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HISTORIAS DE FANTASMAS

Las mas lucinantes historias de fantasmas y del mas alla

Introducción
Desde que el hombre es tal siempre ha aspirado a la eternidad,y para ello no ha dudado en colocar en un pedestal a una figura inalcanzable que en cada cultura se denomina de formas muy distintas. Las civilizaciones más primigenias nos han dejado innumerables legados y pruebas de que una vez finalizado nuestro peregrinar por esta vida existe algo que se escapa a nuestro entendimiento. Por eso, no es de extrañar que desde la más lejana prehistoria una de nuestras mayores preocupaciones haya sido la de desentrañar el misterio del tránsito a la otra vida. Pueblos antiguos tan avanzados en medicina y astrología, entre otras importantes materias, como el egipcio o el griego, cuidaban con esmero que sus muertos lograran encontrar el camino que les condujera a la eternidad. Hoy sabemos que el embalsamamiento, en unos casos, o la postura del cadáver dentro del túmulo, eran claves primordiales para conseguir este último objetivo.
Pero no nos enganemos; siempre es lo mismo. Otros pueblos consideran necesario morir en pleno acto de valor para alcanzar el wcúhalla -el paraíso- o haber enviado al infierno a unos cuantos infieles para ascender junto a los profetas. La sangre, la crueldad y la violencia siempre han ido íntimamente ligadas a las creencias religiosas, y si prestamos un poco de atención al devenir de las culturas, veremos que la mayoría de aquellos ídolos a los cuales adoramos como dioses suelen ser violentos. Además, si no cumplimos los preceptos estipulados por ellos, los castigos casi siempre son identicos: consumirse en una condenacion eterna, o que el alma del interfecto vague por entre el valle de las sombras hasta que expie todas y cada una de sus culpas.
En el presente libro hemos intentado aproximarnos a la vision de ese valle de las sombras, de ese lugar al que ni siquiera puede denominarse limbo porque suele ser un lugar de sufrimiento; un lugar destinado a aquellas almas que no han podido concluir la tarea que tenian encomendada cuando tomaron forma corporal en la tierra. Son historias verídicas que usted podra creer o no, por que, en definitiva, se situan en el espacio de la leyenda. De muy poco serviria que yo jurara y perjurara que todas ellas tienen visos de contener una gran verdad en su interior si no hay una determi nada disposicion de animo y una vision subjetiva previa de todo cuanto acontece a nuestro alrededor. Los fantasmas existen. Siem pre han existido y existiran.
Desde muy pequenos se nos inculca la idea de que cuando no nos comportamos cómo los adultos quieren que lo hagamos alguien muy perverso nos va a raptar y llevar con él a la fuerza. O bien que en la oscuridad van a venir los fantasmas y nos van a comer. ¿Por qué cambiar el argumento cuando se habla de las apariciones fantasmagoricas como de un hecho factible? Lo mas facil es negarlo y considerarlo como una tonteria más. Pero lo cierto es que desde nuestra mas tierna infancia aceptamos la ver dadera existencia de los fantasmas como algo real y después, como es lógico, esta creencia permanece en nuestra conciencia, porque las cosas que se aprenden en la infancia suelen acompa narnos durante toda la vida.
Recuerdo que cuando tenía cuatro anos mi padre me leia cuentos en la cama. Como es logico, él se quedaba dormido y yo, por no despertarle, apagaba la luz y pasabamos juntos toda la noche mientras mi hermano, más pequeno que yo, hacía lo propio con mi madre. Pues bien, una de esas noches en que la oscuridad reinaba en la habitación me desperte sobresaltado por un pequeno ruido que tintineaba sin cesar. Era el sonido de una maquina de escribir. Me incorpore y vi en las cortinas la sombra de alguien que escribia con frenesi. Recuerdo que me asuste porque era una figura imposible. El bloque de casas que habia enfrente estaba a mas de cuarenta metros. Desperte a mi padre y tambien la vio, pero el sueno era mas poderoso y le vencio. Al cabo del tiempo cai en la cuenta de que aquella figura podría haber sido el reflejo de mi propio destino. ¿Era mi cuerpo astral proyectado que me indicaba que mi camino por esta vida iba a ser el de escribir? ¿...quiza por ello me dedique despues de mucho tiempo al periodismo y a la literatura?
Presencias, apariciones, fantasmas buenos o malos, espec tros..., de todo podemos encontrar si buceamos un poco en este ambito. La tradicion oral se ha encargado de hacernos llegar algu nas historias, pocas por desgracia. El espacio de este libro ha dado para deambular por algunas de ellas que van desde el medievo hasta nuestros dias. Existen algunas que no hemos incluido por ser en extremo populares, como la del famoso fantasma del Palacio de Linares, o la del fantasma que se aparece en el madrileno puerto de Galapagar. El objetivo final ha sido dejar testimonio de que desde la Antiguedad se recogen textos en los que los espectros se apare cen a los seres humanos, nos guste o no, aunque a veces resulte mas conveniente negar la evidencia. Es mas facil creer que los espectros existen solo en peliculas como Ghost, el fantasma bueno; El fan tasma de Canterville, espectro miedoso, o El fantasma de la opera, fantasma asesino. ¿Por qué estos sí nos resultan creibles y los que no pertenecen al ambito cinematografico no lo son tanto? Porque en el fondo, el ser humano viene a ser como el fantasma de Can
ille: también tiene miedo a lo desconocido.
Pero ahondemos en figuras más complejas, en aquellas que todavia no han alcanzado la bondad, porque no conviene olvidar que siempre que hay un haz también hay un enves de la misma moneda. Casi todo el mundo mantiene la creencia de que todas aquellas figuras espirituales que se manifiestan desde el inframundo suelen venir para protegernos o para ayudarnos en una situacion angustiosa. Nada más lejos de la realidad. Son muchos los casos en los que las figuras fantasmagoricas solo buscan un cauce por el cual canalizar sus ansias de venganza. Poco pueden hacer contra noso tros desde el punto de vista fisico, pero mucho desde el punto de vista psiquico. A veces nuestra propia mente puede jugarnos muy malas pasadas e infringirnos a nosotros mismos ese tan merecido castigo que proyectamos en la figura fantasmal.
En este sentido, los suenos juegan un papel fundamental. En ellos proyectamos nuestras frustraciones y fracasos. Pocos son aquéllos suenos que, cuando regresamos a la vigilia, dejan en noso-tros una agradable sensación. Ni siquiera aquellos de alto conte nido erotico, ya que suelen guardar en su trasfondo el aroma y el sabor de algo que nunca logro atracar en buen puerto. Los fantas mas, como sin duda puede usted mismo comprobar, querido lector, se nos muestran de muchas formas, aunque debamos volver aqui a aquellos que tienen una presencia mas real y que no son solamente producto de nuestro subconsciente.
La religion, como he dicho con anterioridad, suele ser el com bustible que alimenta las figuras espectrales. Porque, en el fondo, cuando se habla de una aparicion mariana o de algun santo de la corte celestial, ¿no estamos hablando de la aparicion de un fan tasma? ¿no se trata, acaso, de una figura de ultratumba que viene a manifestarse al mundo de los vivos? ¿no es algo irreal que se halla entre lo real y palpable? Aqui es donde alcanza su maxima expre sion ese dicho llano de «lo ancho para mí y lo estrecho para ti». En funcion de la figura espectral que tengamos delante de nosotros se tiene una mayor o una menor credibilidad respecto de la aparicion. Si es la Virgen de Fatima la que se aparece no es ningun fantasma, sino una figura de carne y hueso envuelta entre nubes que viene a avisarnos del mal camino por el que pisa la humanidad. Ahora bien, si se trata de cualquier otro espectro, entonces el individuo que ha sufrido esa vision estaba alucinado. Doble moral de una civilizacion que cada vez cree menos, incluso en lo que ve.
Pocos son los que afirman no haber sentido una presencia dentro de una estancia aunque sus ojos no hayan podidoVerifi carlo. Algo siempre inmanente a nuestra condicion humana nos va a llevar a negar algo en lo que creemos a pies juntillas. Es mucho más facil creer en el cielo y en el infierno -como hizo ya en su dia Enmanuelle Swedenborg- que en los fantasmas. Es mas, incluso cuando se hace burla de ellos representandolos con una bola atada al tobillo, no se hace otra cosa que intentar atrapar con un lazo un halo de humo o intentar atrapar entre las manos un chorro de agua. Siempre se nos escurrira de entre los dedos ese agua de la misma forma que escapara a nuestro entendimiento el porque se nos representan cuerpos atrapados en otras dimensiones.
El temor a lo desconocido nos lleva a justificar, de la forma mas peregrina, situaciones que no llegamos a alcanzar con nuestra razon. Si se rieron de Julio Verne cuando escribio que el hombre, algun dia, viajaria a la Luna y a otros se les tildo de locos visiona rios, ¿que no hacer con todos aquellos que en la actualidad afirman ver cosas que la practica totalidad de la poblacion no alcanza a atisbar? Cierto es que conviene desgranar todos los testimonios. Sin embargo, los fantasmas no tienen predilección por aparecerse a un estrato social determinado. Se aparecen y punto. Los seres humanos guardamos muy poca memoria historica, y aquello que no interesa retener en los libros se oculta en el más oscuro de los rincones. Sólo la transmisión oral ha retenido en la memoria, generacion tras generacion, algunos hechos insolitos, de los cuales traemos a este libro un buen racimo. Tambien es cierto, por otro lado, que «la aparición» de programas-basura en television en los que se mezclan contenidos esotericos de cierta seriedad con gente «absurda que afirma poseer poderes y ver futuros -halagüenos para sus bolsillos, claro está- han hecho de esta materia algo muy poco creíble. Pero las modas cambian, los programas de television vie nen y van y es casi seguro que esos profanadores de lo esoterico algun día vagaran tambien por entre los valles de las sombras.
En definitiva, el fenomeno existe. Si lo desean, pueden abrir sms mentes, como afirman quienes están familiarizados con estas cuestiones, pero si deciden no hacerlo, sera suficiente con que lean fas proximas cuarenta historias y juzguen despues.
La cruz del lloro
Fernando IV rey de Castilla y Leon, tuvo un corto reinado que transcurrio entre constantes controversias y conjuras. Cuando cumplio diez anos vio como moria su padre, el rey Sancho IV el Bravo, a partir de aquel momento hasta que alcanzo la mayoria de edad en el ano 1301 todo fueron obstaculos. Durante su reinado sus acciones tuvieron siempre un mismo talante: el de la mezquindad.
Por esta razon no es de extranar que fueran muy numerosos los enemigos que se procuro, lo que afecto de manera gradual a su salud. Aquejado de hemoptisis -expectoracion de sangre prove niente de la traquea, los bronquios o los pulmones- esta enferme dad le provocaba un mal humor feroz que obnubilaba cualquier razonarniento sensato. Siempre tenia en su pensamiento destruir a todos sus enermigos por medio de conjuras y de falsas acusaciones, Entre sus mas destacados enemigos se encontraban Juan y Pedro Alfonse de Carvajal a quienes decidio eliminar, y envio a Juan Alfonso de Benavides, uno de sus favoritos reales, para que les ase sinara.Despues el mismo pensaba encargarse de realizar justicia traicionando y condenando a muerte a su propio favorito.
Pero el favorito erro y fueron los caballeros quienes «en defensa propia» eliminaron al favorito real. Este hecho no tardo en llegar a oidos del rey quien inmediatamente les acuso de asesi nar a un miembro de la corte real y de conspiracion contra el rey de Castilla y Leon. Ni corto ni perezoso ordeno su arresto. Dos dias despues fueron detenidos en la Feria vallisoletana de Medina del Campo mientras adquirian arreos y jaeces para sus corceles.
Durante los dias siguientes fueron humillados y vejados y el rey tuvo una de sus expectoraciones sanguinolentas que, para su desgracia, le obligo a un obligado retiro en la ciudad de Jaen. Durante este abceso de mal humor ordeno que fueran llevados a su presencia los «asesinos» de su favorito. El juicio se inicio con la reiterada peticion de inocencia por parte de ambos hermanos que juraban y perjuraban que en ningun momento habían asesi nado a sangre fria al favorito real sino que lo que en realidad suce dio fue que se defendieron del ataque por la espalda que este les infligio. Pero como la intención de Fernando IV, desde el princi pio, era deshacerse de dos de sus mas encarnizados enemigos, de nada sirvieron las promesas, los juramentos o las razones: les con denó a ser trasladados hasta el cercano castillo de Martos, donde debian ser encerrados en una jaula de hierro para mas tarde ser arrojados al vacío desde la almena mas alta.
Muchos de los partidarios de don Juan y Pedro Alfonso de Carvajal suplicaron al rey para que les condonara la pena alegando que si en realidad hubieran realizado tamana felonia no habrian ido tranquilamente a comprar arreos para sus caballerizas a una feria tan concurrida e importante como la de Medina del Campo, ya que lo logico hubiera sido huir o bien refugiarse hasta que pasara la tormenta. Pero el rey, obcecado por su odio y por su hemoptisis, hizo caso omiso de sus ruegos. La manana del 7 de agosto de 1311, el rey se presento en el castillo de Martos para hacer cumplir la cruel sentencia. La jaula fue alzada sobre la torre más occidental del castillo, justamente la que daba a un terrible precipicio, y Fer nando IV, antes de que fueran ejecutados y en un arranque de generosidad, decidio concederles una «gracia»: darles la opcion de expresar su última voluntad. Ambos hermanos le respondieron de la misma forma:
«Ante Dios, don Fernando, probaremos nuestra inocencia y lo execrable de vuestra justicia. El, con su poder supremo, hara que acudais a su juicio, ante una justicia suprema e inapelable, para res ponder de vuestra menguada justicia terrena. Desde aqui os emplazamos para que en el breve plazo de un mes comparezcais ante el todopoderoso. Mientras llega ese ansiado momento, solo podreis vomitar sangre».
Al oir aquello Fernando IV rio a carcajadas, a pesar del dolor que le producia realizar cualquier tipo de esfuerzo fisico. Pero en el mismo momento en que dio la orden y la jaula precipitada al vacio se estrello de forma violenta contra las rocas, el rey expectoro san gre en abundancia.
El tiempo paso y la enfermedad del monarca no remitia. Mientras, algunos lugarenos, junto a los partidarios de los desafor tunados Juan y Pedro Alfonso de Carvajal, construyeron una cruz de piedra la que denominaron «La cruz del lloro». Al enterarse de este hecho, el rey Fernando envio una expedicion de soldados a rtodos los rincones del reino para que la destruyeran, pero nunca la encontraron. Lo que si hallaron fue una leyenda que corria de boca en boca en cada uno de los lugares que visitaban; segun esta solo podran ver la cruz aquellos que tuvieran un sentido estricto de la justicia y que fueran limpios de corazon a los ojos de Dios. Aguijo neando su orgullo, Fernando IV acudio el 25 de agosto al lugar de su crimen, el precipicio donde se despenó a los dos caballeros, para ver la cruz y de esta forma desafiar a quienes le acusaban de haber asesiado «por cuestiones de celos y envidia» a ambos caballeros. Encontro a dos pastores y les pregunto lo siguiente: Lugarenos, sabeis por ventura quien soy yo?
No pero por vuestras vestimentas debeis ser un caballero muy importante.
Al oir esta respuesta, Fernando IV se percato que les podia hacer la pregunta clave sin temor a ser enganado por temor a sus represalias
Que veis en aquellos riscos?
La respuesta de ambos fue dada al unisono: «La cruz del lloro» El rey y sus mesnadas, por mas que miraron a uno y otro lado, no vieron ninguna cruz, lo que les hizo pensar que la leyenda
podria tener visos de ser cierta. De regreso al castillo Femando IV empeoro notablemente, y el jueves 7 de septiembre de 1312, tras haber comido y bebido en demasia, se retiro a sus aposentos para echarse una siesta de la que nunca mas volveria a despertarse. Aquel dia se cumplia exacta mente un mes desde que los desafortunados nobles le habian emplazado a comparecer ante Dios, ante su juicio inapelable. Un mes, justo el tiempo en el que debia cumplirse una venganza terri ble, una venganza de ultratumba o, simplemente, una mera coinci dencia.
Muchos historiadores han aludido en sus respectivas obras y comentarios a la «cruz del lloro» pero no desde el punto de vista desde el que aqui ha sido enfocado. Los historiadores son reacios a contar «leyendas documentadas» por no considerarlas demasiado creibles. Pero en el caso del relato de los ultimos dias de la vida del rey Fernando IV, algunos estudiosos han tenido a bien que este poco relevante monarca pasara a la historia con el real mote de «El Emplazado». Por algo sera.
¡ Dios le haga beber sangre!
(Siglo XIII)
En la Nueva Inglaterra del siglo XVII coexistian las creencias en el mas alla junto a una actitud general que podriamos conside rar en exceso puritana. Por aquel entonces cualquier ofensa era juz gada en lo que se conocia como «un tribunal de honor» en el que el pueblo participaba de una forma activa, sobre todo en el momento de acusar y condenar. Es bien cierto que por aquellos anos un hombre no era inocente hasta que se demostrara lo con trario, sino mas bien todo lo contrario. No eran necesarias pruebas contundentes para condenar a muerte a un ser humano; la simple sospecha de la existencia de algún delito era suficiente para que el Tribunal diera gusto a un pueblo que, en demasiadas ocasiones, estaba sediento de sangre.
Cerca del puerto de Nueva Inglaterra vivia un hombre lla mado Matthew Maule, un sencillo y puritano campesino que con taba entre sus escasas pertenencias con un terreno de pocos acres de extension pero que poseía un magnífico manantial de agua potable que era la envidia de los lugarenos; una envidia que, como
veremos a continuacion, resulto ser fatidica para la suerte de nues tro personaje. El día 27 de septiembre del ano del Senor de 1687 Gilbert Pyncheon, un rico comerciante de la zona, hizo una oferta sustanciosa por el terreno de Matthew, pero este la rechazo argu mentando que la tierra era toda su vida y que el dinero nunca le compensaria la satisfaccion de ganarse la vida con el sudor de su frente. De aquel momento en adelante, una y otra vez y en cada ocasion con mas frecuencia, Pyncheon le volvia a reiterar la oferta y cada negativa era seguida de una especie de velada amenaza para obligarle a vender.
Un buen dia llegaron a la pequena morada de Matthew un par de alguaciles que le arrestaron bajo la acusacion de haber firmado un pacto secreto con el demonio. Ante la exigencia de Matthew, que siempre habia sido considerado un hombre honrado, por saber quien le habia acusado, estos respondieron que habia sido el terrate niente Gilbert Pyncheon, un hombre honorable. El juicio fue rapido y apenas le dieron opcion de defenderse. El pueblo, a pesar de que detestaba al potentado Pyncheon, estaba atenado ante la posibilidad de acabar quemado o en la horca por defender a un reo acusado de hechiceria, pues entonces tambien se enviaba a la hoguera a quien argumentaba en favor de un acusado de brujeria, tuviera o no tuviera base esta acusacion. El juez se inclino de inme diato por la culpabilidad de Matthew y este, sin remision, fue con denado a morir en la horca.
De nada valieron sus suplicas, sus lloros, sus quejas y su rabia. No se habia aportado ninguna prueba contra el, pero lo que si estaba claro era que la muerte de Matthew beneficiaba muy clara mente a dos personas: al delator y al juzgador, ya que ambos com partirian la titularidad de las tierras que lindaban con la suya. El primero de diciembre de 1687 subia Matthew al cadalso y, ante la mirada despavorida de los lugarenos, grito lo siguiente: «¡Os mal digo, gentes de Nueva Inglaterra. Tambien te maldigo a ti, Pyn cheon, pero el que peor muerte va a tener va a ser el juez Cardi gan, porque Dios, ante la terrible injusticia que ha hecho con migo, le hara beber sangre!». Dicho esto, se cumplio la condena de forma inapelable.
A los pocos dias de la ejecucion fue subastado el terreno, y este fue adquirido por muy poco dinero por Gilbert Pyncheon, quien derribo el antiguo caseron y se dispuso a edificar una gran mansion con la intencion de albergar en ella a su familia y tam bién a la del juez Cardigan. Este hecho fue muy comentado por el pueblo ya que los poderosos, ademas de ahorcar al campesino,habian expulsado sin ninguna piedad a su mujer y a sus tres hijos de su casa y su tierra. A la mansion que construyeron le pusieron el nombre por el cual todavia se la conoce hoy: «La casa de los siete gabletes»
Pero antes de que pudieran poner los pies en ella comenzaron a suceder hechos que escapaban a la logica para los lugarenos. Qui zás fueran, simplemente, meras coincidencias, pero los mas viejos del lugar advirtieron claramente que se trataba de signos muy cla ros de que la maldicion del condenado iba a llevarse a efecto. Tres dian antes de que fuera inaugurada la casa de los siete gabletes, el juez Cardigan juzgo y condeno a otra campesina, una «bruja», bajo la acusacion de haber tenido relaciones sexuales con el demonio. Gilbert Pyncheon habia vuelto a ser el acusador, seguramente por que algo sacaria de esa muerte. Cuando la presunta bruja subia al cadalso lanzo una mirada de odio infinito hacia su acusador y este, de repente, dio un traspies y rodo escaleras abajo. Antes de llegar al empedrado y tras rodar por los catorce escalones de madera, habia fallecido. Un golpe con el canto afilado de uno de los esca lones le habia seccionado la medula y la base del craneo, lo que hizo que manara sangre en abundancia. Los ojos abiertos y la horri ble expresion de su cara ahondaron en la supersticion religiosa del juez Cardigan que, para evitar males mayores, desenvaino una pequena daga y ejecuto alli mismo a la bruja haciendola directa responsable de la muerte de su amigo.
A partir de aquel momento Cardigan no salio de la casa de los siete gabletes, recordando la maldicion que le habia lanzado desde ese mismo cadalso el campesino Matthew. La realidad se comenzaba a confundir con la ficcion y la angustia se habia con vertido en su companera inseparable. Sufria terribles pesadillas que le hacian delirar y que tenian como actor principal a Matt hew, quien le senalaba y condenaba eternamente por su injusti cia, pero ya era demasiado tarde. Una noche comenzo a sentir unas pequenas punzadas en el estomago, horas despues las punzadas se habian convertido en un dolor agudo que le hizo llamar al medico. Era insufrible. El doctor le recomendo ser sangrado con sanguijuelas para depurar el mal que anidaba por el flujo sangui neo, pero Cardigan se nego. De repente, una bocanada de flujo le vino a la boca y no pudo impedir que parte de ese liquido cayera en la alfombra. Su color ocre y espeso no dejaba lugar a las dudas: se trataba de una hemorragia estomacal provocada por la tension y los nervios producidos por los últimos acontecimientos que le habia tocado vivir y que le habían producido una ulcera canceri gena que estaba acabando con su vida.
Cada vez le manaba la sangre con mayor intensidad, y se sentia obligado a tragarsela como hacen los animales que estan heridos de muerte. En ese instante recordo la maldicion del cam pesino Matthew, pero no le dio tiempo a arrepentirse de nada. Una imagen del rostro satisfecho del campesino cruzo su mente, pero no pudo pensar en nada mas porque la muerte le sobrevino a causa de un coagulo de sangre que se quedo atascado en la traquea provo cándole la asfixia.
¿Fue una mera coincidencia la desaparicion de los dos culpa bles de la muerte de Matthew Maule en el escaso margen de quince dias? Me temo que no.
El tambor de Tedworth
(Siglo XVII)
Ya esta aqui otra vez el mago del tambor. No se cansa de dar redobles y de anunciar tonicos que alargan la vida de aquellos que lo prueban. Hay algo en su aspecto que no gusta a nadie. No se si son sus ojos, sus espesas cejas o quizas esa forma de andar un tanto cojitranca que tiene. Como magistrado de la Corte de Ted worth tengo que intentar no dejarme llevar por mis presentimien tos pero lo cierto es que, si alguna vez cae en poder de la justicia bajo algun tipo de acusacion, no desaprovechare la ocasion de qui tarmelo de encima y, como minimo, expulsarle de Tedworth».
Y la oportunidad le llego al juez Mompesson el mes de marzo del ano de gracia de 1662. Aquella primavera comenzaria a con formarse una leyenda que ha llegado a nuestros dias con muy pocas variaciones. El mago ambulante se habia visto involucrado en una pelea callejera con un lugareno al que asesto un violento golpe en la cabeza con uno de los palos destinados a azuzar la piel del tam bor, de modo que los alguaciles del condado de Tedworth arresta ron al mago bajo la acusacion de altercado callejero y agresion. La vista se celebro dos dias despues en una sala atestada de lugarenos que, al parecer, no deseaban otra cosa que una sentencia durisima contra el mago. Ademas de esta acusacion, flotaba en el ambiente la creencia de que la desaparicion reciente de un nino y dos muje res en las cercanias del lugar estaban relacionadas con las practicas demoniacas que se atribuian al vendedor ambulante.
La sesion fue corta. Lo normal por un delito de agresion hubiera sido un par de dias de prision y una multa que no debia ascender a mas de dos libras, pero Mompesson tenia entre ceja y ceja librarse definitivamente del mago, llamado S. Owen. Cuando cayo el martillo sobre la mesa semicarcomida de la casa de justicia, la sentencia fue en exceso severa: el destierro de por vida de Owen y la confiscacion de su tambor. Si se le volvia a ver por los alrede dores de Tedworth lo que se le confiscaria seria la vida.
Y asi fue. Nada mas salir de Tedworth y sin mediar provocacion alguna, uno de los alguaciles que le custodiaban disparo su arcabuz y Owen cayo sin vida al suelo. Sus visceras quedaron estampadas contra un arbol y los alguaciles tuvieron que banarse en un rio cer cano para poder sacarse de su piel los restos de la carne y la sangre de Owen que se les habian incrustado por todo el cuerpo. Fue una verdadera carniceria.
Nunca se llego a saber a ciencia cierta si cumplian ordenes directas de Mompesson -la nina que habia desaparecido del pueblo hacia un ano era hija suya y siempre quiso vengar su perdida- pero lo cierto es que los guardianes de la ley se excedieron en sus atri buciones. Pero Owen, poco antes de caer al suelo sin vida, tuvo tiempo de maldecir al juez a quien auguro que no cesaria en su pro posito hasta que perdiera el juicio, el mismo que no tuvo cuando le condeno y, supuestamente, le envio a la muerte.
Apenas una hora despues de que acaecieran todos estos hechos algo extraordinario comenzo a suceder en Tedworth. El tambor confiscado comenzo a redoblar por si solo. Al principio los habitantes de Tedworth pensaron que Owen retaba a la justicia de Mompesson volviendo otra vez al pueblo, pero los alaridos de la sirvienta del juez y sus atropelladas explicaciones revelaron que era el propio tambor el que parecia haber sido poseido por el espiritu de su anterior propietario.
Durante varias horas el tambor redoblo con las mismas caden cias que Owen solía hacer sonar. Cada vez el sonido era mas ele vado y sus compases mucho más rapidos. De repente, ante la lle gada de Mompesson, cesaron sus redobles y comenzaron a musitar una melodía identica a la que se otorga a aquellos que van a ser ajusticiados. El pueblo, atemorizado, decidio huir al bosque donde habia sido sido ajusticiado el mago. Nada mas internarse en el bosque de Middlesbourh descubrieron el cadaver de Owen con un rictus demoniaco: ojos abiertos, la lengua fuera de la cavidad bucal y un continuo manar de sangre a traves de la terrible abertura de la herida en el pecho.
Pero por si todavia no era suficiente con el redoble, el tambor comenzo a revolotear por encima de la cabeza del juez. El sonido se hacia ensordecedor por momentos, y su melodia coincidia con la que suena en el momento en que, cuando un reo va a ser ajusticiado, se le coloca la soga alrededor del cuello.
Mompesson esta solo con su propia conciencia No puede dar credito a lo que esta viendo . Busca la ayuda de sus aguaciles, pero estos, al igual que los vecinos del pueblo, han huido pre sos del terror. El tambor sigue volando y redoblando. Mientras, el cuerpo de Owen sigue manando sangre a pesar de llevar inerte mas de un dia. De repente, el magistrado opta
por destruir el tambor pensando que, de esta forma, se va a librar de la maldición del mago ambulante. El tambor salta roto en mil pedazos destrozado por el certero disparo de Mompesson, pero no cesa el redoble. Ademas, por si todo esto fuera poco, todos los zapatos de la casa comienzan a volar y los orinales se vacian misteriosamente sobre las camas del magistrado y de su hija desa parecida.Todos los ninos que estan refugiados, junto a sus padres,en el bosque de Middlesbourgh, comienzan a levitar al unisono, e incluso uno de los caballos percherones del magistrado es hallado muerto por un alguacil en circunstancias extranas, con una de las patas traseras la boca del caballo, En un momento dado, Mompesson ve la figura de su hija, aquella que desapareció un dia de su vida. Esa vision le dice que nunca conocio a Owen y que su desaparicion se debio a que un dia, jugando en el mismo lugar donde fue ajusticiado Owen, fue violada y asesinada por el mismo alguacil a quien dio orden de asesinar al mago. Mompesson, incapaz de soportar la terrible presion a la que se ve sometido, decide acabar con su vida y se pega un tiro en la cabeza mortal de necesidad.
Mientras todo esto ocurre en casa del juez, en el bosque tiene lugar un hecho que tranquiliza a quienes se hallan junto al cuerpo de Owen: su expresion se ha vuelto tranquila, ha cerrado sus ojos de forma espontanea y ha dejado de manar sangre. Los habitantes de Tedworth, llevados por un animo piadoso, deciden enterrar en ese mismo lugar al mago ambulante, y cual es su sorpresa cuando al comenzar a cavar descubren el esqueleto de un nino de la misma edad que debía tener la hija de Mompesson cuando desaparecio del pueblo.
Nada se supo del alguacil durante muchos anos. Por orden del rey Carlos II, Joseph Glanville, su capellan, investigo personal mente los hechos. El alguacil que habia asesinado a la hija de Mompesson y al propio Owen hallo la muerte cuando unos bando leros le pegaron un tiro por la espalda con un arcabuz justo dos anos despues de los macabros sucesos acaecidos en Tedworth. El mismo dia del obito del alguacil, el tambor de Owen redoblo con ritmo alegre y festivo.
Destruidos por la cola de una cabra
Siglo XVI
Esta es una historia que ocurrio hace mas de tres siglos en un lugar llamado Bualli, un poblado con no mas de cuarenta cho zas situado en pleno ex Congo Belga. Acontecio entre las tribus que viven en las sabanas de este pais y desde siempre se atribuye a los "baluba». Aqui el «hombre-leopardo» de la oscura tradicion africana no existe, pero se sustituyen su figura y sus funciones por las del «hombre-leon», porque «simba» es el animal que en estas regiones representaba en el pasado el doble del rey, el simbolo magico de la realeza. Pero este hecho tampoco preocupaba en exceso a los nativos de Bualli, porque son conocedores de unas hierbas que sirven para transformar al cacique, al rey, al brujo y a sus valientes guerreros en animales. Son hierbas altas y puntiagudas que crecen en la sabana. ,¿
Dice la tradicion que para utilizarlas debe formarse con ellas un arco, se embadurna urna la raiz con un polvo que se supone magico y por la noche, mientras el cuerpo duerme, el alma vital pasa por debajo del arco a gatas. Apenas ha pasado se transforma en el ani mal deseado y huve a la selva. Y es a proposito de esta transforma ciones vitales lo que sucedio en el poblado de Bualli que a continuacion vamos a narrar aqui
En este`poblado vivian dos jovenes que se amaban profunda mente y como si de la historia de Romeo y Julieta se tratara, tenian su amor ante los ojos de los demas -y sobre todo de sus familias debido a un litigio que entre ambas existia desde hacia muchisimos anos por la posesion de una cabra. Absurdo litigio, pues ni siquiera los padres de ambos muchachos recordaban por que sus tatarabuelos se habian peleado por la misma, pero el caso es que la tradicion les habia convertido en enemigos acerrimos y asi habian vivido desde siempre. Su odio era tal, que si la choza de los unos estaba al comienzo del poblado la de los otros estaba, jus tamente, en el lado opuesto. En fin, una historia de amor llena de complicaciones, como cualquier otra.
Una noche, escondidos debajo de un banano, los amantes observaron como salia de su choza el brujo del poblado y se dirigia hacia la sabana con un objeto peludo entre las manos. Al esforzar la vista se dieron cuenta de que lo que portaba era la cola de una cabra. Curiosos por saber que iba a hacer el brujo con ese objeto, y puesto que su aparicion les habia impedido amarse con total liber tad, decidieron seguirle. Tras dos kilometros de caminata y de ner vios por el temor a ser descubiertos, le vieron recoger del suelo unas grandes hierbas puntiagudas, formar con ellas un arco de casi un metro de altura y tocar con la cola de la cabra la raiz de las hier bas. El silencio era absoluto y solo el lejano rugir de un leon en celo turbaba la paz de la sabana africana. El calor era agobiante pero, de repente, un repentino soplo de aire frío les levanto el flequillo de sus cabellos. No era normal. La temperatura que reinaba debia ron dar los veinticinco grados y aquel aire era gelido. Fijaron su aten ción en el brujo, observaron como pasaba por debajo del arco de hierbas e inmediatamente, a resultas de un magico encantamiento, lo vieron transformarse en un leopardo y desaparecer subitamente en la espesura de la selva.
Los dos jovenes tardaron en reponerse de la impresion de aquella vision tan alucinante. Pasado este trago y llevados por los impulsos de su amor, comenzaron a besarse y a tocarse hasta que el roce de sus cuerpos desnudos y sudorosos se confundio con los rugi dos de aquel leon lejano en celo. El temor a ser sorprendidos por sus padres y por el brujo ya habia pasado y, de repente, mientras se reponian de su particular combate, pensaron en repetir la accion del brujo. ¿Por qué no hacerlo? Tras recoger esas hierbas puntiagudas, cogieron de sus cinturas una cola de cabra que tenian como amuleto y decidieron convertirse en antilopes. Tal y como habian visto hacer al brujo, pasaron por debajo del arco de hojas e inme diatamente se vieron convertidos en antílopes. Recelosos por los ruidos de la selva huyeron juntos del lugar.
Al cabo del tiempo, un poco antes de que amaneciera, regreso brujo al lugar de la transformación para volver a tomar posesion su forma anterior. Pero tras pasar por el arco y convertirse otra en ser humano se percato de que existia otro arco junto al suyo.
No habia duda alguna: alguien habia estado observandole cuando hacia el rito magico, solo reservado para el brujo de la tribu. Preso de gran indignacion decidio destruir ese segundo arco, que no le
pertenecia y que nunca debio ser construido. Instantes despues regresaron los jovenes antilopes y buscaron de forma desesperada el arco para volver a su condicion anterior pero nunca lo encon paron. Decidieron transformarse en antilopes y como tales acaba ron sus dias. O quiza no.
Extranados por la tardanza de ambos muchachos, las respecti vas familias comenzaron a acusarse mutuamente de la desaparicion de cada uno de ellos. Las amenazas subieron de tono y el cacique
del poblado hubo de tomar cartas en el asunto para que no se pelearan entre sí en aquel momento. El brujo, mientras tanto,
celoso de que su secreto permaneciera a salvo, nunca confio a nadie la verdad de lo sucedido. Paso el tiempo, y como era de esperar, una noche ambas familias se enzarzaron en un encarnizado combate que acabo con la vida de todos sus componentes excepto la de uno de ellos: el hermano más pequeno de la chica. Tras la carniceria, el hechicero de la tribu tomó al nino bajo su protec cion, presa de hondos remordimientos por no haber intervenido para tratar de impedir tan horrible matanza. Desde aquel momento los anos pasaron muy lentamente, y cuando el unico superviviente de la tragedia alcanzo la edad requerida para convertirse en un hombre y, por lo tanto, en un guerrero, el brujo, con la excusa de llevar a efecto su ceremonia de iniciacion, le exigio que le siguiera una noche. Tomo unas hierbas puntiagudas, construyo un arco, cogio la cola de una cabra y le hizo pasar por debajo del arco. El muchacho se convirtio en antílope y de esta forma pudo ver a los enamorados. El brujo, celoso de su secreto, volvio a destruir el arco, condenando a los tres a ser antilopes para siempre.
Todavia hoy, en las proximidades del poblado de Bualli, en pleno corazon del Congo, se puede ver a los descendientes de los tres antílopes pasear de noche por los contornos del poblado. Sin duda aun conservan la esperanza de encontrar en algun lugar de la selva un arco de hierbas magicas y poder atravesarlo por debajo para recuperar asi su condicion de humanos que tan fatalmente perdieron. Todavia hoy, la figura de un leopardo les persigue entre la oscuridad de la noche y la luz mortecina del amanecer. El brujo, consciente de sus inmensos poderes sigue sin darse por vencido.
La misteriosa espineta de Bach
Siglo XVIII
En el ano de 1872 el diplomatico norteamericano Robert Dale Owen publicaba en Gran Bretana un libro que llevaba por titulo The Debateble Land between this World and the Next, cuya tra traduccion al castellano vendria a ser La tierra que existe entre este mundo y el otro en el que explicaba un hecho acaecido a un tal N. G. Bacha, presumo biznieto de Juan Sebastian Bach, que vivio hacia mediados del siglo XIX en Paris y que, junto con su hijo Lelin, ejercio de musico..
Un dia, paseando por el barrio de Montmartre, N. G. Bach y su hijo,, se detuvieron trente a un ropavejero y contemplaron con gran alegria la posibilidad de adquirir una preciosa espineta) que debia haber sido fabricada hacia el siglo XVI en Roma. Supie ron que era italiana y de esta ciudad en concreto porque en el interior de la misma habia una especie de etiqueta que certificaba su noble procedencia sin dudarlo, y tras regatear con el ropave
la compreron.
Iban felices por el camino se iban alternando la espineta. Cuando llegaron a casa se deleitaron con su sonido hasta que les sorprendio la noche. Nada mas acostarse, Bach se quedo pro fundamente dormido y comenzo a sonar que un joven senor, ves tido con gran esmero y ricos atavíos, declaraba ser el expropietario de la espineta y que la había tocado en innumerables ocasiones ante el rey Enrique III. Este caballero contaba, además, que sobre aquella espineta el rey Enrique III habia compuesto y despues can tado con su melodiosa y armonica voz una cancion triste pero a la vez dulce. En ese mismo momento, y tras hacerle esta revelacion, este gentil hombre inició las primeras notas de dicha cancion.
Eran las dos de la madrugada cuando N. G. Bach se desperto con el corazon un tanto acelerado y con la extrana sensacion de que esa melodia seguía sonándole dentro de su mente. Cuando terminó de rebobinar en su interior todo lo sucedido en el sueno, se sintio profundamente impresionado. Tardo en dormirse, pero al cabo de dos horas lo consiguio. Nada más volvio a sucederle y la tranquilidad presidio toda la noche hasta que la luz del nuevo dia se colo por entre los grandes ventanales de su habitacioón. Abrio los ojos, extendio sus brazos para desperezarse y, cuando iba a levan tarse, descubrio sobre la cama la presencia de una hoja de papel que tenía impresa las siguientes palabras:
«Air et paroles du Roí Henri lll»
Atonito ante este mensaje -¿había llegado desde el mas allá?— recordo que eran exactamente las mismas palabras que aquel gen tilhombre, que decia ser el expropietario de la espineta, le habia susurrado al oido en suenos. La musica emergio de su mente y los nervios comenzaron a aflorar. Una pregunta le asalto en ese mismo instante ¿Fue un mensaje del mas alla o fue el mismo quien com puso la musica y redacto la carta mientras estaba sumido en un pro fundo estado de sonambulismo?
Este hecho le obsesiono durante un tiempo. Pasadas un par de semanas, un fuerte dolor de cabeza y un temblor nervioso comenzo a agitar su brazo derecho y, de forma inconsciente, escribio las siguientes palabras en un frances antiguo que, evidentemente, nunca habia estudiado antes: El rey Enrique, que me hizo donacion de la espineta ahora en su posesion, era el autor de una estrofa de cuatro líneas. Estos versos, escritos sobre un pergamino, los hizo clavar en el cajon en que me mando el instrumento. Anos mas tarde, obligado a viajar y a llvarme conmigo la espineta, y preocupado por el hecho de que el pergamino se pudiera perder o ser arrancado, lo quite de donde estaba clavado y lo escondi en un pequeno nicho del teclado donde todavia se encuentra. Baldazzarini.»
De forma inmediata, la mano de N. G. Bach recomo el teclado, lo levanto y encontro el pergamino. Ante tal hallazgo, decidio recurrir a expertos en el analisis de la escritura y para ello acudio a la Biblioteca Real de Paris que, efectivamente, autentifi caron que esa escritura correspondia, hasta en el mas minimo de los detalles a Baldazzarini, conocido historicamente por haber vivido en la corte del rey Enrique III en calidad de musico y violi nista de palacio. Como cabe suponer, este hecho corrio como un reguero de polvora y en pocos dias todas las gacetas de la epoca se hicieron eco rapidamente del caso y muchas fueron las opiniones vertidas sobre el asunto. Un hecho estaba claro para todos: la serie dad y el equilibrio de N. G. Bach estaban fuera de toda duda, por lo que unos hablaron de poderosas fuerzas subconscientes y otros se sintieron inclinados a creer en una verdadera y autentica reve lacion de los espiritus. Lo que Bach nunca dijo a la Biblioteca Real de Paris ni a nadie es que durante la noche siguiente de haber descubierto la hoja de pergamino en la espineta,esta se puso a tocar la partitura una y otra sin que nadie se acercase ni tocase las teclas del instrumento, Paso el tiempo y la espineta dejó de producir sonido alguno, hasta que una noche Bach volvio a tener un sueno extrano. En el mismo se veia al rey Enrique III interviniendo como medium en una extrana sesion, en la que el rey sometia a Baldazzarini a tales experi mentos que le hizo enloquecer. Para ocultar estos hechos, Enrique III habia convocado a los espiritus de sus antepasados y, tras arrancar con sus manos el corazon de Baldazzarini, hizo un conjuro para que el alma de este se ocultara lejos del alcance de todos los seres huma nos y de los que no lo fueran. Que mejor sitio que en el corazon de la espineta y que mejor castigo que condenarle a tocar tal instrumento cuando fuera usado por cualquier ser humano.
Los historiadores del rey Enrique III no ocultaron a la posteri dad las inclinaciones esotericas del monarca y las de otra clase, como, por ejemplo, ser junto al propio Baldazzarini uno de los pro motores de la famosa «noche de San Bartolome», tragica por la cantidad de muertes y asesinatos que se produjeron.
Los agitados sueños de un nino de once años
(Siglo XX)
Esta es la historia de un nino de once anos que hizo que se hablara de el durante mucho tiempo debido a las extranas consecuencias que tuvieron sus agitados suenos. Es una historia veraz, contrastada y que en realidad, sucedio. No se pretende asustar a nadie, tan solo nos vamos a ajustar a los hechos que acaecieron excluyendo expli caciones superficiales y afirmaciones dadas por quienes quieren defenderse a si mismos y a los demas del inexplicable misterio de la vida del mas alla
Nos encontramos en el pequeno pueblo brasileno de Val di Susa, donde vive el protagonista de nuestra historia, Flavio, un chico de 11 anos. Se trata de un nino alegre como todos, jugue ton y muy travieso. No tiene una imaginacion desbordada; simple mente se dedica a jugar al futbol entre las favelas del barrio pobre donde residePero un buen dia el anonimato en el que se desarro lla su existencia cambia a consecuencia de unos extranos sucesos que comienzan a sucederle. Una noche, Flavio se agita demasiado en su cama presa de una pesadilla. Su abuela, preocupada por los constantes y angustiosos estremecimientos, lloriqueos y los sudores a pesar de su avanzada edad, decide incorporarse para ver que le sucede. Cuando cruza el umbral de su habitacion y se adentra donde esta Flavio no puede creer lo que esta viendo: todos los muebles de la casa se mueven a ritmo acompasado desa fiando las leeys de la estabilidad y de la inercia.
Todo el mundo estaba asustado. Nadie habia visto nada igual. Las mantas de la cama, como si de una energia invisible se tratara, se elevaron y se estamparon contra el techo, donde se quedaron flotando. La abuela de Flavio, cada vez que intentaba acercarse al muchacho, era despedida contra la pared de enfrente. Luego le toco el turno a la manteleria, a la vajilla y a los restos de comida que habian quedado de la cena. La mente de la anciana intentaba trabajar con rapidez para encontrar una explicacion logica a lo que estaba sucediendo. Del jergon de la cama no paraban de salir hilos de paja que se juntaban en el aire junto a fideos y restos de ensalada.
Mientras tanto, Flavio seguia debatiendose en una extrana lucha consigo mismo. Todo levitaba en la habitación menos el y su abuela y, de pronto, pronuncio unas extranas palabras acompanadas por una advertencia destinada a su abuela: «Nunca mas volve ras a dormir». Y dicho y hecho. Todo, de repente, cayo al suelo y el nino siguio durmiendo placidamente, como si nada hubiera ocu rrido. Cuando amanecio Flavio no recordaba nada de lo sucedido y abuela no se atrevió a preguntarle. Ademas, decidio no contarlo vecinos por temor a que pensaran que había perdido la cabeza.En definitiva, transcurrio la jornada como si no hubiera sucedido nada anormal.
Pero llego la noche, y con ella el temor a que volvieran a hechos tan extranos como los de la anterior. Flavio se dormido enseguida, por lo que su abuela decidio echarse en su jergon. Fue a apagar la luz de su candil pero no pudo: cada vez su soplo impactaba contra la llama, esta, lejos de apagarse, lo hacia era aumentar su fuego. Cuando comprendio que podia incendiar la casa si seguia con su actitud, dejo de soplar, pero no pudo. conciliar el sueno. De repente, ante su sorpresa, la vela rodo por el suelo, se abrio la puerta ante el embite de una imprevista rafaga de viento y el candil echo a rodar y tomo el camino del campo se adentro entre cultivos al mismo ritmo acompasado que siguieron los objetos de la casa la noche anterior y sin incendiar nada de lo que encontrara a su paso. El espanto ante tal vision hizo que la abuela no pudiera pegar ojo durante toda la noche, y que se cumplieran asi las profeticas palabras emitidas en suenos por su propio nieto.
A la manana siguiente cuando su nieto acudio a la escuela, la abuela decidio ir en busca de una medium para que intentara desentrañar el misterio. Como es logico, estos hechos no pudieron mantenerse ocultos para la poblacion durante mucho tiempo. En Val di Susa comenzo a correr el rumor de que la casa se hallaba poseida por los espiritus demoniacos. Con sus escasas pertenencias, los campesinos comenzaron a abandonar Val di Susa al tiempo que llegababan mediums procedentes de todo el pais. Pero daba igual. La profecia que los labios de Flavio habian pronunciado se estaba cumpliendo al pie de la letra. La abuela llevaba seis dias sin dormir por su fragil constitucion comenzó a sufrir los efectos de la fatiga y la falta de sueno. Y no solo se trataba de eso, pues a partir de aquel entonces tambien su mente comenzo a transtornarse seriamente.
Se alejo del pueblo en un intento de escapar de la maldicion y dejo al muchacho al cuidado de un matrimonio que aun se mante nia en el pueblo. Pero a partir de aquel momento ya nunca pudo conciliar el sueno. Su vida se le escapaba sin remision. Los medi cos no encontraban explicacion al insomnio pertinaz de la anciana y la unica componenda que podian esgrimir en sus diagnosticos era que se trataba de un «desajuste en la capacidad del hemisferio derecho que afectaba la funcion del sueno». El caso es que cada vez iba a peor y nadie podia hacer nada por remediar lo que ya parecia irremediable.
Se atiborro a pastillas, plantas medicinales, tranquilizantes, pero nada tuvo efectos positivos. Todas las noches la anciana veia desfilar el candelabro por delante de su habitacion, bailando a ritmo de samba, y desaparecer entre las carcajadas de una voz que le sonaba familiar. Dia tras dia, mientras su salud se deterioraba de forma irreversible iba comprendiendo lo que le estaba sucediendo, aunque no pudiera salirle más que un hilo de voz que apenas lograban escuchar los medicos. Una noche, la ultima que vivio en este mundo, la abuela comprendio las palabras profeticas pero malditas que habia pronunciado su nieto Flavio treinta y dos noches atrás. RecordO, como si de un extrano resorte se tratara, que siete anos atras, cuando vivian los padres de Flavio y ella moraba en la casa colindante a la de ellos, oyo o creyo oir los gri tos angustiosos de su hijo y de su nuera. Ese mismo dia habian tenido una fuerte discusión acerca de la educacion que le estaban dando a Flavio que, por aquel entonces contaba con tan solo cua tro anos de edad. Los gritos eran claros, pero ella decidio no acu dir a ver que pasaba pensando que se trataba de una mas de las acaloradas discusiones que solia mantener el matrimonio. Pero esta vez la abuela se habia equivocado. La llama de un candil mal apagado habia rodado por la habitacion y habia prendido la paja de la cama donde dormian. Sus padres murieron abrasados en el incendio y solo Flavio pudo ser rescatado de aquel infierno gracias a un campesino, que arriesgo su vida para salvarle. Flavio solo se quemo una mano.
Un momento antes de que se apagara su vida, la abuela de Flavio tuvo un instante de lucidez, justo para intentar apagar la luz del candil que alumbraba la habitacion del sencillo hospital donde se hallaba.Un pequeno halito salio de su boca, rozo la llama y esta se apago al mismo tiempo que su vida se extinguia. Por fin se habia quedado dormida, aunque esta vez para siempre.
Dicen las gentes de Val di Susa que una extrana coincidencia se produjo el mismo momento en que moria la abuela de Flavio. El chico cuando su abuela moria, volvio a tener convulsio nes pero de repente, dejo de agitarse y pronuncio unas palabras que dejo helados a quienes se hallaban junto a el: «Por fin has apa gado la vela que abraso a mis padres, la misma que va a hacer que te quemes en el infierno», y los dos candiles de la habitación se encendieron y las llamas alcanzaron practicamente el techo y se volvieron a apagar. Nunca mas Flavio volvio a tener pesadillas aunque el nunca se dio cuenta de lo que ocurria mientras dormia.
Campanadas a medianoche
ambos conseguian que la nave de Jan no encallara entre los riscos. Y es que en esa parte de la playa la resaca es muy fuerte y los escollos demasiado peligrosos hasta para un experto navegante.
Naturalmente, para los habitantes de Telecomb's Tye era una estampa habitual ver llegar a Samaba en la grupa de su caballo, procedente de la casa que habitaban en la cumbre de la colina para esperar el regreso de Jan. Pero una noche el desembarco no llego para nadie. Impresionantes nubes de un desalentador color gris tenian su "vientre cargado de lluvia. Durante todo el dia habian amenazado con verter su contenido liquido hasta que, a ultima hora de la tarde, estallo la tempestad con toda la violen cia que podía ser posible. Olas gigantescas comenzaron a estre llarse de forma brutal contra los riscos y los acantilados de la bahia. La tempestad, lejos de amainar, se endurecio con la lle gada de la noche manifestando todo el poder del que es capaz una naturaleza enfurecida.
Las mujeres del pueblo, asustadas ante la magnitud de la tem pestad, decidieron acudir a refugiarse en la iglesia y elevar plegarias a Dios para, de esta forma, proteger a todos los hombres que en ese momento se hallaran en la mar. La campana de la iglesia resonaba con lentos repiques para orientar a unos hombres que, en medio del mar, se hallaban entre la vida y la muerte. La única persona de Telecomb's Tye que no acudio al lugar sagrado fue Samalia quien, desafiando a todos los elementos, habia acudido a la playa, donde al abrigo de una gran roca concava se quedo espe rando la llegada de su marido, una llegada que no se produjo.
La luz de la manana acaricio el rostro adusto de Samalia. Esos primeros rayos de sol después de tan terrible tempestad traian, por un lado, la esperanza de que todo lo peor ya habia pasado y, por otro lado, la desesperanza de no saber nada de Jan. De improviso, y despues de ponerse la mano derecha en la frente a modo de visera, Samalia alcanzo a ver una pequena embarcacion con un punado de hombres extenuados y completamente empapados que arribaba a la costa. Sus ojos reflejaban el terror tras la terrible noche que habian vivido en alta mar presos de la furia desatada de los ele
elementos. Solo llegaron seis de los catorce hombres que habian partido dos dias
atras del pequeno puerto del pueblo. Narraron, entre sellozos, como sus companeros habian perecido tragados por la mar embravecida y, entre ellos, el pobre Jan. Trancurrieron los meses y Samalia se aislo por completo del
mundo. Siempre estaba sola en su casa de la cima de la colina y su pensamiento solo era para una persona: Jan. Y cuando no pensaba
en el era el propio Jan el que acudia a la mente de Samalia. Asi pasaron los meses hasta que un ano despues, el dia del primer ani versario de la muerte de Jan, se volvioa formar una tormenta de dimenciones parecidas a la de aquella fatal noche del 14 de abril de 1285.Samalia no podia conciliar el sueno en parte por el gran estrepito producido por la tempestad y, en parte, por el recuerdo doloroso de Jan. De repente, a Samalia le parecio oir unos golpes en la puerta. Estaba semidormida o, mejor dicho, perdida entre sus pensamientos, pero aquellos golpes le resultaron demasiado familia res, penso que se trataba de su imaginacion desbordada, que le gas taba una broma demasiado cruel, pero la llamada se repitio de nuevo. Era la misma forma de golpear la puerta que tenia Jan cuando regresaba a casa. El temor, el ansia y la esperanza se entre mezclaron. Se levanto del lecho y muy nerviosa, acudio hacia la puerta entre temblores. Cuando llego al pomo un instante de vaci lacion la paralizo. Y en ese momento los golpes se repitieron. Su corazon palpitaba con la misma furia que la tempestad, pero Sama lia abrio la puerta. Alli estaba Jan, frente a ella, mirandola con un infinito amor
Quiso echarse en sus brazos; quiso apretarse contra su cuerpo humedo y viril, pero algo la paralizo cuando, por un instante, se detuvo a observar con mas detenimiento el cuerpo de su amado: su
cuerpo era transparente y, a traves del mismo, podia ver las luces de la bahia y el resplandor difuso y extrano de la luna que iluminaba el umbral de la casa.
Una lagrima comenzo a recorrer el rostro de Samalia y, en ese instante, Jan hablo. Relato la terrible tempestad y la lucha que habia tenido que mantener aferrado al mastil de proa para no irse a pique; le hablo de todo: del fuerte oleaje; de su rendicion y de su muerte, y de lo mas importante, de que su ultimo pensamiento habia sido para ella, para su mujer, para Samalia. La mano de Jan rozo el rostro de Samalia y ella sintio que un halito ligero la envol via por completo y la levantaba del suelo. Jan le hizo una solemne promesa, como solo pueden hacerla los muertos: si en cada novilu nio Samalia acudia a la playa con una antorcha él volvería para verla hasta el dia en que pudiera llevarsela con el.
Y asi ocurrio. En cada novilunio surgia del mar la figura fan tasmagorica de Jan guiado por la luz tenue del candil de Samalia hasta que una noche de invierno los habitantes de Telecomb's Tye vieron a Samalia acercarse demasiado a la orilla del mar. Una fie bre desconocida la estaba consumiendo desde hacia tiempo y los medicos no daban con la solucion para atajar el misterioso mal que la envolvia. Del mar, repentinamente encrespado por una tempes tad subita, surgio una plateada embarcacion luminosa en la que estaba Jan, quien tomando entre sus brazos a Samalia, se alejo con ella adentrandose en el infinito mar. Las mujeres que estaban en la playa esperando a sus hombres les vieron desaparecer en el momento en que el mar se calmo.
Desde ese dia, cuando en el novilunio el mar se torna bravio, se ve la figura de una embarcacion luminosa en un punto alejado del puerto de Telecomb's Tye. Incluso, hay quien afirma haber visto a Jan y Samaba felices, sobre un caballo blanco, dirigirse hacia la colina donde hace mas de seiscientos anos existio una casa. Hoy no queda nada de aquella vivienda. Sólo las lomas y las figuras incorporeas de dos amantes que aun no han traspasado el transito entre este mundo y el otro.
La Campana sepultada de Peter y Lynn
En la localidad holandesa de Dorsen, un pueblecito perdido entre las montañas de la verde Erin, es habitual que sus habitantes aludan en sus conversaciones a la campana de la iglesia sepultada bajo las aguas del lago Dort; dicho lago se formo cuando en el ano 1423 el gran dique se resquebrajo y se trago un valle entero con todos sus habitantes en la oscuridad de una noche totalmente cerrada. Fue un ataque a traicion sin limites, sin piedad.
Se habla de la campana en todas las tabernas, ante un vaso de vino o cerveza acompanada de un buen trozo de queso; tambien alrededor de la chimenea, cuando las mujeres se calientan en los largos anocheceres de invierno y se dedican a coser las prendas de sus maridos o a repasar todas las botonaduras maltrechas; y tambien se habla de la campana en suenos; a buen seguro los habitantes desearian no hablar nunca mas de esta campana, pero tal cosa no es posible porque, de vez en cuando, todavia hoy se la oye repicar de forma amortiguada, como si su sonido saliera de las
entrañas de la tierra, se volvio a hablar de ella cuando el médico del pueblo, Hans Dieter se unio al destino de su mujer, fallecida en aquella triste noche oscura en la que el lago Dorf se la trago junto a todos sus conciudadanos. Hans siempre se habia reprochado a si mismo no haber estado esa noche en el pueblo, pero por desgracia habia sido el unico superviviente de la tragedia acaecida cuarenta y siete anos atras. La muerte de Hans también trajo a la mente de los ciudada nos del lugar el recuerdo de aquella pareja de jovenes enamorados que, hacía algunos anos, habían decidido arrojarse a las aguas pro fundas y gelidas del lago para escapar de las familias que les querian separar. Y volvieron a recordar la campana cuando casi se habia olvidado la historia de Peter y Lynn.
Lynn, hija unica del viejo Dorset, era una verdadera belleza. Alta, rubia, con ojos azules, una figura gracil y un rostro blanco como la nieve eran los valores estéticos que tenian a Peter embelesado. Desde muy temprana edad, antes incluso de que ambos fueran a la escuela juntos, Peter y Lynn se habian jurado amor eterno y fidelidad en la orilla del lago, desde donde se podia ver la campana de la igle sia sumergida. Peter era físicamente opuesto a Lynn: fuerte, moreno, de ojos castanos y pelo corto, y poseia un caracter fuerte que contras taba con el gentil y dulce de Lynn. Sin embargo, con Lynn era ama ble, carinoso y tierno, y nadie dudaba de que cuando Peter regresara del viaje en barco que le aguardaba, se desposarian.
En la orilla del lago se vieron por ultima vez e hicieron el amor de forma apasionada. Lynn prometio a Peter que jamás seria de otro hombre, que nunca le olvidaria y que le esperaria. El se fue. Pasaron los dias y los meses, hasta que casi sin darse cuenta se cum plio el primer aniversario de su marcha. Las cartas de Lynn llega ban siempre al puerto ingles de Portsmouth y este las contestaba con gran celeridad hasta que, un buen dia, dejaron de llegar. Peter, extranado y un tanto desesperado, le escribio varias veces sin obte ner ninguna respuesta. Al cabo de cuatro meses Peter recibio la misiva de un amigo en la que le comunicaba que Lynn se hallaba encerrada en casa, o mejor dicho, encarcelada en su casa por su propio padre. El motivo no era otro que la exigencia del padre, que queria que su hija se desposara con un rico propietario.
Sólo quedaban tres semanas para que los desposorios se lleva ran a cabo, justo el tiempo que tardaria Peter en llegar a Dorsen e impedir que la boda se consumara. Lynn, mientras tanto, esperaba entre angustiada y esperanzada la llegada de Peter. Pasaron las tres semanas y Peter no pudo llegar a impedir que la desgracia anegara su vida. Lynn, que ignoraba que su amado estaba a tan solo tres horas de camino de Dorsen, consiguio eludir la vigilancia de la anciana que le puesto su padre como carcelera en su propia casa, y se dirigio a la orilla del lago, el lugar donde se habian amado
por ultima vez. Una vez alli desde un monticulo, Lynn vio salir de la casa de su padre a varias personas que portaban antorchas. Su fuga habia sido descubierta. Corrio hasta alcanzar un penasco que dominaba el lago, la gente de Dorsen contemplaba la escena en silencio Eran testigos mudos de la desgracia que se vecinaba, Cada minuto que pasaba se recortaban las distancias entre la perseguida y las personas que la seguian, cuando la luz calida de las antorchas estaba a unos escasos cincuenta metros de ella, Lynn lanzo un un gemido desesperado, levanto los ojos al cielo como pidiendo per don por lo que iba a hacer y se lamzo al vacío. Desde el fondo del lago la campana resono con lentos repiques, como si lamentara semejante acontecimiento, instantes despues llegaba Peter al lugar y ni siquiera pudo ver al cuerpo de de su amada. Presa del dolor y del resentimiento y para evitar matar con sus propias manos como era su deseo al padre de Lynn, se alejo de Dorsen con la intencion de no regresar jamas
Desde el aciago dia y coincidiendo con el aniversario de tan triste desenlacede, los ciudadanos de Dorsen no han dejado de escu
char la campana. pero es el padre de Lynn quien lo escucha con mas fuerza, pues despues de que su hija se
arrojo al vacio enloquecio de dolor
Transcurrieron mucho anos antes
de que Peter volviera al lugar de la desgracia.
Estaba envejecido, demacrado, encorvado y solo
Una noche de mayo una tormenta agitaba las aguas del lago desde la ventana de su casa Peter miraba. No sabe mos si fue el viento o quizas su mente, pero el escucho muy clara mente una voz que le llamaba de forma desesperada y que le susurraba Peter mio, no eran figuraciones de Peter, porque todos los ciudadanos de Dorsen oyeron esa misma emitida por una voz conocida, la frase no les era del todo desconocida. El sonido atravezaba los muros de las casas y de los cristales, los perros se pusieron _ a aullar como nunca lo habian hecho antes y las campanas de la nueva iglesia repicaron por si mismas, sin que nadie las hubiera hecho tanir.
El pueblo entero se congrego, a pesar del miedo que les embar gaba a todos, en las orillas del lago. En un momento dado, Peter salio de su casa y presa de un ardor juvenil identico al que habia per dido hacía mucho tiempo, se encamino hacia el penasco desde el que Lynn se había arrojado hacía tantos anos. En la palidez del alba vio una blanca figura que se perfilaba en la cumbre. El viento y la lluvia le azotaban pero el, indiferente a la tempestad, corria hacia el penasco con paso cada vez mas ligero.
A su llegada, la blanca figura se arrojo a las aguas del lago. Peter, sin dudarlo, la siguio y ante los atonitos ojos del pueblo cogio entre los brazos la delicada figura blanca y se lanzo al abismo con ella. En ese preciso instante, las campanas de la iglesia sumergida parecieron ascender hasta el penasco, ¡asi de penetrante era su sonido! Sonaron a rebato y los amplios circulos que cubrian la superficie del lago esparcieron una melodia que se difundia por todo el valle, como si su música no se elevase por una muerte, sino por una boda. Y así fue.
Algunos aseguraron haber visto con el primer rayo de sol, en el fondo del lago, a dos jovenes que cogidos de la mano cruzaban el umbral de la vieja iglesia mientras las algas danzaban a su alrededor al son de las campanas. Desde ese momento, cada vez que dos seres humanos que se han amado en la tierra alcanzan la vida eterna se oye el sonido de la campana sumergida. El repique no atemoriza a nadie porque en la localidad de Dorsen, aun hoy, y diria que espe cialmente hoy, reza un cartel que dice lo siguiente: «Quien estaba solo, ahora ya no lo esta. Nuevo y eterno es el camino de quienes en la eternidad se hunden asiendose de la mano.»
Los angustiosos lamentos de Lord Gofer
Existe una leyenda estremecedora en Dinamarca que cuando sale
a la palestra hace temblar hasta al mas pintado. Todo lo que a continuacion paso a relatar es veridico o asi, al menos, todavia lo
creen los habitantes del pequeno pueblo de Esbjerg. Existe aqui un castillo cuyos origenes se remontan a la epoca posvikinga, aproximadamente
hacia principios del siglo XIV. Pues bien, desde hace unos 6 siglos cuando los esbjerganos oyen lamentos angustiosos provenientes ; del castillo y ven una figura verde de mujer asomarse al viejo torreon que domina la llanura, entienden que alguien, de forma inexorable va a morir Fue un terrible hecho acontecido hace mas de trescientos anos el que desencadeno que aun hoy, los lugarenos de la zona «padez can» el presagio fatal que augura la presencia de la vision. Hace mucho tiempo el castillo pertenecía a lord Gofer. Los campesinos que le rendian vasallaje pronunciaban siempre la misma frase: Que buen amo es el senor!», pero curiosamente, las esposas de estos afirmaban exactamente lo contrario: «¡Qué mal marido!» Y a fuerza de ser sinceros, hay que admitir que las mujeres llevaban la razon. Lord Gofer, un dia si y otro tambien propinaba a su esposa malos tratos -tanto fisicos como psiquicos-, la humillaba e incluso la hacia pasar escasez y hambre mientras que el, senor de todas las tierras hasta el mar, se divertia y gozaba con los campesi
y sobre todo, con las hijas de estos, pues no renunciaba a ejercer el derecho de pernada, que le permitia gozar de las esposas de cualquiera de sus subditos en la noche de bodas, ante la compla cencía de sus acolitos.
Pero un buen dia, la senora dejo de sufrir para siempre dejando a cargo de lord Gofer una criatura de cuatro meses de vida. Una infeccion producida por un mal parto le produjo una agonia que paso inadvertida para su marido porque el quiso que asi fuera, por lo que no resulto nada raro que nada mas ser enterrada, Gofer se dedicara de nuevo a sus cotidianos quehaceres, que no eran otros que divertirse hasta la extenuacion. Para librarse de estar atado a las responsabilidades y obligaciones que conllevan los cuidados de un recien nacido, lord Gofer puso a su hijo una nodriza y continuo con su vida disoluta.
El desdichado bebe, ademas de perder a su madre y de tener el padre que tenia, tampoco tuvo suerte con la nodriza que le toco en suerte. Esta se dedicaba principalmente a otros quehaceres, como dar placer a todos los caballeros que moraban en el castillo. De esta forma, un dia el bebe comenzo a enfermar de gravedad y en lugar de ser atendido debidamente por la nodriza y por algún medico, se le dejo que muriera de hambre en la torre que dominaba el campo y las llanuras de Ebjerg. Tales eran sus lamentos que llegaban hasta el mismo corazon del pueblo, que rodeaba las murallas del castillo, pero un dia las angustiosas llamadas de socorro dejaron de escu charse. El bebe había corrido la misma suerte que su madre. Lord Gofer tampoco parecio sentir demasiado la muerte de su hijo. «Una preocupación menos» penso para si, como si en algun momento le hubiera importado algo su hijo.
Pero al cabo de un mes de ser enterrado el bebe, ya nada vol vio a ser igual para lord Gofer. Cada vez que se reunia con sus ami gos, caballeros y campesinos fieles -o mejor habría que decir sumi sos- veia en la puerta que daba acceso al gran salon de su castillo un difuso espectro envuelto "en una luz verde que con una mano le senalaba a un nino pequeno que sostenia en brazos. Pero el no era el unico que podia ver esta horrible aparicion. Todos los comensales contemplaron la misma visiin. No habia lugar para la equivocacion: o lo veian todos y la vision, por tanto, era real o o todos eran presa de alucinaciones. Obviamente quedo descartada esta segunda disyuntiva.
Poco a poco lord Gofer se fue quedando solo, porque en estas ocaciones los amigos suelen desertar como las ratas en un naufra gio. En el intervalo de pocos dias lord Gofer se quedo sin ningun amigo y sos «fieles» vasallos de orgias y bacanales desaparecieron de su vista. A partir de ese momento comenzo a ver la aparicion •tambien durante el dia, mientras realizaba las tareas propias de un senor feudal, como comprobar las cuentas o asegurarse de que los campesinos habian pagado los diezmos, y durante la noche, cuando se retiraba a sus aposentos para intentar conciliar el poco sueno que le quedaba, pues los remordimientos, al tiempo que se suce •dian las constantes apariciones, comenzaban a hacer mella en el. Cono era de prever, su mente no pudo resistir tantas presiones y decidio. en un impulso subito, arrojarse desde el torreon donde habia dejado a su hijo morir de inanicion. Hay quien afirma que el
lamento del espectro era el de la pobre esposa del senor, que mani festaba asi su dolor por la horrible forma en que se dejo morir a su hijo. Dos dias despues de ser enterrado lord Gofer, la nodriza vol vio a ver un espectro difuso en una luz verde que sostenia a un nino en brazos. Pocas horas más tarde moria ahogada en su propio vomito. Tres dias despues volvio a sucederse la vision en la torre, y esta vez quien la observo fue una persona muy especial para lord Gofer; asi murio su mas fiel colaborador en las orgias. A partir de entonces, nadie se aproximo al castillo por temor a ver la vision, pero el espectro siguio apareciendo en la torre, agitando largos velos verdes. Esta era la senal de que alguien del pueblo debia morir. Y la visión continua todavía en nuestros dias.
Insisto de nuevo en que esta historia es real. En la ciudad de Esbjerg se sigue teniendo mucho respeto a la figura de la torre del castillo, que aún sigue en pie. No soy quien para impedir a nadie que acuda a visitarla, pero si para recomendar que, por si acaso, se abstengan de hacerlo. Nunca se sabe.
Visitas al molino desde el mas alla
En la aldea holandesa de Den Helder, situada en las margenes de un gran dique, se alza un gran molino de aspas largas y enne grecidas. En la noche del 9 de agosto de 1765 una joven pareja que estaba de viaje de novios camino de Amsterdam se refugio en el mismo al verse sorprendidos en el camino por una inesperada tor menta.Un tanto asustados por la violencia de la tempestad, fatiga dos por el viaje, hambrientos y ateridos por el frío aire del Oceano atlantico, la pareja decidio acudir al caseron perteneciente al dueno del molino para pedirle refugio y un poco de comida; nadie contesto a sus llamadas, y decidieron, de forma un tanto impru dente pero llevados por la desesperacion, adentrarse en la morada a pesar de estar ausente su dueno. Se encontraron con una gran habitacion amueblada con dos viejos taburetes, cuatro sillas y una artesa, todo ello cubierto por muchisimo polvo por lo que dedujeron que la estancia quiza estuviera deshabitada
En la gran chimenea que presidia el salon no habia polvo ni cenizas, y en la cocina sólo unos cacharros de viejos y ennegrecidos reposaban n en la ventana. Juana y Felipe -que asi se llamaban los recien casados- encendieron fuego en la vieja chimenea con unos trozos de lena que encontraron en la parte trasera del caseron. Sobre la chimenea hallaron un viejo candil que, curiosa mente, estaba lleno de aceite. Descansaron, comieron algo de lo que pudieron encontrar en la despensa del caseron y se disponian ya a dormir cuando escucharon voces y risas que procedian del exterior de la vivienda. Las voces cada vez se oian mas cerca, hasta que se pudo escuchar con total nitidez: «Mira Martin, en nuestro viejo molino hay alguien; fíjate, la chimenea esta encendida y el candil ilumina el camino desde la ventana, ¡tenemos huespedes!».
La puerta se abrio de repente y penetraron en la casa una pareja de ancianos que, a pesar de su avanzada edad, teniían el aspecto de ser tambien unos recien casados. El era alto y robusto, mientras que su compañera era pequena y rubia. Se acercaron a Felipe y Juana quienes, un tanto avergonzados por haber sido des cubiertos dentro de la casa sin haber pedido consentimiento, no sabian como excusarse. Sin embargo, la reaccion de los duenos no fue hostil ni mucho menos; todo lo contrario, se alegraron de la presencia de dos jovenes porque, segun dijeron, era muy raro que alguien se acercara por esos lares.
Los cuatro se sentaron frente al fuego y charlaron animada mente. Se les veia felices y no parecian tener prisa porque llegara la hora de marcharse a la cama. Una vez en ella, Juana y Felipe comentaron en voz baja la historia que les habia contado el moli nero Martin y que les había dejado un tanto perplejos. Despues de un ano de escaseces y penurias -les conto Martin- el molino de su propiedad paso a manos de un tal Walderse, persona de pocos escrupulos que le invito a casarse con su hija a cambio de salvar el molino. Acepto a pesar de que Maria padecia de locura. Pero se dio cuenta de ello demasiado tarde, ya que el noviazgo fue muy corto. La misma noche de bodas, al acercarse a ella para cogerla en bra zos, Maria sacó un punal e intento clavarselo en el vientre mien tras pronunciaba frases carentes de sentido.
Aquella noche Martin no pudo pegar ojo y, a la manana siguiente, un medico que vino a visitarla certifico su locura a pesar de que era del dominio publico la situacion mental de Maria. Martin no la arrojo de su lado, todo lo contrario, pero exigio a Walderse que cuando el se ausentara se encargara de la custodia de su esposa un hermano de esta. Pasaron los anos y un dia llego al pueblo una muchacha llamada Silvienne. Era pobre y probo for tuna como gobernanta en la casa de Martin. Con el paso del tiempo, y como era de prever, Martin se enamoro de la muchacha aunque nunca le confeso su amor. Una noche, el freno del meca nismo del molino salto y las aspas comenzaron a girar de forma ver tiginosa. Mientras su cunado Wilfrid y María dormian, Martin y Silvienne luchaban para detener la pesada y vieja rueda y de esta forma salvar la estructura del molino. Lo lograron y sus ojos se cru zaron sin poder evitar lo inevitable.
Wilfrid, jugador y bebedor, una noche dirigio a Silvienne fra ses vulgares y groseras. Estaba ebrio, pero ese atenuante no impidio que Martin le arrojara de su casa. Wilfrid no tardo en vengarse y fue diciendo por el pueblo que su cunado era un adultero.
Una noche, y antes de que Silvienne se acostara, la puerta de su dormitorio se abrio lentamente. Wilfrid estaba al otro lado, borracho como de costumbre pero sabiendo muy bien lo que hacia. Se acerco a ella, se echo mano hacia sus genitales y los dejo entre ver a traves del hueco de sus pantalones mientras cogia a Silvienne y la empujaba de manera violenta hasta arrojarla en la cama. Ella se intentaba defender pero era inutil. Cuando estaba a punto de consumar la violacion, Silvienne se dio cuenta de que Wilfrid pedia el conocimiento y que una gran mancha de sangre le salpicaba el camison. Un sudor frio recorrio todo su cuerpo cuando vio que Maria estaba detras de su agresor con un candelabro en la mano impregnado de sangre y unos restos blanquecinos. En ese preciso instante entro Martin y Maria salio corriendo lanzando frases inco herentes. Descalza corrio hacia la rueda de molino, se arrojo a ella y murio en el acto, descuartizada.
Este era el relato que había narrado Martin a Juana y Felipe. Al dia siguiente, cuando se despertaron, se percataron de que nada era como la noche anterior. Las sabanas limpias que les habia pro porcionado Martin ya no existian y en su lugar solo habia una vieja manta polvorienta con grandes agujeros. Los dos jovenes no podian dar credito a lo que estaban viendo; no era posible que todo lo que había sucedido la noche anterior fuera solo un sueno.
Se acercaron al pueblo y le preguntaron a un aldeano de quien era el molino de aspas negras. El viejo les repondio que esa era una historia muy larga para contar, pero les relato de forma breve la his toria de Martin, Silvienne, la loca y su hermano Wilfrid. «Martin encontro a Wilfrid luchando con Silvienne y lo mato con un can delabro asestandole un golpe mortal en la cabeza. A la vista de la sangre Maria que habia acudido al escuchar los gritos de Silvienne pidio ayuda y fue entonces cuando Martin la cogio y la lanzo al molino , precisamente debajo de las aspas». Cuando la gente tuvo noticias del suceso por medio de Wil frid que no llego a morir, se enfurecio, y en lugar de investigar que habia ocurrido realmente cogii sus aperos de labranza y se tomi la justicia por su mano. Martin y Silvienne se hicieron fuertes dentro del molino pero toda resistencia fue inutil. En pocos minutos derri baron la puerta, fueron pasados a cuchillo y arrojados posterior te a la rueda del molino, donde encontraron la misma muerte que María. El pueblo había linchado a la pareja y Wilfrid se había
salido con la suya. La venganza estaba onsumada. Anonadados ante la historia que les había contado el anciano, Felipe y Juana decidieron salir de alli cuanto antes, pero tenian que regresar al molino para recoger unas pertenencias que se habian dejado con las prisas. Entraron y alli encontraron a Martin y a la mujer bajita y rubia. Su mirada estaba carente de expresion pero una sonrisa les abria la comisura de los labios. «¿Habeis dormido bien les preguntaron con amabilidad. Juana respondio con ner viosismo de forma afirmativa. Inmediatamente, la mujer bajita y rubia les imploro que se quedasen a desayunar. ¿Qué podian hacer si no aceptar? La presencia de Martín y Silvienne era real, no cabia ninguna duda. Sin embargo a medida que iban pasando los minu tos un hecho modificaba la actitud de los jovenes: ¡los rostros de Martin y Silvienne parecian recobrar la juventud perdida! Llego el momento definitivo. Al cabo de diez minutos inten sos no se podía distinguir quien era el mas joven de los cuatro.
parecia cosa de locos. De repente, alguien llamo a la puerta. Mar tin dijo a Felipe que abriera la puerta. Era el anciano que les habia contado la historia en el pueblo. Al ver a Martin se arrodilio, comenzo a llorar y a implorar su perdon. De repente todo estaba claro; el anciano no era otro que Wilffid, quien al oir la pre gunta de los jovenes no pudo reprimir su curiosidad y les siguio hasta el molino deshabitado. Al ver a la mujer rubia se acerco, se arrodillo y le dijo: «Silvienne, perdoname por arrastrarte a la muerte a ti y a Martin» Acto seguido, Silvienne y Martin desapa recieron y Wilfrid se arrojo a la rueda del molino que, de forma misteriosa, había vuelto a ponerse en funcionamiento. Las aspas del molino dejaron de ser negras por un instante. Mientras tanto, se pudo apreciar a dos enamorados, el alto y fuerte y ella bajita v rubia, que descendian la colina y se perdian en el infinito. Habian encontrado la paz.
Los soldados fantasma de Jena
La literatura y el cine se han encargado a menudo de mostrarnos historias fantasticas, poco creibles fuera de las pantallas cine tograficas. Antano fue Campanadas a medianoche de Orson Wells y mas recientemente, entre las multiples peliculas de fan tasmas que se han realizado, destaca una titulada Ghost. Los fan tasmas siempre han sido utilizados como fuentes de energia positiva es decir, como ayudantes de los vivos para deshacer problemas que los seres humanos nunca hubieramos sabido resolver sin su inestimable ayuda. Pero, ¿que pasaria si existieran los fantasmas, si estuvieran entre nosotros y, ademas, no fueran precisamente ama bles sencillamente, pasaria lo que ocurrio en la localidad francesa de Jena en los ultimos años del siglo pasado En las cercanias de la localidad francesa de Jena algunos de sus moradores afirmaban, aun a riesgo de que se les tildara de locos, que en una explanada cubierta de hierba, con algunas calvas, situada en las afueras de la ciudad ocurrian hechos extraordinarios cuando las agujas del reloj de la torre coincidian en el numero doce.
Ultimamente, cada cierto tiempo, aparecia en esa explanada alguien que habia sido brutalmente asesinado. Todos los cadaveres tenian la misma expresion de terror y las heridas que se encontra ban en sus cuerpos procedian de un arma blanca de grandes dimen ciones. Esas heridas tenian tambien otra caracteristica comun: estaban hechas con gran precision, infiriendo siempre la herida
en algun organo vital como el bajo vientre o el corazon. La pro fundidad de la cuchillada solia oscilar entre los diez y los quince centrimentos en funcion de la fuerza que hubiera ejercido el ejecu
tor sobre la victima.
La policia estaba desconcertada. Ningun cuchillo de los que se vendian en la zona coincidia en sus caracteristicas con las del arma que se empleaba en los asesinatos. Lo unico seguro es que siempre se utilizaba la misma: una gran hoja afilada de proporciones des mesuradas. Tras indagar durante varios meses se llego a la condu de que la unica que tenia las caracteristicas de la agresora no podia ser mas que una bayoneta calada. ¿Pero quien dispondria de una, qien podia ser tan certero y quedar tan impune entre los mienbros de su comunidad? Porque para la policia era evidente
que el asesino tenia que ser un miembro de la ciudad de Jena. Una noche sucedio un hecho que dio un giro radical al curso de las investigaones. Dos soldados franceses que estaban de per permiso en Jena decidieron ir a la explanada donde sucedian tan maca bros sucesos. Era medianoche cuando avistaron un antiguo coche frances, utilizado en otros tiempos para el transporte de suministros militares. Era muy antiguo, y los soldados dedujeron que debia per tenecer por sus estandartes y simbolos a la epoca napoleonica, entre los anos 1790 y 1810. Era arrastrado por cuatro caballos negros y estaba ocupado por soldados que, vistiendo el uniforme napoleo nico mostraban unas manos escualidas que empunaban armas y portaban una calavera por cabeza.
No podian dar credito a lo que habian visto. Albert y Rene, que asi se llamaban nuestros soldados, se miraron bajo el mismo sudor frio y decidieron no contar nada de lo que habian visto a las autoridades hasta no estar seguros de si habian sufrido una aluci nacion producida por los hechos que estaban acaeciendo en la zona, al dia siguiente volvieron otra vez al mismo lugar y a la misma hora y volvieron a ver el carruaje. El coche pasaba silencio samente y, del mismo modo que llegaba, desaparecia.
La poblacion estaba aterrorizada, al igual que Albert y Rene, pero estos al ser soldados, parecian mas obligados a disimular su terror.Una noche en la que se hallaban descansando en la taberna donde se habian hospedado el camarero dijo que la vision del carruaje no era nueva puesto que su padre ya lo habia visto, y lo que es mas grave: cada vez que se cumplia el aniversario de la antigua batalla de Jena, fecha desastrosa para las tropas napoleonicas puesto que perecieron en ella miles de soldados en pocas horas, se producian hechos escalofriantes y siempre moria alguien. Albert se acerco al tabernero y le pregunto cuando tenia lugar el aniversario de tal batalla, y este les confirmo con gran discrecion que seria en la medianoche de esa misma noche.
AJbert y Rene se miraron y, tras deliberar que debian hacer, decidieron que podria ser excitante acudir «al campo de batalla» justamente el dia del aniversario del desastre napoleonico.
Las doce de la noche. Las espaldas de ambos soldados estan juntas y las pistolas fuera de las fundas, en actitud defensiva. El carruaje napoleonico, como en las noches anteriores, aparece de entre la nada. Pero esta noche ocurre algo distinto, tal como les habia advertido el tabernero. Esta vez el carruaje se detiene a esca sos quince metros de ellos. Algo le ha detenido. Tras escuchar unas breves palabras en un frances arcaico, el carruaje militar prosigue su camino y se pierde ladera abajo sin hacer el más minimo ruido pero entonces, a escasos metros de ellos, se comienzan a escuchar pisadas. Rene se gira y descubre la presencia de un soldado con atuendo napoleonico que, bayoneta calada en mano, les pregunta por «el santo y la sena». Nada pueden decir Albert y Rene, entre otras cosas porque el pavor les impide pronunciar sonido alguno. El soldado napoleonico, esta vez con voz mas potente, les conmina a que den el santo y sena de esa noche o entonces se vera obligado a matarles. Nuestros soldados reaccionan y disparan todo el ca dor de sus pistolas. Al fantasmagórico soldado no le afecta la muni cion moderna y, de forma agil, empuna su arma y de un certertero golpe clava su bayoneta en el vientre de Rene causandole la muerte en escasos segundos.
Albert da un paso atras y cuando el fantasma le va a asestar la mortal cuchillada, tropieza, cae hacia atras y evita el golpe certero Esta vez el fantasma ha fallado y solo le ha podido herir en pierna. Un rugido de rabia se oye en el silencio de la noche, una extrana niebla se levanta y se traga al fantasma. Albert, tras dejar un reguero de sangre, logra llegar al pueblo y poner en conoci miento de las autoridades todo lo que le ha sucedido. Tras exami nar la herida, llegan a la conclusion de que el soldado dice la ver dad y por la forma de la herida concluyen que esta realizada por la misma arma homicida. Al dia siguiente la explanada era un hervidero de gente. El hecho de la presencia de soldados fantasma en un lugar donde se habia librado una batalla solo podia significar que el pasado seguia estando muy presente para ellos. Y quiza la explicacion estuviera en que aquellos fantasmas regresaban a los lugares donde ocurrie ron acontecimientos tan dramaticos y tragicos para revivir su pro tagonismo en aventuras que tanto les entusiasmaron en vida y que les dejaron insatisfechos a causa de una muerte prematura.
Siguiendo estos indicios, aunque mas bien parecia tratarse de coranonadas, las autoridades de Jena decidieron cavar en la expla nada sin saber muy bien por que lo hacian, pero hallaron una explicacion convincente. Encontraron una fosa comun con infini dad de armas y tambien un carruaje militar de la epoca. Los restos mortales de esos soldados napoleonicos fueron enterrados en un camposanto, en una sepultura individual para cada uno, y desde entonces las apariciones del carruaje y del soldado de guardia desa parecieron para siempre.
Pero hay quien todavia asegura que durante las noches de luna llea. y coincidiendo con la fecha de la fatal batalla, el toque de silencio de un cornetin de guerra atraviesa el aire.
Los gemidos de la prision de Weinsberg
(Siglo XIX)
La opinion publica suele ir siempre muy por delante de los infor mes oficiales, como se deducira de los hechos que a continua cion voy a narrar. Sucedieron hace mas de ciento cincuenta anos, concretamente desde el mes de septiembre de 1835 hasta el 11 de febrero de 1836 en la prision alemana de Weinsberg. Es una histo ria de fantasmas; los escepticos eran una abrumadora mayoria, pero habia algo que les impedia manifestar su opinion en publico por que, ciertamente, algo misterioso subyacia.
La prision de Weinsberg era una institucion tranquila donde nunca se habia producido disturbio alguno, pero desde hacia varias semanas los presos se lamentaban de que no podian conciliar el sueno por la noches. Para averiguar las causas que pudieran provo car tantos insomnios se creo una comision investigadora. Hans, el guardian encargado de hacer las oportunas pesquisas, pregunto a los presos el porque de ese insomnio y estos aducieron que la causa fundamental era que al hacerse los interrogatorios durante la noche, los lamentos, las carreras y los golpes que provocaban eran intolerables a aquellas horas de la madrugada.
La sorpresa de Hans fue mayuscula, pues desde hacía varios anos no se realizaban interrogatorios ni durante el dia ni mucho menos por las noches, dado que segun una orden gubernativa los careos debian realizarse en los centros policiales y no en las prisio nes. Como la relacion con los presos era buena, dentro de lo que cabe y a pesar de la situacion de estos de privacion de libertad, Hans desidio pasar una noche en una celda de la prision para verificar los hechos que le habian narrado los presos tenian una base solida, o, si por el contrario, se trataba de una estratagema para ganar algun que otro privilegio, durante la noche del 14 de enero de 1836, un poco antes de la medianoche, Hans se tumbo en el tipico jergon de todas las celdas y aguardo, un poco nervioso, a que sucediera algo que se saliera de lo comun. A los diez minutos, empeza a escuchar sonidos lejanos, como rumores lejanos o de gente que golpeaba las puertas de un peso y grosor excesivo. Tambien escucho unos cerrojazos muy proximos a su estancia. En los pasi llos resonaban pasos que se asemejaban a los ejercidos por una patrulla de inspeccion rutinaria. De repente, oyo ruido de lanzas que entrechocaban violentamente sus hojas, voces incoherentes: que gritaban de forma desaforada y, para finalizar, ordenes de mando. Cuando todo parecia que habia acabado, comenzaron a temblar los barrotes de hierro de la celda. Al cabo de un rato, la calma comenzo a reinar.
A las cinco de la madrugada, cuando Hans se hallaba ligera mente dormido, un largo gemido le saco del jergon de forma subita No cabia ninguna duda de que se tenia que haber oido en toda la prision. Cuando Hans se reunio con la comision investigadora juro y perjuro que ese terrible gemido habia partido de su celda y asi tambien lo juraron ocho presos que respaldaron la version de Hans. Mas aun, Hans senaló el lugar exacto de donde procedia: era un rincon situado junto a la puerta de entrada de su celda.
Como era de esperar, la comision investigadora no se creyo la opinion de uno de sus empleados ni la de los presos. Parecian hechos demasiado fantasticos para ser creidos y además habia que considerar la fama que tenia Hans, de quien se decia que solia beber alguna copa durante sus turnos de vigilancia nocturna, sobre todo, ¿como unos hombres sesudos y de gran prestigio en la sociedad iban a explicar de forma coherente hechos tan extraordi narios? Imposible.
Hasta que llego la noche del 27 de enero. Los ruidos de esa madrugada fueron tan ensordecedores que los detenidos se rebela ron y solicitaron que se les trasladara de prision inmediatamente. El gobernador se nego a ello pero, al menos, decidio coger el toro por los cuernos y, a la noche siguiente, bajo con dos pelotones de soldados a los sotanos de la prision. Una vez arribo a la famosa puerta de hierro cerrada que se oia abrir y cerrar todas las noches ordeno que se abriera, a pesar de que la cerradura estaba herrum brosa y todos los indicios indicaban que no se habia abierto en lus tros. La operacion de apertura fue inutil, y fue preciso quitar una a una las gruesas piedras que la circundaban para abrir, de esta forma un paso por donde pudieran entrar los soldados.
Finalmente, y tras muchas horas de esfuerzo retirando piedras de gran peso, se hizo una abertura por donde salia un intenso olor a moho mientras un insistente goteo caia por las paredes viscosas de un color verde estancado. Las teas iluminaron unos altisimos escalones, tambien de piedra y recubiertos de musgo, que la hacian muy peligrosa. Al fondo de la escalera se podia adivinar la presen cia de una puerta de madera, eso si, tambien cerrada. Pero esta vez basto un simple empellon para que esta cediese. Y quizas hubiera sido mejor que no resultara tan facil, porque la vision que se pre sento ante todos los presentes fue horrible.
Amontonados, yacian los esqueletos de tres cadaveres en medio de la celda. El gobernador logro articular palabra a pesar del panuelo que se habia puesto en la nariz para poder soportar el olor nauseabundo que impregnaba el lugar. Ordeno que aquellos esque letos fueran trasladados a la planta superior de la prision para, con la ayuda de un medico forense, investigar los registros de la prision e intentar averiguar la identidad de aquellos cuerpos.
Tras mucho investigar, los hechos pudieron ser aclarados. En 1687, al lado de la prision, existia una casa solariega. Su propieta rio era un rico mercader procedente de Turquia que tenia esposa y dos hijas. Una de ellas murio cuando apenas contaba dos anos de edad de forma repentina y sin motivo aparente. Entonces, el me cader fue acusado por su propio hermano ante el entonces senor del castillo como autor del asesinato de la nina ya que, segun este, habia practicado magia con ella. Si la acusacion iba adelante sig nificaría la muerte en la hoguera. Los habitantes del pueblo cono cian muy bien al rico mercader y tenian un concepto muy bueno de el. Persona honrada, carinosa y caritativa eran los elogios mas comunes que se dedicaban hacia su persona, por lo que el senor del castillo no tomo en consideracion la acusacion del hermano y le desterro de sus tierras.
Herido en su orgullo por la sentencia y a causa de la avaricia y la envidia que le roian el corazon, una noche entro en casa del mercader con una cuadrilla de truhanes, rapto al matrimonio y a la hija que les quedaba y los encerro en un calabozo. Alli encontra ron la muerte por inanicion. Para despistar a la justicia y tener una buena coartada, el hermano del mercader escribio una nota falsifi cando su letra en la que decia que emprendian el viaje de vuelta a Turquia porque despues de la humillacion de la que habian sido objeto no podian seguir viviendo alli, pues la gente del pueblo ya no les trataba como antes. Asi fue como aquel crimen tan horripi lante acabo por quedar impune.
Una vez fueron sacados los restos del calabozo y sepultados de forma cristiana, los ruidos de la prision cesaron. Sin embargo, en los campos que circundan la prision se ha podido ver a un fantasma negro vagar desesperado y lloroso porque su crimen había sido des cubierto. Cuando en el pueblo de Weinsberg o en sus alrededores se comete un acto criminal que culmina con la muerte, el lamento del fantasma se convierte en una irrefrenable carcajada; esta es la razon por la que los habitantes de Weinsberg, amedrentados ante la posi bilidad de tan espantoso encuentro, no salen de su casa a partir de las once de la noche.
La enfermera del mas alla
(Siglo XIX)
Si hay alguna nacion que tenga en su patrimonio historico y en su tradicion las mejores historias de fantasmas, no cabe duda de que esa es Gran Bretana, y sobre todo, Escocia. Desde que la tie rra britanica no tenia rey, se han venido transmitiendo en estas latitudes, de generacion en generacion, relatos esotericos de todo tipo, en los que los fantasmas aparecen con altisima frecuencia. El que vamos a relatar a continuacion tiene como protagonistas a un viejo castillo y a una encantadora pareja.En el ano 1859 una muchacha llamada Dalvight fue contra tada, cuando tenia veinticinco anos, para cuidar al joven Paul, que estaba enfermo de viruela. A pesar de haber sido puntualmente informada de todos los incomodos avatares que conllevaba dicha enfermedad, decidio ser valiente y afrontar sin miedo las posibles consecuencias que podian afectar a su salud. Al cabo de varias semanas durante las que no se sabia muy bien si el joven Paul mejoraba o empeoraba, el enfermo tuvo una grave crisis que le llevo casi al borde de la muerte pero ella siempre se mantuvo firme en la cabecera de Paul.
senora ataviada de negro de rasgos muy dulces y manos blanquisimas.
La mujer se llevo el dedo indice a los labios pidiendole, en claro ademan, que no pronunciara palabra alguna, dejo en su sitio la medicina suministrada al enfermo y salio por la puerta del fondo de la habitacion. Mary Dalvight penso en aquel ins tante que aquella amable senora no podia ser nadie mas que un familiar que no le habia sido presentado y que al ver que se habia quedado dormida, habia decidido darle la medicina al chico y dejarla descansar tranquilamente. A partir de aquel mismo dia la escena se repitio con una cierta frecuencia. Muchas fueron las noches en que se presento la anciana y ayudo a Mary a cuidar de Paul, pero nunca pronuncio palabra alguna.
Una noche, Mary la vio arrodillada junto a la cama de Paul rezando en silencio, como era su costumbre. Pocos minutos des pues se levanto y rompio aquella especie de regla del silencio para dedicar a Mary las siguientes palabras: «Ten cuidado con el y no te preocupes, que yo siempre acudire si Paul vuelve a encontrarse en peligro»; dicho esto, abrio la puerta de la habitacion y nunca mas volvio a aparecer.
Paul fue mejorando poco a poco hasta llegar a alcanzar la cura ción total de la enfermedad. Unos pequenos hoyuelos fueron la unica secuela que avisaba a los demas de que habia padecido la viruela. La proximidad de Mary y Paul, tanto fisica como psiquica, puesto que ambos tenian aproximadamente la misma edad, propi ció que el amor surgiera entre ambos. Un ano despues de entrar al servicio de la familia de Paul, Mary contrajo matrimonio con el muchacho a quien con tanta abnegacion habia cuidado.
Sin embargo, un hecho luctuoso vino a enturbiar un tanto su luna de miel: lord Paul, padre de su esposo, murio de forma repen tina de un ataque al corazon. Tras el entierro, los jovenes decidie ron reformar las habitaciones del castillo, ya que ellos eran, al fin y al cabo, los nuevos amos. Mary, de repente, se fijo en un retrato cuya cara le resultaba muy familiar, la sorpresa fue mayuscula cuando recordo que aquel rostro pertenecia a la mujer que durante los ultimos cuatro dias de la enfermedad de Paul habia estado ayu dándola con la misma abnegación que ella. Pero la capacidad de sorpresa de Mary no tuvo límites cuando Paul le dijo que aquella senora era su madre, fallecida veinte anos atras.
La vida transcurría feliz para la pareja, y Mary nunca le con feso a Paul lo que vivio cuando estuvo enfermo. Como es logico, al cabo de un cierto tiempo Mary quedo encinta. Al cabo de los nueve meses, llego el momento de dar a luz. El parto venia com plicado y, para mayor desgracia, a Paul le sorprendio la noticia a treinta millas de distancia de sus tierras. En un momento tan difí cil, la unica persona que podia ayudar a Mary a llevar a buen ter mino el parto era una doncella.
Sola y asustada por las dificultades que estaban apareciendo en el. momento del nacimiento, Mary dejo de empujar y sintio que le abandonaban las fuerzas. Y en ese instante surgio el milagro. Cuando abrio los ojos vio a aquella misma mujer que la ayudo cuando Paul se encontraba tan enfermo. Fue asistida por una experta comadrona, y cuando el peligro habia pasado y ya tenia a su hijo entre sus brazos, la madre de Paul le dijo: «Hace casi dos anos te dije que cada vez que Paul estuviera en peligro volveria a ayudarte. No era Paul el que estaba en peligro pero si su hijo y su mujer. Quise hacer extensiva tambien esa promesa a las perso que Paul mas quiere en su vida. Nunca le cuentes a Paul que me viste, pues si lo hicieras nunca mas podria volver para verlos» y dicho esto, se dio media vuelta y con una sonrisa en sus labios, habrio la puerta y se alejo para siempre.
Mary pudo comprobar cuan grande puede llegar a ser el amor que siente una madre por su hijo. Cuando el nieto de Paul tambien enfermo de viruela, Mary no llamo a ningun medico. No le hizo falta porque enseguida notoó la presencia de la madre de Paul, que ponia panos de agua fria a su nieto. Siempre cumplio su promesa y nunca su propio hijo la pudo ver, pues de haber sido asi el hechizo se hubiera roto para siempre.

 
 
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