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INTRODUCCIÓN
El significado etimológico de Grafología es Tratado de la Escritura (del griego graphe, escritura, y logos, tratado) y así, la Grafología queda definida como el estudio o descripción de la escritura con relación a las modificaciones que en ella producen ciertos rasgos fisiológicos o determinados estados patológicos. Por medio de la Grafología podemos averiguar el carácter, aptitudes, etc., de una determinada persona, pues la escritura traduce como manifestación motora las anomalías de la movilidad, y como lenguaje revela las anomalías de la inteligencia.
La Grafología tiene aplicaciones en medicina legal, para conocer el estado psíquico de un sujeto; en patología y medicina histórica, para asegurar el criterio acerca de hechos importantes y personas que en ellos intervinieron. Pero tal vez sea la denominada Grafología común la más interesante, pues esta se encarga de investigar las cualidades intelectuales y morales de un sujeto, mientras que el valor de la escritura depende de su carácter objetivo y duradero en tanto que es resultado de la actividad neuropsíquica.
HISTORIA DE LA ESCRITURA
Existen numerosas referencias y citas antiguas que indican la inquietud por la interpretación del carácter de las personas, y ya Aristóteles y Demetrio anticiparon que la escritura revelaba el carácter. El sistema de la Grafología actual fue creado por el abate francés Juan Hipolito Michon (1806-1881), quien escribio el primer tratado de Grafología que da nombre a esta ciencia. En realidad, el interés por la escritura es muy lejano en el tiempo y han existido culturas muy desarrolladas, como la del antiguo Egipto, en dónde era considerada como algo sagrado y en China se le tributaba un culto especial. No fue fácil conseguir representar los sonidos emitidos por la voz humana en algo material y por eso su evolución tuvo tres etapas: la pictográfica, la ideográfica y la fonética, sin que podamos atribuir el invento a ningún país en concreto.
Posiblemente cada raza o grupo de personas tuviera su propio sistema, lo que explicaría la gran cantidad de idiomas y dialectos que existen en la actualidad. Los que mas perfeccionaron el sistema fueron los egipcios, con sus populares jeroglíficos o pictogramas, a los que añadieron poco a poco elementos fonéticos y pictograficos. Después vinieron los fenicios, que adoptaron el sistema egipcio y sus signos alfabéticos, modificándolos para dar paso con el transcurso del tiempo a las escrituras hebreo-samaritanas, arameas, griegas, etruscas y latinas. Simultáneamente, y sin que parezca existir una conexión entre ambas, se desarrollaba la escritura china, basada en ideogramas y que poco a poco se convirtieron en signos convencionales que representaban escenas y comportamientos. Este sistema, que aún perdura en gran medida, fue adaptado por los japoneses. La escritura cuneiforme se elaboró en los territorios del Eúfrates y el Tigris, de Persia, Armenia y parte de Egipto, aportando la peculiaridad de caracteres con forma de cuña o clavo. Esa escritura era ideográfica, con caracteres silábicos, y poco a poco se esquematizo y se hizo casi definitiva.
En América, sus habitantes también desarrollaron formas de escritura que plasmaban en rocas, maderas o papel los jeroglíficos aztecas son una prueba de ello, aún que no consiguió evolucionar después de la conquista de sus territorios, algo que se consiguió con la de los mayas cuando pasó de jeroglifica a alfabética. Ambas formas de escritura, la pictórica y la ideográfica, permanecieron en sus países de origen y casi han desaparecido en la actualidad, dando paso a una forma generalizada de escritura fonética y alfabética que consiguió ser casi universal por la facilidad de aprenderla. Esencialmente, la escritura tal y como la conocemos ahora en Occidente, es de origen fenicio, cambiando poco a poco a las ramas griegas, latina, cartaginesa, hebrea, aramea, árabe, etíope y hindú.
La Grafología
La Grafología, que ya se practicaba de manera rudimentaria en la época romana, ha llegado a adquirir rigor científico con el paso del tiempo y, en la actualidad, es una técnica de gran utilidad en psicología experimental. El primer tratado de Grafología se debe al filósofo boloñes Camillo Baldi (1547-1634). Otros grafólogos dignos de mención son Jules Crepieux-Jamin (que estableció una clasificación de 175 signos gráficos en funcion de su dimensión, intensidad, dirección, presión, etc.), L. Klages (que considera los rasgos de la escritura como auténticos gestos inconscientes de expresión proyectiva) y M. Pulver (cuya interpretación de la escritura se basa en la disposición espacial de los signos gráficos en la página). Posteriormente se pueden encontrar innumerables citas sobre los escritos de personajes de distintas épocas en las que se hacían reflexiones acerca de su escritura, de las que se deducían algunos rasgos de su forma de ser.
Para poner simplemente un ejemplo, el historiador Suetonio dice refiriéndose a la letra del emperador Augusto, que no separaba las palabras y no pasaba a la línea siguiente las palabras que le sobraban al final de una línea, sino que las colocaba debajo, envueltas en un rasgo. Esto era muy significativo en su momento pero, naturalmente, entonces no se daba interpretación psicológica. Pero cuando de verdad empieza a manifestarse la grafología es en 1622, con Camilo Baldo, italiano, profesor de la Universidad de Bolonia, que edita en Italia un libro cuyo título es Trattato come de una lettera mis siva si cognoscano la natura e qualita dello scrittor" (Tratado para conocer por una carta misiva el temperamento y las cualidades del escritor).
Marco Aurelio Severinus, profesor de Anatomía y de cirugía en Nápoles, escribió un tratado que tenía por título Vaticinator, sive Tractatus de divinatione literals pero no llegó a ser publicado a causa de su muerte en 1656. Nos trasladamos ahora al año 1806 y nos encontramos con el abate Juan Hipólito Michón, nacido en Francia, a quien está reservado el desarrollo de la grafología Psicológica. En 1871 funda la Societe de Graphologie, publica les mysters de l'ecriture y acuña el término Grafología para el estudio, sistematizado por él, del carácter de la persona por medio de la observación de la escritura manuscrita. En 1812 se imprimió un libro en París titulado "El arte de juzgar el talento y el carácter de los nombres por su escritura", de autor anónimo. Fue atribuído mas tarde a Eduardo Hocquart, quien resultó ser su verdadero autor en realidad.
Años después, Crepieux Jamin coordina los resultados de Michon y establece leyes para la clasificación e interpretación de los movimientos gráficos introduciendo la teoría de superioridad e inferioridad gráfica y, además, otorga rigor a la nueva ciencia. Entre sus obras figuran: L'ecriture et le caractere (1888), ABC de la Graphologie (1929), L'écriture des canailles (1921) y otras. En 1900, el filósofo alemán Ludwig Klages recoge las teorías de los anteriores y forma su escuela. Crea el sentido positivo y negativo de la escritura, semejantes de alguna forma a los de superioridad e inferioridad de Crepieux Jamin. Funda la «Sociedad Alemana de Grafología» y en sus obras Problemas de la Grafología, Fundamentos de la ciencia del carácter, Escritura y carácter, se manifiesta la profundidad y el giro emocional que da a sus investigaciones. Y llegamos al Dr. Max Pulver, considerado como uno de los genios más profundos de la Grafología moderna. Pulver introdujo el psicoanálisis en la Grafología. En 1931 publica su obra El simbolismo de la escritura. Como su título indica, Max Pulver establece los símbolos que se reflejan en la escritura. Para ello, divide el campo gráfico en cinco zonas: superior, inferior, izquierda, derecha y centro, que representan los espacios en que se mueve el que escribe, atribuyendo un significado a los signos que se encuentran en ellos.
El mayor mérito de Pulver es haber encontrado leyes de interpretación de la escritura que simplifican la labor del grafólogo. No parece correcto aplicar el término Grafología Científica al estudio de la personalidad de un individuo a partir del análisis de su escritura, pues no es posible llegar a una conclusión exacta que sirva para otros individuos. Como todo estudio que se dedique a la psiquis o la mente, nunca se pueden establecer conclusiones definitivas, científicas, sobre los rasgos de la escritura. Los caracteres gráficos peculiares de la escritura de una persona son el resultado de una serie de movimientos de la mano dirigidos y controlados por el cerebro, y no solamente revelan el estado de ánimo temporal del individuo, sino también su carácter fundamental y los rasgos psíquicos de su personalidad, como la voluntad, la inteligencia o la afectividad. Los grafólogos analizan tanto el tipo de letra (tamaño, inclinación, etc.) como el espaciamiento de las palabras (indicativo del ritmo del pensamiento) y de las líneas y el encuadre del texto.
Podemos, pues, definir a la Grafología como una técnica empírica cuyo objeto de estudio es la escritura, a través de cuyo análisis y con una metodología de trabajo que le es propia, nos permite conocer la personalidad de un individuo en forma integral. Gracias a ello se pueden determinar con cierta aproximación no sólo las características generales del carácter y el comportamiento del individuo examinado, sino también diagnosticar acerca de su equilibrio mental y fisiológico. Ello nos puede conducir a calibrar la naturaleza de sus emociones, tipo de inteligencia, aptitudes profesionales y, en general, el grado de salud-enfermedad del que escribe. Aún así, y después de tantos años de estudios, el análisis de la personalidad del ser humano mediante su caligrafía sigue sin ser aceptado por jueces, psicólogos y empresas en general. Lo que podemos analizar y evaluar Dados los numerosos elementos que un análisis grafológico permite evaluar, ello nos lleva a un abañico y campos de aplicación muy amplios, siempre dejando un margen a la posibilidad del propio individuo de mentir o falsear su propia escritura.
La capacidad para engañar de algunas personas a sus semejantes es inmensa y diversa, por lo que ni siquiera los denominados detectores de mentiras, que controlan simultáneamente una gran cantidad de datos físicos, son enteramente fiables. Por eso la caligrafía que podemos analizar debe ser la espontánea, aquella que nace sin control previo y sin que el individuo sepa que será objeto de examen posterior. Para conseguir unos resultados que se puedan aproximar a un 100 por 100 de fiabilidad, el estudio debe ir unido a un análisis psicólogico, sociológico y médico. Juntos constituyen entonces una herramienta de diagnostico muy precisa, aunque hasta ahora solamente suelen ir unidas la Grafología con la psicología. La medicina no parece interesada en conocer los aspectos más recónditos de la psique humana, prefiriendo el psicoanálisis o el simple interrogatorio.
Bases para evaluar una escritura espontánea
1. El orden
Consiste en evaluar el ordenamiento del texto en la hoja del papel. Observaremos los márgenes, la distancia entre renglón y renglón, entre palabra y palabra, entre letra y letra. Este aspecto nos permite evaluar el grado de claridad mental, orden interno, capacidad de organización y planificación de un sujeto.
2. El tamaño
Las escrituras pueden ser grandes, pequeñas y normales. Este aspecto guarda relación con el nivel de autoestima y el grado de expansión del sujeto.
3. La inclinación
Las letras pueden ser verticales, inclinadas hacia la derecha o hacia la izquierda, y esto nos permite ver en qué medida la persona se relaciona con las demás, su grado de apertura emocional.
4. La dirección
El sentido direccional de las líneas se vincula con los distintos estados de ánimo, el grado de estabilidad, optimismo, fatiga o depresión que puede experimentar un individuo. Así, hay que ver si las líneas guardan bien la horizontalidad, suben o descienden.
5. La depresión
Es la fuerza que un sujeto imprime en la hoja del papel con un elemento de escritura, bolígrafo, lápiz, etc. Su análisis nos permite evaluar el nivel energético de una persona y por ello el grado de salud o enfermedad.
6. La rapidéz
Nos da cuenta del grado de rapidéz o lentitud en las reacciones de un individuo ante las distintas situaciones que se le plantean. Así tendremos escrituras rápidas, las cuales se denotan por la simplificación de sus trazos y formas, o lentas; por ejemplo, escrituras con muchos adornos o redondeces.
7. La continuidad
Se relaciona con el grado de unión o separación de las letras en las palabras. Ello nos permiten conocer el grado de constancia y regularidad de un individuo en su actividad, vida afectiva y pensamientos.
8. La forma
Se refiere a la estructura general de la escritura. Por ejemplo, tenemos escrituras caligráficas, tipo imprenta, o complicadas. En términos generales, nos da cuenta del comportamiento cultural, ético, moral...
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