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LA REVELACIÓN DE LOS SUPREMOS SECRETOS
INTRODUCCIÓN*
Eliphas Levi, en un comentario afirma que la iniciación alquímica está indicada en una carta dirigida al Barón Spedalieri: "Yo poseo el más curioso MSS. del Arte Hermético, y ahora conozco todos los misterios de la Ciencia de Hermes desde sus principios. He visto cómo se producía el secreto del fuego, he visto cómo los dos espermas metálicos se formaban a si mismos: el blanco, que es como el mercurio, y el rojo, que es un aceite viscoso, como el azufre liquido. Yo se que el oro puede producirse, pero creedme que yo nunca lo he hecho. El oro es el símbolo del trabajo y del intercambio entre los hombres; no ha sido manufacturado, ha sido obtenido; y cualquiera que hiciera uso de otro oro en el comercio, sería ante mis ojos un mero fabricante de monedas, el más cobarde porque, seguro de la impunidad, al ser su oro puro, su fraude seria descubierto sólo con su secreto, el conocimiento del cual significaría la ruina universal. Asípues, es justo que la existencia de este secreto sea denegada, para que nadie pueda buscarlo. El hombre debe ser elevado por una especie de moral pontificada para llegar a conocerlo y nunca abusar de él. El secreto corresponde a la producción química de lo binario en el Reino de los metales. De una sustancia se crean dos, y de estas dos substancias otra, que de ninguna manera se parece a la primera".
Las transcendentales ciencias de la Cábala y de la magia garantizan al hombre un excepcional, exacto y eficiente poder práctico, y debemos condenarlas como inútiles y engañosas si ellas no aportan dichas garantías. Juzgar a los doctores de la ley por sus obras, dijo el Gran Señor, y la regla es infalible. ¡Si deseas que crea en lo que conoces, enséñame lo que haces! Para poder sublevar al hombre hacia la emancipación moral, Dios se esconde de Él mismo, y en cierto sentido, el gobierno del mundo se entrega a Él. Él abandona Su existencia para ser divino a través de las grandezas y armonías de la Naturaleza, así pues, el hombre puede perfeccionarse progresivamente si continuamente amplía la idea que concibe de su Creador.
El hombre, únicamente conoce a Dios a través de los nombres que le da a este Ser de seres, y únicamente le distingue por las representaciones que él intenta trazar. Así pues, el hombre es en cierto modo el creador de Él, por el cual él ha sido creado. El hombre cree ser la imagen de Dios, y por el hecho de ampliar indefinidamente su propio reflejo, cree que está perfilando en un espacio infinito, la sombra de Alguien que resulta ser incorpóreo, sin sombra y sin limite.
CREAR A DIOS, REALIZAR NUESTRA PROPIA CREACIÓN, HACERNOS A NOSOTROS MISMOS INDEPENDIENTES, INFRANQUEABLES, E INMORTALES. Ciertamente, en este punto nos encontramos con un programa más imprudente que el sueño de Prometeo. Su base es atrevida y poco piadosa, su intención es tan ambigua que roza la locura. Sin embargo, se trata de un programa paradójico únicamente en su forma, ya que se presta a una interpretación falsa y sacrilega. Por una parte, es perfectamente razonable y su completa realización está garantizada por la ciencia de sus adeptos. El hombre, de hecho, crea a un Dios conforme su propia inteligencia y bondad; el Dios que él adora es siempre su propio retrato magnificado. Concebir lo Absoluto en la bondad y la justicia significa que uno mismo sea más justo y bondadoso. La calidad intelectual y moral son riqueza; y de hecho, son las más grandes de todas las riquezas. Estas deben ser adquiridas con trabajo duro y lucha. La desigualdad de aptitudes y los casos de niños que nacen con una organización más perfecta que otros, deberá tenerse en cuenta, pero debemos pensar en tales organismos como el resultado de una labor más avanzada de la Naturaleza, y que los niños, tan bien dotados, las han adquirido, si no por sus esfuerzos individuales, por la unión de los esfuerzos de los seres humanos que, con su existencia, están conectados. Se trata de un secreto de la Naturaleza, la que no hace nada por casualidad. La posesión de más facultades intelectuales, así como de dinero y tierras, constituye un imprescriptible, derecho de transmisión y herencia.
Sí, el hombre ha sido llamado para terminar el trabajo de su Creador, y cada uno de los momentos que él emplea en mejorarse o en dañarse es decisivo para la eternidad. La adquisición de una invariable mente honrada, y una invariable voluntad justa, es lo que le hace vivir una vida eterna, ya que nada sobrevive a la injusticia y al error excepto la miseria de su desorden. Entender que lo correcto es desearlo y, en el campo de la justicia, desear es realizar. Por esta razón el Evangelio nos dice que los hombres serán juzgados de acuerdo con sus obras. Nuestras obras nos transforman en lo que somos hasta tal punto que nuestros cuerpos reciben, a través de nuestros hábitos una modificación y, a veces, un completo cambio de apariencia. Una forma adquirida o impuesta llega a ser una o providencia o una fatalidad para toda nuestra existencia. Esas estrafalarias figuras con las cuales los egipcios dotaron a sus símbolos humanos de divinidad, representan las formas fatales. Typhon, con su boca de cocodrilo, está condenado a devorar incesantemente para saciar su panza de hipopótamo. Así pues, está condenado, por su voracidad y fealdad, a la eterna destrucción. El hombre puede destruir sus facultades por negligencia o abuso. Puede crear, por sí mismo, nuevas facultades a través del buen uso de estas, que ha recibido de la Naturaleza. Se dice frecuentemente que el afecto no tiene que ser impuesto, que la fe no es posible para todos, que el carácter no se puede transformar, pero todas estas afirmaciones son únicamente ciertas para los perversos o los indolentes. Podemos hacernos a nosotros mismos confiados, piadosos, cariñosos y sacrificados, cuando realmente deseemos serlo.
Podemos enriquecer la mente con la serenidad de la justicia y, el destino con la omnipotencia de la justicia. Podemos reinar en el cielo a través de la fe y, en la tierra a través del conocimiento. El hombre que pueda gobernarse a él mismo será el rey de toda la Naturaleza. Ahora nos disponemos a mostrar a través de qué métodos los auténticos iniciados se transformaron en señores de la vida, gracias al hecho de dominar el sufrimiento y la muerte, cómo llevaron a cabo en ellos mismos y en otros, las transformaciones de Prometeo, cómo ejercieron la divinidad de Apolonio, cómo manufacturaron el oro de Ramón Llull y de Flamel, cómo al renovar su juventud poseían el secreto de Postel el Resucitado y del fabuloso Cagliostro. Revelaremos los secretos supremos o mágicos.
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