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EL LEGADO DE LOS CELTAS

El Sueño de Rhonabwy

Madawc, hijo de Maredudd, rey de Powys, organiza una compañía de hombres para buscar a su hermano Iorwerth, que huyó a Lloeger devastando todas sus tierras después de rechazar un cargo que Madawc le ofrecía. Entre los hombres que formaron esa compañía estaban Kynnwric, Kadwgewn Vras y Rhonabwy. Estos hombres se detuvieron en la casa de Heilyn Coch y cuando llegó el momento de acostarse sólo dispusieron de lechos sucios, llenos de paja polvorienta y pulgas. No pudiendo dormir en aquel lecho, Rhonabwy fue a echarse sobre una piel de ternero que había visto en la sala. Y allí se durmió y tuvo el siguiente sueño:

Se dirigía con sus compañeros hacia Rhyd y Groes, en el Havren, cuando oyó un gran ruido y vio un caballero vestido de amarillo y verde al igual que su caballo. El caballero era Iddawc Cordd Prydein ("el in trigante de Bretaña"), y ese apodo le fue impuesto por haber sembrado la discordia entre Arturo y Medrawt y haber provocado así la batalla de Camlan. Después de hacer penitencia durante siete años fue perdonado. Iddawc los acompañó hasta el Havren. A ambos lados del vado vieron multitud de pabellones y a Arturo sentado en una isla, acompañado de Bedwin, el obispo, Gwarthegyt, hijo de Kaw, y un gran joven de cabellos castaños. Iddawc y los otros saludaron a Arturo y éste sonrió amargamente diciendo que mucho le entristecía ver a hombres tan despreciables defendiendo la isla, cuando antaño habían sido tan valerosos. Iddawc explicaba a Rhonabwy quiénes eran todos aquellos hombres que estaban allí reunidos cuando un caballero, Karadawc Vreichvras, dirigió palabras ásperas a Arturo, diciéndole que ya era momento de dirigirse a Baddon para luchar con Osla Gyllellvawr.

Se pusieron en marcha, y Rhonabwy e Iddawc se detuvieron para contemplar cómo se levantaban los pabellones y avanzaban los ejércitos, que se distinguían por sus múltiples colores. Llegaron a Kaer Baddon y en medio de un ejército vieron cabalgar a un caballero al que todos se acercaban a ver. Era Kei. Luego, Arturo se dispuso a jugar al ajedrez con Owein. Durante la partida, acudieron tres hombres a advertir a Owein que los escuderos de Arturo estaban molestando a sus cuervos. Tres veces consecutivas pidió Owein a Arturo que llamara a sus hombres, y éste le rogó que continuaran la partida sin prestarles más atención. Al final, Owein ordenó al escudero que enarbolara el estandarte para que los cuervos pudieran volar. El escudero así lo hizo y ellos continuaron la partida. Mientras jugaban, acudieron tres hombres de Arturo a pedir a Owein que detuviera a sus cuervos, pues estaban causando estragos. Arturo le rogó que llamara a sus cuervos y Owein le contestó que continuaran la partida. Por último, Arturo aplastó las piezas que había en el tablero y Owein ordenó que bajaran el estandarte. Aquí el sueño de Rhonabwy se complica con la intervención de Iddawc revelando a Owein quiénes eran los tres hombres que le habían advertido acerca de los cuervos y quiénes los que después dijeron que los cuervos estaban matando a la gente de Arturo, hasta que por fin llega una comitiva de veinticuatro caballeros a pedir a Arturo una tregua de un mes y quince días, que el rey concedió en medio de un tumulto que hizo que por fin Rhonabwy despertara de su sueño. Había dormido tres noches y tres días.

Peredur, hijo de Evrawc

(Peredur es más conocido como sir Percival, uno de los más célebres caballeros de Camelot) Peredur fue criado junto a su madre, que después de la muerte de su marido Evrawc en la guerra había decidido apartar a su hijo de la caballería. Un día Peredur vio tres caballeros (Gwalchmei, Gweir y Owein), y se quedó tan admirado por el resplandor de sus armas que decidió seguirlos y hacerse ordenar caballero. Siguiendo los consejos de su apenada madre, se dirigió a la corte de Arturo. En su camino, encontró un pabellón en medio de un prado, en el que había una doncella a la que saludó, pidió comida y las joyas que tenía, según le había recomendado su madre. La doncella accedió, y cuando llegó el dueño del pabellón, llamado el Orgulloso del Prado, se molestó mucho con ella, convencido de que había tenido relaciones con el joven. La echó de su pabellón y juró que buscaría a aquel joven.

En esto, Peredur llegó a la corte de Arturo y dos enanos lo anunciaron como "la flor de los guerreros y la caballería", lo que provocó el sarcasmo y la ira de Kei, pues iba muy pobremente armado y no tenía aspecto de caballero. Después de propinar sendos puntapiés a los enanos, envió a Peredur a combatir con un caballero que poco antes había ultrajado a Gwenhwyvar, y con el que nadie se había atrevido a enfrentarse. Peredur venció al caballero, y cuando estaba intentando quitarle las armas llegó Owein, quien mucho se admiró por el valor del joven. Peredur se negó a acompañarlo a la corte y le dijo que en todos los lugares donde fuera se anunciaría como hombre de Arturo, que le procuraría todos los servicios que pudiera, y que no regresaría a la corte antes de haber vengado el ultraje de Kei hecho a los enanos. A partir de este momento, se inician las aventuras de Peredur: después de vencer a muchos caballeros y de enviarlos a la corte de Arturo ordenándo les le dijeran que no pensaba regresar antes de haberse vengado, Peredur llega a un gran bosque donde encuentra a un hombre de cabellos blancos, cojo, y a unos criados pescando. El anciano lo invita a entrar en su castillo y dice ser el hermano de su madre, recomendándole que no pregunte nada por muy extrañas que sean las cosas que vea. Al día siguiente, Peredur llegó a otro castillo y un anciano lo acogió y le dijo ser hermano de su madre. Cuando estaban comiendo, Peredur vio a dos jóvenes llevando una lanza enorme de la que manaba sangre y a dos doncellas que llevaban una bandeja sobre la que había una cabeza cortada. Peredur no preguntó nada y al día siguiente continuó su camino.

Llegó a un bosque y vio a una doncella lanzando grandes gritos junto a un cadáver. La doncella dijo ser su hermana de leche. Le contó que su madre había muerto de dolor después de su partida y lo acusó de ser culpable de todas las desgracias que le habían sucedido. Peredur venció al caballero que había matado al marido de la doncella y lo obligó a casarse con ella. Después de esto, Peredur llegó a un castillo cuya dueña era una hermosa doncella de piel blanquísima, cabellos muy negros y pómulos rojos. La doncella le pidió ayuda pues un conde iba a asediar su castillo al día siguiente. Peredur venció a todos los hombres del ejército del conde y a éste, obligándolo a devolver a la doncella todo lo que le había arrebatado con anterioridad. Después de esta aventura, Peredur se encuentra con el Orgulloso del Prado y lo obliga a reconocer inocente a la doncella que le había regalado las joyas en el pabellón del prado. Más tarde, Peredur libera a una gran dama de unas brujas y éstas lo llevan a su corte para enseñarle a cabalgar y a manejar armas. Terminado el aprendizaje, Peredur pasa la noche en la celda de un ermitaño y a la mañana siguiente al partir se apodera de él un pensamiento: aquella noche había nevado; un halcón había matado a un pato delante de la celda; el ruido del caballo había espantado al halcón y un cuervo se había posado sobre la presa. La negrura del cuervo le recordó los cabellos negros de la mujer que más amaba, las gotas de sangre, a sus mejillas, y la nieve, a la blancura de su piel.

Arturo y su corte habían decidido ir en busca de Peredur, y llegaron al mismo lugar donde éste se encontraba abstraído en sus pensamientos. No lo reconocieron, y Arturo envió a distintos hombres para saber quién era. Nadie obtuvo ninguna respuesta, y todos fueron vencidos, incluso Kei, que recibió grandes heridas. Finalmente, acudió Gwalchmei, y con sus buenas maneras logró que Peredur le contestase. Peredur fue con Arturo y sus hombres a la corte y allí encontró una joven, Angharat Llaw Eurawc, que rechazó su amor, y Peredur juró no decir palabra a cristiano antes de que ella lo aceptase. Después de varias aventuras que le valieron el apodo de "Caballero Mudo", la doncella le reconoció su amor. Un día que estaba cazando con Arturo, se dirigió a una casa cuyo dueño era el Hombre Negro, y con el que Peredur tuvo que combatir. Antes de darle muerte, le confesó que había perdido un ojo combatiendo con la Serpiente Negra en cuya cola había una piedra. Tenía la virtud de que cualquiera que la tuviera en su mano podía tener en la otra todo el oro que quisiera. Hasta llegar a la Serpiente Negra tendría que pasar por la corte de los niños del Rey de los Sufrimientos, llamado así porque un "addanc" (animal monstruoso) de un lago los mataba cada día, y llegar a la corte de la Señora de las Proezas, denominada así porque los huéspedes no podían sentarse a su lado y la rodeaban trescientos hombres que contaban las proezas de la casa. Peredur logró acabar con el "addanc" ayudado por una doncella que le ofreció una piedra para no ser visto con el animal, y cuando se dirigía a la corte de la Señora de las Proezas un caballero de armas rojas, Etlym, se ofreció a ser su vasallo.

En la corte de la Señora de las Proezas, Peredur derribó a los trescientos caballeros, y su vasallo se dirigió con él al Monte Doloroso, donde se encontraba la serpiente. Había allí numerosos hombres acampando en pabellones que intentaban vencer a la serpiente. Pero Peredur los convirtió en sus vasallos y acabó con la serpiente. Regaló la piedra maravillosa a Etlym. Después de esto, Peredur resulta vencedor en un torneo organizado por una emperatríz para conseguir al hombre más valeroso del mundo. Peredur reconoció en la emperatriz a la doncella que le había regalado la piedra con la que venció al "addanc", y permaneció con ella durante catorce años. Un día que Peredur se encontraba en la corte de Arturo, llegó una mujer negra de aspecto horrible que le dirigió duras palabras, diciéndole que él había visto grandes prodigios en la corte del rey Tullido (la lanza de la que manaba sangre y la cabeza en la bandeja), pero que no había preguntado por su significado, y por su culpa el rey no había logrado salud ni paz para sus dominios. Después de esto, Peredur decide no descansar hasta saber el significado y el sentido de la lanza. Gwalchmei decide también partir en su búsqueda, pero ambos eligen caminos distintos.

Después de una aventura de Gwalchmei, donde es acusado de matar a un hombre, la historia sigue con Peredur. En Viernes Santo se encuentra con un sacerdote que le reprocha ir a caballo en un día como ese. Lo aloja en su casa y Peredur le pregunta por el castillo de los prodigios. El sacerdote le indica el camino que debe tomar para llegar a una corte donde le darán noticias de ese castillo. Después de otra aventura, Peredur llega finalmente al castillo, donde una doncella lo obliga a combatir y matar a Ysbidinogil, a cazar y a matar a un ciervo, lo que más tarde le reprochará una dama. Para conquistar la amistad de aquella dama, Peredur lucha con un caballero que surge de una piedra plana y que de pronto desaparece. Después de errar por la montaña, Peredur encuentra un castillo. Entra y ve al hombre tullido de cabellos grises.

Junto al anciano se encuentra Gwalchmei. Un joven de cabellos rubios le confiesa que se le había aparecido en formas muy diversas: como la mujer que lo acusó en la corte de Arturo, como la doncella que lo hizo luchar contra Ysbidinogil, como la dama que se le apareció después de haber matado al ciervo y como el caballero que había surgido de la piedra plana. Era él el joven que llevaba la lanza de la que manaba sangre. Entonces le explicó el significado de eso: las brujas de Kaerloyw habían matado a su primo hermano, cuya cabeza había visto en la bandeja, y habían dejado tullido a su tío. Le dijo que él era su primo, y que estaba predicho que se tomaría venganza. Todos los hombres de Arturo acudieron a luchar contra las brujas, a quienes finalmente Peredur dio muerte. esplendor, que se escribiera acerca de ellos. Como ya vimos, las únicas noticias más o menos contemporáneas de los druidas fueron dadas por los romanos. La filosofía, la sabiduría, la visión de la vida de los celtas debe aprenderse y deducirse de los datos que tenemos acerca de la vida cotidiana y, fundamentalmente, de lo más poderoso que de ellos nos ha llegado: la poesía, el arte. En la obra cultural celta que ha llegado hasta nosotros podemos apreciar cómo este pueblo consideraba en muy alta estima valores esenciales del espíritu humano, como la amistad, la valentía o la nobleza. Y como ya hemos visto, hay en los celtas una premisa fundamental de la cual parte todo: el sentido de la independencia.

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