A lo largo de todos los tiempos, el ser humano ha sentido la necesidad de acceder al conocimiento de su futuro. En todas las épocas y culturas se pueden encontrar distintas artes y técnicas cuyo único fin es vaticinar el futuro y poder predecir hechos y situaciones para tener una existencia más controlada y evitar todo posible sufrimiento.
La adivinación fue un elemento esencial en todas creencias y religiones antiguas. Parece ser que los chamanes del neolítico ya realizaban predicciones dibujando en las paredes de sus cavernas las escenas de caza y los resultados de las mismas.
El arte de la predicción ya estaba desarrollado durante la primera dinastía de Ur, unos 2500 años a.C. En aquellos tiempos existían videntes capaces de relacionar el futuro con objetos o animales sacralizados. Por ejemplo, el color y la forma de las vísceras de un cordero sacrificado en honor de un dios podían decir mucho sobre el futuro. Surgían métodos y procedimientos que se empleaban para interrogar a los dioses o interpretar sus voluntades. No se tomaba ninguna decisión importante sin consultar previamente un adivino.
En Egipto los sacerdotes interpretaban los sueños. En el antiguo mundo griego se consultaban los oráculos en los santuarios donde se formulaban preguntas a los dioses a través de un médium humano. Entre todos, el de Delfos era el más famoso y su notoriedad ha llegado a nuestros días. La médium, llamada Pitia o Pitonisa, hablaba en un trance inducido por los gases naturales que se desprendían de las rocas.
Las distintas artes y mancias adivinatorias han sido practicadas y transmitidas de generación en generación hasta llegar a nuestros tiempos. Aunque algunas se han perdido, muchas han cobrado mayor importancia conforme trascurría el tiempo: es el caso de la astrología, el Tarot y la numerología.
En el presente libro se muestra una relación de las mancias más utilizadas actualmente, así como otras que han ido cayendo en desuso y que, sin embargo, pueden resultar sumamente prácticas y útiles no sólo para predecir el futuro sino como método introspectivo, para aprender a plantearnos preguntas sobre nosotros mismos, sobre nuestro carácter, nuestra manera de ser o nuestras reacciones habituales.
El buen resultado de la práctica de cualquier mancia requiere que su uso se realice correctamente. La lectura del primer capítulo es necesaria para guiar tanto las aptitudes como el método de consulta y el ritual necesarios. Al final del mismo capítulo se aportan consejos y ejercicios para todo aquel que quiera desarrollar sus poderes psíquicos o capacidades extrasensoriales.
Despertar nuestra sabiduría interior y saber discernir los secretos del presente, pasado y futuro, son las metas de las denominadas técnicas de adivinación.
Hasta aquí la introducción al gran libro de las artes adivinatorias en relación con las cartas del tarot-
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