, es el momento más trascendental de la vida de cada persona porque sin él no hay tal persona. Sin embargo, en general nadie piensa mucho en el milagro de haber nacido. Y mucho menos en el misterio enorme e insondable que es haber nacido a determinada hora y día, en determinada familia, en determinado lugar del mundo... El nacimiento es apenas una alegría cuando somos niños, debido a las posibilidades de recibir regalos el día en que ese hecho se conmemora, y una fecha molesta cuando empezamos a acumular años y no sabemos qué hacer con ellos. En resumen, el máximo milagro y el mayor misterio de nuestra vida suele pasar casi inadvertido en cuanto a milagro y misterio, para la mayoría de la gente.
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