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VELAS E INCIENSOS

Quimica y Comercialización del Incienso

Entre las especies del genero Boswelia, que proporcionan el incienso, se señalan la B. Carteri Birdwood, la B. Bahu-Dajiana Birdwood, y la B. Papyfera Rich; da también alguna cantidad la B. Thurifera Colebrook. En estas plantas se forma el incienso en conductos secretores, análogos a los que existen en las umbelíferas, las compuestas, etc. La recolección se efectua en el país de los somalies de febrero a marzo, encargandose de ella los beduinos, que hacen incisiones en los Árboles y arrancan debajo de cada incisión una tira de corteza de unos 12 cm. de longitud; cada mes se hace la cortadura más profunda, hasta que al cuarto, la gomorresina brota límpida y con la debida consistencia, recogiéndose entonces la adherida a los troncos y también por separado la que ha caído al suelo. En Arabia, al parecer, la recolección se efectúa asimismo por incisiones, cuidándose de ello los somalíes, que pagan un tributo por el monopolio.

Se distinguen dos clases comerciales de incienso, llamadas, respectivamente, de la India y de África; en realidad sólo se diferencian en su pureza, siendo el primero el que se recoge del Árbol y, por tanto, el más puro, mientras que el segundo es recogido del suelo y lleva muchas impurezas. Estas dos clases corresponden a los llamados incienso macho o de primera calidad, e incienso hembra, o de segunda calidad. En verdad parece que el mejor, curiosamente llamado de la India, procede de África, de dónde va por Aden o directamente a Bombay y de allí a Europa. El incienso de la India se encuentra en lágrimas sueltas, elipsoideas, piriformes, alargadas o, con menos frecuencia, en masas pequeñas e irregulares formadas por lágrimas reunidas. Tiene color amarillo limón o pardo amarillento pálido, siendo preferido al que presenta un matíz verdoso.

Las lágrimas son translúcidas u opalinas, estando recubiertas de un polvillo blanquecino; son frágiles, de fractura cérea lisa, se ablandan entre los dientes y entonces el sabor aromático al principio se torna resinoso y acre. Despide olor suave, a trementina; al quemarse da un humo de olor característico y bien conocido. Este incienso forma con el agua una emulsión en la cual el examen del microscópio no permite observar ninguna substancia cristalizada; la parte insoluble, en el alcohol, tiene reacción ácida. Introduciendo una lágrima de incienso en alcohol de poca concentración, conserva su forma y se vuelve opaco y blanco. El de la India puede ir acompañado de restos de corteza, pero en general, es muy puro. El de África también se da en lágrimas pero estas son de forma menos regular, de color amarillo sucio o parduzco y a menudo aglomeradas o rotas. Suele ir acompañado de muchas impurezas, esto es, principalmente restos de corteza y de tierra calcárea; es menos translúcido que el incienso de la India y su sabor es menos agradable y más resinoso.

El incienso contiene hasta el 7% de una esencia levogira que consta de levopineno, dipenteno, felandreno y cadineno, cuya densidad a 15° esta comprendida entre 0,86 y 0,87. Además se encuentra en el incienso, segun Halbey, 33% de ácido boswelico, 33% de olibanorreseno, 20% de goma (arábina), de 6 a 8% de barosina, 3% de substancias inorgánicas y pequeñas cantidades de una substancia amarga soluble en agua. Por fusión con potasa caústica no produce ningún compuesto de la semiaromática; por destilación seca se forma gran cantidad de pineno. La goma y la resina no están distribuidas en las lágrimas del incienso de modo uniforme; así es que si se rompen después de tratadas con alcohol débil, se ve en ellas una marcada estratificación formada por capas concéntricas. Además de uso en cultos y ceremonias religiosas -o paganas-, el incienso se emplea en medicina a modo de fumigaciones y forma parte del emplasto confortativo de Vigo, del bálsamo de Fiovaranti, etc.

EL INCIENSO EN LOS DIFERENTES CULTOS Y APLICACIONES

Entre todos los pueblos de la antiguedad que habían alcanzado cierto grado de civilización, el incienso estuvo presente en el culto público y en el privado, o bien de un modo puramente doméstico para aromatizar el hogar a manera de perfume o como sistema de fumigación. El origen de este rito -convertido en uso y costumbre- parece tener su génesis en las exequias mortuorias que se realizaban en honor de los difuntos. El incienso ofertado a los muertos era considerado como una substancia capaz de mantener en el cadáver el principio vital y asegurar así a los muertos su futura inmortalidad. Luego, cuando los muertos fueron divinizados, la ofrenda de incienso se convirtió en un acto de homenaje en el cual, el humo, gustaba a los dioses, llevando hasta el cielo el alma de los difuntos y las oraciones de los vivos.

El Incienso en Egipto

Probablemente la referencia más antigua sobre la utilización del incienso en el culto religioso se encuentra en el texto inscrito en la tumba de Sanchkara, rey de la XI dinastía (hacia 2500 antes de J.C.), que envió una expedición al país de Punta para traer desde allí el incienso. Los egipcios lo ofertaban solo o con otras clases de ofrendas:

a) La composición del incienso estaba minuciosamente fijada. Cada ingrediente tenía su propiedad mágica. Era ofrecido a todos los dioses y, por lo regular, en cantidades considerables. Ramsés II había ofrecido 1.922.766 piezas de aquel durante los 31 de su reinado.

b) El incienso, la mirra y otros perfumes eran colocados en el esqueleto de un buey ofrecido a Isis. Este sistema odorífero tuvo gran aceptación en Egipto durante las exequias mortuorias con que trataba de dignificarse a los difuntos. Se ofrecían, en el transcurso de estos ritos funerarios, cinco granos, dos veces, en la boca, ojos y manos del difunto. Sin embargo no se utilizaba en los procesos de embalsamamiento.

Simbolismo

El humo del incienso llevaba hasta el cielo las preces y oraciones, el alma de los muertos por quienes se ofrecía y su olor apaciguaba la ira de los dioses.

Entre los Babilonios

Fue muy extendido el uso de este sistema de aromatización entre los babilonios, que lo utilizaban -al igual que otros pueblos- en el culto a los dioses, oraciones, encantamientos y ritos funerarios. Se empleaba asimismo para odorizar los altares, en la purificación de los habitáculos dónde se suponía podían encontrarse los dioses y para perfumar los hogares y la ropa de las personas.

Entre las Tribus Cananeas

También fue muy extendido entre los miembros de esta etnia el uso del incienso. Se lo ofrecían a Baal, al Sol, a la Luna y a las estrellas. Los libros santos contienen numerosas referencias sobre este culto.

Entre los Persas

En los actos de culto protagonizados por los antiguos persas el incienso se ofertaba cinco veces cada día quemándose, normalmente, en cantidades considerables. Herodoto cita que Dario quemaba 300 talentos en el altar. Servía igualmente como sistema purificador y para las fumigaciones.

Entre los Griegos

El incienso, en forma de resina, se considera entre los helenos posterior a Homero. Sin embargo, la idea de que el aroma de aquel complacía y agradaba a los dioses, es anterior, por cuya razón se quemaban maderas olorosas. Mas tarde se pasó ya a la utilización del incienso propiamente dicho, siguiendo, al parecer, la costumbre romana, y fue introducido con motivo del culto a Afrodita. Se quemaba acompañado indiscriminadamente a los sacrificios cruentos e incruentos. Se espolvoreaba sobre y alrededor del altar mezclándolo con el sacrificio o para reemplazar a la víctima. Era ofrecido en solitario tanto en el culto doméstico como en el público para honrar a Zeus, Demetrio, Hermes, etc., o en rituales de ciertas sectas como la del culto a Orfeo. Solia quemarse sobre braseros situados encima o cerca del altar, y algunas veces en el exterior del templo. También se utilizaban incensarios llevados en la mano. Los griegos consideraban el incienso como algo muy preciado y precioso que, además de las utilidades que ya hemos consignado, se ofrecía como regalo entre las gentes importantes.

Entre los Romanos

El incienso era la ofrenda no cruenta más importante que podía hacerse en la Roma imperial. Sin su empleo o presencia ningún ritual podía considerarse completo. No obstante y como hemos visto en el caso de Grecia, originariamente se quemaban maderas odoríferas. Fue con motivo del culto a Baco que el incienso fue introducido en los rituales romanos. Cuando se trataba de realizar sacrificios cruentos se ofrecía con sangre y se quemaba con el exta. Se ofertaba en solitario tanto en rituales bíblicos como privados o domésticos, quemandose cada día en el lar familiaris. Se empleaba, como en otras muchas religiones, en los ritos funerarios y en todas las manifestaciones y ceremonias mágicas.

Entre los Budistas

El budismo primitivo prohibia cualquier clase de manifestación o rito externo; no obstante, los ceremoniales fastuosos y multitudinarios no tardaron demasiado en tomar carta de presencia siendo los precursores de la incorporación del incienso que apareció a principios del siglo VII. Según los estudiosos en la materia existen semejanzas básicas en el uso del incienso hecho por parte de budistas y cristianos.

En el Culto Mahometano

Por lo que se refería a la vertiente oficial de este culto no se contemplaba en ningún momento la presencia del incienso. Pero si era ofrecido en las tumbas de los santos, en las exequias mortuorias, celebraciones matrimoniales y todo tipo de ceremonias mágicas.

En el Nuevo Mundo

Solo destaca la presencia del incienso en el culto de los antiguos mexicanos.

En el Culto Judío

Los críticos por una parte y los exegetas por otra no se han puesto de acuerdo en ningún momento sobre las circunstancias y fechas en que se produce la aparición del incienso en los rituales hebreos. Algunos de aquellos pretenden fijar muy tardíamente esa presencia (finales del siglo VII) considerando, incluso, posterior, la consunción del incienso en los altares. Como he comprobado que sucedía en la mayor parte de religiones y cultos, los judíos ofertaban el incienso solo o con otros sacrificios u obligaciones. En el primer caso -solo- no se ofrecía puro sino mezcládo con otros tres ingredientes. Únicamente los sacerdotes estaban facultados para la utilización y cuidado de ese perfume, que se reservaba exclusivamente, bajo pena de muerte, para el culto divino. El día en que se festejaba la Expiación, cuando el Sumo Sacerdote penetraba en el Sancta Sanctorum, ofrecía el perfume por medio de un incensario agitándolo conforme al ritual, al tiempo que daba vueltas alrededor del altar.

No se podía ofertar incienso -estaba terminantemente prohibido- cuando se trataba de expiar culpas o pedir perdón por las faltas o pecados cometidos. El ofrecimiento de esta corteza aromática estuvo en principio reservada a Aaron, pero de inmediato se facultó también para ello a los demás sacerdotes. Las ceremonias de este ritual de ofrenda estaban escrupulosamente establecidas y la menor infracción era motivo de severos castigos. Se utilizaba el incienso, en su mayor grado de pureza para los dolores de proposición y en dicho culto, el puro, estaba reservado única y exclusivamente a Dios. El ofrecerlo a otros dioses -paganos, es obvio- se consideraba un signo evidente de idolatría y estaba penado. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento el incienso quemando era símbolo de plegaria.

El Incienso en los Ritos Funerarios

Los textos más antiguos concernientes al empleo del incienso por parte de los cristianos se remontan a los rituales funebres. Aquellos, siguiendo la práctica que era común a otras confesiones religiosas se Servían del incienso, amén de perfumes variados, para embalsamar a sus difuntos o derramarlo alrededor del cadáver, lo que demuestra que no se agregaba mas que una significación religiosa a este tipo de prácticas... Sin embargo, hacia finales del siglo IV, como lo demuestra el Testamento de San Efren, el incienso y los perfumes eran considerados como marcas, señales de respeto y de honor hacia el extinto no solo como simples medidas de utilidad práctica (evitar el mal olor, etc.).

Además, para dejar bien patente el contraste entre la concepción pagana y cristiana con referencia a la muerte, los creyentes de la Cruz dieron a sus exequias funerarias todas las características de una comitiva triunfal, adornándolas de una singular parafernalia a la que contribuían las luces, palmas, los cantos de alegría y, obviamente, el incienso. Es muy probable que fuese a través de los rituales fúnebres que el uso de esta corteza odorífera entrará a formar parte de la cultura cristiana. Tertuliano, repudiando la idea de ofertar los sacrificios de incienso, admite que los discípulos de Cristo lo utilizaban ad solatia sepulturae; y en otro de sus textos, afirma: Thura plane nom emimus; si Arabiae queruntur scient Sabei pluris et charioris suas merces christianis sepeliendis profligari quam diis fumigandis. Nada indica en estos escritos si el incienso servía únicamente para el embalsamamiento o si se quemaba también como fumigación.

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