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Sólo la Libertad Permite Crecer
Puede decirse que el celta es antes que nada un ser libre en lo individual. Sólo desde la perspectiva de un ser libre conciben ellos la relación con otros seres. Si fueron en la antigüedad un pueblo indomable que resistió decenas de invasiones e intentos de dominación, es fundamentalmente porque era un pueblo compuesto por individuos libres cuyo mayor compromiso, antes aun que con su etnia o su lengua, era el de cada uno consigo mismo. Esta idea básica que nos trasmite la antigua sabiduría céltica se constituye en algo esencial para el hombre de hoy, que es antes que nada un ser prisionero. Ya pasaron los tiempos de las utopías políticas en las cuales los hombres creían que hallarían la tan ansiada libertad. La idea de liberación en el viejo sentido revolucionario ha traído mucha más desgracia que fortuna a los pueblos (no es necesario recordar hechos como la Primavera de Praga o tantos otros), y ha demostrado no ser la vía correcta para llegar a la libertad individual. Quizá por eso las utopías políticas, hacia el fin del siglo XX, cayeron en el descrédito.
Pero el ansia de libertad del hombre sigue pidiendo alguna respuesta. Si el "liberar" un país de supuestos yugos de dominación extranjera política o económica no es el camino, ha de haber algún otro. Y el hombre de comienzos del tercer milenio ha comenzado a buscar una respuesta en lo individual, que, al revés de lo que sucedió en otros momentos de la historia, no está reñido con lo colectivo sino que, por el contrario, la libertad de cada uno será la que finalmente haga florecer una sensación de libertad y armonía colectivas. Y en esto, con toda seguridad, estamos actuando como verdaderos celtas.
Un Camino de Libertad para la Libertad
El sentido de la independencia individual es, entonces, el gran legado celta que tantos movimientos filosóficos y vivenciales de la Nueva Era han tomado como bandera. Estamos hablando, por supuesto, de una libertad espiritual, que es la única de la que debe preocuparse la persona. La independencia en el campo de lo económico y lo social es sólo una consecuencia. Ahora bien, ¿qué conduce a la persona a la independencia, a la libertad espiritual? La primera respuesta suena similar a lo que desde hace siglos proponen las más diversas religiones y filosofías: el trabajo sobre sí mismo. Pero esta idea, en el caso de la mayoría de los sistemas de pensamiento que la proponen, se relaciona muchas veces con el hecho de seguir ciertas normas de conducta o ciertos ritos específicos, y a través de la práctica de los mismos es como se progresa en ese trabajo sobre uno mismo, en ese mejoramiento espiritual.
La Bendición de los Celtas
La religión no es un simple sistema de nombres y un ritual a seguir. Estas cosas son sólo formas que cada pueblo dio a la idea de divinidad común a todos los hombres. Sin el sentimiento de lo divino, no habría hombre, no habría ser humano. Por eso, cuando hablemos de "Dios" no importa si el tuyo y el nuestro son el mismo en cuanto a su nombre o no lo son. En el sentido profundo, ni dudes de que hablamos del mismo. En el idioma de los celtas no hay un saludo equivalente al clásico "Hola" de la mayoría de los idiomas. Cuando dos personas se saludan en gaélico, se están bendiciendo. Se dice "Dia dhuit" o "Dia is Muiré dhuit", que son expresiones que significan "Dios sea contigo". Una despedida común en gaélico es "Go gcumhdai Dia thu", es decir "Que Dios venga en tu ayuda". Estas bendiciones trascienden lo formalmente religioso. Significan que la vida es una bendición y que así hay que tomarla.
Por eso queremos despedirnos de este recorrido por la sabiduría de los celtas con un antiguo y bello poema celta conocido como "La coraza de San Patricio", que dice así: Me levanto hoy por la fuerza del Dios que me dirige, el poder de Dios que me sostiene, la sabiduría de Dios que me guía, el ojo de Dios que me mira, el oído de Dios que me oye, las palabras de Dios que me hablan, la mano de Dios que me cuida, el camino de Dios que aparece ante mí, los escudos de Dios que me protegen, las huestes de Dios que me salvan de todo mal, lejos y cerca, solo y entre la multitud. Que la bendición sea contigo, hombre libre que elegiste el camino del amor. Si bien es cierto que todo camino es válido si la persona que lo recorre cree en él, desde el pensamiento celta, visto con los ojos de este tercer milenio, el camino que se propone a quien busca mejorar su espíritu no consiste en ningún sistema concreto.
Como ya dijimos, no existe una "meditación celta" (aun que no hay que descartar que existan autores quizá no muy serios que puedan inventarse algo por el estilo) ni ninguna serie de "ejercicios druídicos" para la liberación del alma (aunque esto podría existir de haber dejado los druidas un detalle escrito de sus prácticas, las cuales en su mayoría desconocemos pero sabemos que tenían claras características chamánicas; si contáramos con algún material escrito podríamos reproducir sus prácticas como podemos hacerlo con, por ejemplo, las de los chamanes sudamericanos). En cuanto a "métodos celtas" lo único que se aproxima a esa idea es el trabajo que se puede hacer sobre el Alfabeto de los Árboles, del cual nos ocuparemos en capítulos específicos. Pero fuera de eso, la sabiduría celta nos da fundamentalmente una premisa, a partir de la cual sí se pueden desarrollar ciertas prácticas concretas. Y esta premisa es: Mira a tu interior, mira a tu alrededor, cree en tí, cree en las afinidades del alma, y no te ates ni siquiera a las promesas que te haces a tí mismo. Eres un ser libre, y sólo desde la libertad total puedes modificar y mejorar tu espíritu.
La barca
Para entender claramente esto usaremos un ejemplo: uno puede mejorar su espíritu a través de, por ejemplo, los métodos de meditación del yoga. Pero al adoptar esa filosofía determinada como camino a la libertad, paradójicamente uno se está ciñendo a sus reglas, es decir, está resignando parte de su libertad. Y no puede moverse mucho de los principios básicos de esa disciplina, si es que quiere llegar lejos en sus resultados. Entonces, por ejemplo, quizás alguien que creció en una sociedad donde las carnes rojas son la base de la alimentación deberá olvidarse de eso. Deberá obligarse a cambiar el funcionamiento de su sistema alimentario y digestivo, para poder adecuarse a los términos de la disciplina que practica. Y hay en esto, es claro, algo que parece chocar con la idea de libertad. En cambio, cuando la búsqueda de trascendencia y elevamiento espiritual no se enfoca desde un método determinado sino exclusivamente desde la idea de independencia total, de libertad completa, entonces no es uno quien se adecúa a determinado sistema, sino que son los sistemas los que se van adecuando a las necesidades espirituales y a la voluntad de uno mismo. No es que esto sea mejor o peor que convertirse en un perfecto yogui, o lo que fuere. Es sólo un camino diferente, pero que sin duda vale la pena investigar. Para profundizar en esta idea de búsqueda espiritual a través de la libertad, obviamente entonces no propondremos reglas estrictas a seguir. En sucesivos capítulos, desarrollaremos una serie de "maneras de mirar" extraídas de la sabiduría de los antiguos celtas y adaptadas a la problemática de hoy, como manera de proponer herramientas para que cada uno construya con ellas su propia barca para navegar hacia la libertad de su alma.
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